De renacer y morir en el mar

| El uruguayo Ramón Artagaveytia se salvó de un naufragio en el Plata y murió con el Titanic; un siglo después se reconstruye su historia, poco conocida en el país.

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LUIS PRATS

Ramón Artagaveytia pudo contar la historia del América, el vapor que en la Navidad de 1871 se incendió mientras hacía el cruce del Río de la Plata: él se arrojó a las aguas y llegó nadando al puerto de Montevideo. Mucho después, relató con asombro a sus familiares las primeras impresiones sobre el Titanic, aunque terminó siendo una de las víctimas uruguayas del naufragio más famoso. Un siglo más tarde, es el turno para que su increíble peripecia se convierta en libro.

Los restos de Ramón descansan de una vida y una muerte tan intensas en el panteón 397 del Cementerio Central. Los Artagaveytia guardaron su recuerdo, junto con una reliquia muy especial, pero para el resto de los uruguayos su memoria era muy tenue, apenas una mención cada tanto en alguna nota evocativa de la catástrofe de la madrugada del 15 de abril de 1912. Un investigador vasco interesado en el Titanic llegó un día a Montevideo, buscando libros que hablaran de aquel pasajero uruguayo, pero se encontró con que no había ninguno. Fue el primer estímulo para su propia pesquisa.

El resultado es Morir en el Titanic. La historia de un pasajero uruguayo, de Josu Hormaetxea, editado por Planeta, la versión nacional de un libro publicado en España por el mismo autor en enero de 2010 bajo el título Pasajeros del Titanic. El último viaje de Ramón Artagaveytia. "Cambiaron el título, la portada y el texto de contratapa, pero el contenido es el mismo", explica a Domingo desde Bilbao.

"El Titanic me interesó desde mi juventud -cuenta-. Recuerdo que, para algún aniversario, un periódico de Bilbao publicó una página entera. Me empapé del tema y me asombré con todo lo que ocurrió. Por ejemplo, que un pasajero del barco estuvo en Bilbao y compró dulces en una pastelería que funciona desde el siglo XIX. Cuando aparecieron los ordenadores, computadoras como dicen en Uruguay, tenía el Titanic en la cabeza y busqué en Google listas de pasajeros. Encontré que solo dos tenían apellidos de claro origen vasco: uno era el uruguayo Ramón Artagaveytia y el otro un mexicano, el diputado Manuel Uruchurtu. Una amiga uruguaya que vive en Bilbao me comentó que los Artagaveytia son una familia muy conocida en Uruguay. Como tengo familiares en la ciudad argentina de San Juan decidí cruzar a Montevideo para buscar más".

Hormaetxea se sorprendió cuando no encontró libros sobre la vida de Artagaveytia, por lo cual tomó la guía telefónica, buscó el apellido y dio con Jorge, que resultó ser un sobrino nieto. Con él pudo comenzar a recoger información.

EL SOBRINO Y EL RELOJ. Jorge Artagaveytia es nieto de Manuel, el hermano más cercano de la víctima del Titanic. "Mi abuelo quedó muy afectado por la tragedia, pensaba que su hermano iba a regresar y a veces iba al puerto para esperarlo, tal vez para verlo llegar nadando, como cuando el América. Murió en 1915, tres años después del naufragio del Titanic", relata a Domingo.

"Mi padre, Enrique, siempre me hablaba de Ramón. Era su administrador y lo conoció bien. Pero en el Uruguay no se sabía mucho sobre su historia. Yo soy del año `28 y tengo recuerdos desde el `40, y nunca se hizo mucha mención. Ahora sí, con el centenario del Titanic, los programas de televisión, todo eso lo hizo más popular entre comillas. No fue meritorio morir en el Titanic, por supuesto, pero sí salvarse del América", comenta.

Unos primos segundos de Jorge guardan el reloj de bolsillo de Ramón, uno de los objetos encontrados cuando rescataron el cadáver del océano Atlántico. El reloj se ha convertido en una reliquia familiar y también en un elemento clave que podría explicar los momentos finales de su dueño. Según los testimonios de algunos sobrevivientes, Artagaveytia se arrojó al agua con una silla tumbona como balsa, cuando el naufragio era inminente.

"El reloj figura detenido a las cinco menos siete minutos. Hablé con relojeros en Bilbao y me dijeron que lo más probable es que el aparato tuviera contacto con el agua poco antes de esa hora. No hay testimonios de supervivientes que lo hayan visto en el agua, porque los botes se alejaron de inmediato del Titanic por temor a la succión cuando se hundiera. Lo de la hora es insólito porque la mayor parte de los relojes recuperados del Titanic se pararon en torno a las dos de la mañana. El de Artagaveytia se paró casi tres horas después, por eso es factible que él hubiera permanecido vivo hasta entonces", dice Hormaetxea.

"Los rescates llegaron a eso de las cuatro de la mañana. El Carpathia, el primer barco que llegó, lanzó bengalas para que los supervivientes supieran que estaban cerca otros barcos en su auxilio. Es posible que el pobre Ramón haya visto esas bengalas cuando ya lo estaban abandonando sus fuerzas. Si hubiera tenido 30 años y no 71, posiblemente hubiera sobrevivido, como lo hizo en el América", añade.

Las otras dos víctimas uruguayas fueron los primos Francisco y José Pedro Carrau, cuyos cuerpos jamás se hallaron.

DESTINO DE MAR. Ramón fue el quinto hijo de un inmigrante vasco de Santurce, entonces un pueblo de pescadores. Llegó a Montevideo con una mano atrás y otra adelante, grumete en un barco; empezó a trabajar en el puerto como remero, una labor muy dura, pero progresó, se casó con la hija de un ministro e hizo fortuna. "El mar siempre estuvo en su vida. Como manejaba los bienes familiares viajaba con mucha frecuencia. En 1871 estaba durmiendo en su camarote del América cuando estallaron las calderas del barco, que apuraba sus máquinas para ganarle a los buques rivales en el cruce del Río de la Plata", señala Hormaetxea.

"Él escuchó el grito de `¡fuego!` y se arrojó al agua. Era joven entonces, se echó a nadar y fue el primer superviviente en llegar por sus propios medios al puerto de Montevideo. Pero aquel accidente, en el cual murieron dos sobrinos suyos, fue su trauma. De cualquier manera siguió viajando mucho en barco, por su actividad comercial. En el caso del Titanic, confiaba mucho en su seguridad", explica.

Se conoce apenas una foto de él, pero el investigador vasco cree haber hallado otra. La revista Life publicó una imagen sin leyenda de un pasajero embarcando en un navío de la White Star Line, la propietaria del Titanic, aunque no se puede concluir que fuera ese barco el de la foto. El hombre aparece con su sombrero, y un puro. "Es muy parecido a sus descendientes. Los he visto en persona y son réplicas de Ramón", asegura.

La vida de Artagaveytia también es el tema de investigación de una periodista uruguaya, Alejandra Rosencof, que publicó una nota de tapa hace años en la ya desaparecida revista Posdata y ahora está completando un libro sobre el tema.

El libro de Hormaetxea, además, contiene un minucioso relato del naufragio del Titanic, que incluso aporta elementos poco conocidos. "Leí mucho sobre el Titanic en castellano, inglés y francés y encontré cosas que nunca se publicaron antes. Por ejemplo, que en el barco viajaban dos asesinos como miembros de la tripulación. Uno había matado a otro marino en una pelea y el otro a su esposa alcohólica, porque había vendido los zapatos de su hijo pequeño para comprarse bebida. Los dos fueron condenados y pagaron su culpa. Sé que quien mató a su esposa tenía profundos remordimientos y murió en el naufragio. El otro, que al parecer no estaba arrepentido de su crimen, se salvó porque fue designado por un oficial de turno como encargado de uno de los botes salvavidas", comenta.

UN LIBRO Y DOS VASCOS

Josu Hormaetxea (52) trabaja en el Ayuntamiento de Bilbao y tiene estudios sobre Historia. Es un apasionado por los héroes exploradores: su primer libro, Cinco calles de Bilbao, recoge las andanzas de cinco de ellos que hoy tienen su homenaje en una calle. Sus amigos le dicen "el Indiana Jones de Deusto", por el barrio de Bilbao donde vive. Morir en el Titanic. La historia de un pasajero uruguayo lo vincula como vasco con Ramón Artagaveytia, hijo de un inmigrante de esas tierras. Hoy trabaja en reconstruir el árbol genealógico de su familia y ya llegó a sus ancestros del siglo XVI.

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