Hace casi un siglo, una familia dejó Europa del Este y cruzó el océano buscando algo tan simple como una vida posible. Como tantos otros migrantes de la época, los bisabuelos de María Mihalchuk (38) emprendieron un largo viaje hacia América del Sur. En Montevideo nació su abuelo, en 1927, donde pasó su infancia y adolescencia. En 1954 la familia regresó a Europa, pero los recuerdos del sur quedaron intactos.
Casi cien años después, su nieta regresó al país con su familia formada y una memoria transmitida de generación en generación. Instalada en Punta del Este desde hace tres años, esa historia de idas y vueltas terminó transformándose en una obra de teatro que intenta poner en escena algo tan difícil de nombrar como la experiencia íntima de la migración.
Mihalchuk es directora teatral y creadora de 404. Self Not Found, un monoespectáculo físico sin palabras que explora temas como la identidad, el desarraigo y la sensación de perderse a uno mismo en un nuevo mundo. La obra, interpretada por el actor Leonid Milyutin (25), se presentará el 21 y el 28 de marzo en la Sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre, después de haberse estrenado en setiembre en el Teatro Paz y Unión de Maldonado.
Un país contado en recuerdos
En la familia de Mihalchuk, Uruguay aparecía en los relatos como un lugar casi mítico, construido a partir de historias, fotografías y recuerdos. Entre ellos, una imagen que ella atesora: su abuelo junto a su bisabuelo en la Plaza Independencia, tomada cuando el primero tenía apenas 11 años. “Mi abuelo hablaba siempre de Montevideo, de sus amigos y de su casa acá. Nunca olvidó”, cuenta a Domingo.
Las imágenes que sobrevivieron de aquella etapa tenían algo de postal luminosa y contrastaban fuertemente con el lugar que la familia encontró al volver, devastado por la Segunda Guerra Mundial. Para su abuelo, Uruguay nunca dejó de ser un destino pendiente, y durante mucho tiempo intentó conseguir los documentos necesarios para regresar. A los 57 años lo logró: vendió la casa y preparó el viaje. Pero el regreso nunca ocurrió. Murió justo en ese momento”, cuenta Mihalchuk. “Entonces nuestro camino hacia Uruguay se cortó”.
Aun así, el país siguió presente en la memoria familiar. Las historias sobre Montevideo se repetían como fragmentos de una vida que había quedado suspendida, hasta que Mihalchuk vino de visita por primera vez en 2014. Llegó sola, después de un viaje por Brasil, con la intención de conocer el lugar donde había nacido su abuelo. Buscó la que había sido su casa —donde hoy funciona la Escuela Municipal de Música Vicente Ascone— y recorrió los barrios que él solía describir. Pero hubo una experiencia que la marcó más que ninguna otra. “El océano. En Bielorrusia no hay mar, solo ríos, muchísimos ríos. Pensé: ‘¿Qué perdió mi familia?’”
La pregunta quedó flotando durante años. Recién en 2022, después de un largo proceso personal, Mihalchuk regresó al país para instalarse definitivamente. Esta vez llegó con su madre, su esposo y sus dos hijas. “Nos encantó. Es un país que parece hecho para nosotros y estamos muy agradecidos por la calidez que nos brindaron”.
Otra de las cosas que valora es la posibilidad de expresarse y trabajar con libertad en un contexto internacional marcado por tensiones. En ese marco, Uruguay aparece como un territorio fértil donde volver a empezar.
“En nuestro país ahora no es posible hablar libremente y, para mí, como creativa, eso es muy fuerte”, sostiene quien ya tenía una trayectoria como directora antes de llegar al país.
Durante años trabajó en San Petersburgo en distintos teatros de títeres y compañías dramáticas, además de participar en proyectos escénicos y audiovisuales. Su formación también incluye experiencias como acróbata de circo en la adolescencia, una disciplina que más tarde influiría en su lenguaje escénico.
Cuando se instaló en el país, uno de sus primeros desafíos fue encontrar colaboradores. Por eso, el encuentro con el actor ruso Leonid Milyutin se dio como una coincidencia feliz. Aunque habían estudiado en instituciones distintas, descubrieron que sus trayectorias se habían desarrollado en la misma ciudad y dentro de tradiciones teatrales cercanas. “Vimos que teníamos caminos y una visión creativa muy parecida”, dice Milyutin a Domingo.
Mihalchuk le contó entonces una idea que venía desarrollando desde hacía tiempo: un proyecto escénico sobre la migración, el desarraigo y la reconstrucción de la identidad en un nuevo lugar. El actor aceptó inmediatamente y así nació 404. Self Not Found.
El título del espectáculo se refiere al conocido mensaje de error en internet que aparece cuando una página no puede encontrarse. Para la directora, esa metáfora describe con precisión una experiencia común a muchos migrantes: la sensación de perder las referencias conocidas y tener que reconstruirse en un lugar nuevo. “Cuando una persona se muda a otro país a veces se pierde en ese nuevo mundo. La pregunta es: ¿quién soy yo ahora?”, explica.
La obra se construye enteramente a través del movimiento, la acrobacia y la manipulación de objetos escénicos como máscaras, telas aéreas y escaleras móviles. No hay palabras. El relato se apoya en el cuerpo del actor, en la música y en una serie de imágenes que buscan transmitir emociones y estados más que contar una historia lineal. “Usamos muchos lenguajes: teatro físico, circo contemporáneo, máscaras y títeres”, señala la directora.
Para el actor Leonid Milyutin, que venía de una tradición más ligada al teatro dramático, la propuesta implicó salir de su zona de confort. “Cuando María me mostró algunas ideas, como acrobacia o danza, fue un desafío; eran cosas nuevas para mí, pero ha sido una experiencia muy interesante”, admite. El resultado es un espectáculo físico que invita al público a interpretar la historia desde su propia experiencia.
Cuando una persona se muda a otro país a veces se pierde en ese nuevo mundo. La pregunta es: ¿quién soy yo ahora?
Historia que resuena en otros
El espectáculo está atravesado por la experiencia personal de sus creadores —ambos llegaron a Uruguay casi al mismo tiempo— y habla de las muchas etapas del proceso migratorio.
“Primero está la euforia que tiene que ver con el descubrimiento, la vida cerca del mar, la sensación de haber cumplido un sueño, pero luego llega también una especie de depresión”, apunta la directora sobre las dificultades más concretas del día a día, los trámites, las diferencias culturales, la necesidad de recomenzar desde cero. “Todo es más tranquilo acá y al principio fue difícil porque nosotros venimos de una vida más rápida”, añade.
Sin embargo, con el tiempo, esa tranquilidad empezó a ser una de las cosas que más valoraban. También comenzaron a construir nuevas redes. Mihalchuk creó un grupo de apoyo para migrantes en Telegram que comenzó con cuatro personas y hoy reúne a más de 700 miembros provenientes de Bielorrusia, Rusia y Ucrania. Y, de algún modo, tanto el grupo como la obra nacen de la misma inquietud: cómo reconstruirse lejos de casa.
Cuando 404. Self Not Found se estrenó en Maldonado, algunas personas sintieron que esa historia también hablaba de ellas, incluso sin nunca haber migrado. “Muchas veían en la obra un reflejo de momentos de crisis personal, de cambios profundos o de etapas que la vida parecía haber perdido su rumbo. Cada persona tenía una escena favorita distinta”.
Como no hay palabras, cada uno interpreta desde su propia experiencia, dice Mihalchuk. Quizás por eso la historia resuena de maneras distintas en cada espectador. Como aquella pregunta que se hizo al ver el océano en Uruguay: qué se pierde y qué se gana cuando una vida cambia de lugar. Frente a ese horizonte abierto, siempre parece existir la posibilidad de algo nuevo.
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