HISTORIA

Conchillas, un pueblo único y diferente para conocer

El libro Conchillas Patrimonio Vivo recupera la memoria de un pueblo diferente en el territorio nacional que pasó de la pujanza económica a la quietud y hoy quiere recuperar su propia fuerza.

Conchillas. Foto: archivo El País
Conchillas. Foto: archivo El País

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Cinco de la tarde en punto. La abuela ya tenía acomodada las tazas blancas con flores azules y la tetera que despachaba humo. En un platito había colocado unos scones que se comían con la mirada antes de untarle la mermelada de naranja casera. Era el ritual que compartían cada tarde las familias británicas asentadas en Conchillas. Décadas después, la tradición se “ha modernizado” con mate y café con leche, pero la vajilla inglesa sigue siendo utilizada en muchas casas.

El afternoon tea time es tan importante en Conchillas que se le dedica una fiesta: se premia a la mejor mesa de té cada octubre. “La mermelada es ahora opcional porque ya no se sabe elaborar como en aquella época”, dijo Adriana Sosa, guía turística de la localidad.

Esa época, según relató, era la de los Walker y la de los Evans, dos apellidos que marcaron el destino pujante de Conchillas desde 1887 hasta que quebró la empresa extractora de piedra y arena. La historia cobra vida en el libro Conchillas Patrimonio Vivo, un proyecto participativo realizado con los vecinos de la localidad, la editorial BMR y Montes del Plata, en el que se repasa vivencias únicas: un pueblo que latió mientras se construía con sus recursos naturales el puerto de Buenos Aires, con un naufragio de un barco llamado Sophia frente a sus costas y un patrimonio arquitectónico que no se parece a nada más en América Latina.

Casa Evans: donde están los tesoros

El edificio de Casa Evans, antiguo almacén de ramos generales, fue restaurado y actualmente funciona allí la oficina de turismo. En una de las habitaciones de la casa está conservada buena parte de la memoria material de los años de los ingleses en el pueblo: hay una Biblia anglicana, juegos de té, muñecas de porcelana, las libretas del almacén, entre otros tesoros de la época.

En 2013, el Ministerio de Turismo creó el premio Pueblo Turístico del Año y el primer ganador fue, precisamente, Conchillas. Desde ese año se organiza el Concurso Nacional de Mesas de Té cada sábado del Día del Patrimonio. En este 2020, en cambio, se celebrará el 24 de octubre, fecha simbólica de la fundación del pueblo. Otros eventos que atraen a muchos visitantes son las jineteadas y demostraciones de destrezas gauchas que también recuerdan su pasado criollo.

El apogeo

La distancia entre el puerto de Conchillas y el puerto de Buenos Aires es de aproximadamente 50 kilómetros. Ese pedazo de tierra uruguaya valía por su cercanía y practicidad. El primer inglés que la pisó fue William G. Cottington un 24 de octubre de 1887. Llegó para preparar el terreno para las extracciones de la empresa de Charles Hay Walker y la llegada de los obreros. Él mismo festejó por los 30 años siguientes al pueblo que recién había nacido y ese día es considerado el de su fundación simbólica.

¿Pero por qué ese nombre? Por su riqueza natural. Antes de los ingleses, estaban los jesuitas y estos ya la quemaban y la transformaban en cal. Cuando C. H. Walker empezó la extracción de arena de los médanos se encontró con yacimientos de conchillas. Y así llegó el progreso. “Tuvimos aproximadamente unas 17 nacionalidades entre británicos, rusos, italianos, españoles, búlgaros, austríacos, polacos y más… Todos aquellos que venían escapando del hambre de Europa y de la guerra y eran mano de obra calificada”, contó Sosa. Eran barrenistas, picapedreros, herreros, maquinistas, engrasadores, fogoneros, carpinteros, torneros, entre otros.

La historia del hotel donde se hospedó Perón
La historia del hotel donde se hospedó Perón

Se construyeron viviendas al estilo de barracones de 120 metros de largo y seis metros de ancho donde, al principio, cada familia dividía con muebles los espacios y luego los separó con muros. Fueron levantados con paredes de piedra mezclada con barro, paja y estiércol; pisos de tierra y techos a dos aguas hechos con chapa de zinc traída de Inglaterra y madera que llegaba desde Paraguay; con paredes exteriores pintadas de amarillo y techos rojos con un estilo que se volvió característico de la zona. Conchillas siguió creciendo con un nuevo muelle, vías de tren, edificios industriales, un templo anglicano, una escuela y más.

“La población llegó a los 2 mil habitantes; todos trabajaban para los Walker y todos compraban lo que necesitaban en Casa Evans, cuyo dueño era un náufrago que llegó en 1888, y que daba todas las necesidades básicas de alimentación y vestimenta. Generó su propia energía, se la dio al pueblo y con eso se trajo agua para el riesgo y la limpieza”, relató la guía turística.

Sosa aquí nombró dos particularidades de Conchillas: Casa Evans tuvo su propia moneda y la existencia del Nochero. Lo primero: la moneda era acuñada por una empresa belga y estaba autorizada por el Banco República del Uruguay. “Era para ese cambio rápido que se necesitaba”, explicó la guía.

David Evans, de origen galés, fue el único sobreviviente de un naufragio y era cocinero, pero luego se destacó como comerciante. Casa Evans fue el primer y único almacén de ramos generales de Conchillas y tuvo una sucursal en el cercano Pueblo Gil. Según se describe en el libro Conchillas Patrimonio Vivo, allí se conseguía de todo y ese “todo” incluía “desde una botella de ginebra hasta un tractor, desde pastillas para el dolor de garganta hasta una cocina, desde la harina para hacer el pan hasta un Fort T”. Evans le regalaba caramelos a todos los niños y una flor a todas las mujeres y fiaba si era necesario. “Dicen que en tiempos de la Primera Guerra Mundial allí nadie pasó hambre; el gran responsable fue Evans, que a las familias más numerosas les daba gratis bolsas de harina para que pudieran comer”, se lee.

Conchillas. Foto: archivo El País
Conchillas. Foto: archivo El País

El Nochero, por su parte, era un trabajador de Walker que pasaba cada noche por cada casa para recoger un balde de hierro con los residuos.

Pero la historia de Conchillas es más rica en anécdotas. Por ejemplo, las maestras de la escuela eran inglesas y, además de dictar todas las materias del currículo habitual, dedicaban un tiempo a la enseñanza del orden, la higiene y la disciplina. O la historia del cementerio donde se enterraba a los británicos de un lado y el resto de los muertos, del otro. O, según testimonios de vecinos recogidos en el libro, todo aquel que no cumpliera con las reglas de convivencia y caballerosidad típicas inglesas se iba a vivir a Pueblo Gil. O que el equipo de fútbol de Conchillas fue uno de los primeros del interior.

Anécdota de un hotel sofisticado

El Hotel Conchillas también está repleto de anécdotas de la memoria de Conchillas. La historia oral de la zona dice que en una de sus habitaciones pasaron unos días el presidente argentino Juan Domingo Perón y su esposa, Eva Duarte. Algunos aclaran que se trató de su luna de miel.

El libro Conchillas Patrimonio Vivo destaca que el edificio fue diseñado por el británico Henry Pepperall con la idea de recibir huéspedes extranjeros. Todos los objetos fueron traídos de Londres para darle un aire sofisticado a su decoración.

Sosa sumó uno más: la única fecha patria uruguaya que se festejaba en el pueblo era el 25 de agosto; el resto eran típicamente inglesas con mujeres vestidas con capelina, baile y té.

Años oscuros

Pero un día dejó de sonar la música. C. H. Walker & Co. cerró sus puertas a comienzos de la década de 1950. “Con la llegada de (Juan Domingo) Perón al gobierno argentino se cortó todo el comercio con Buenos Aires”, señaló Sosa. La empresa inglesa le vendió su company town a la firma uruguaya Capandegy-Urrutia. Luego apareció Roselli Exportaciones S.A. que retomó la exportación de arena pero nunca se repitió la época dorada. Conchillas perdió el movimiento, la pujanza, los colores y, por supuesto, a los jóvenes. “El pueblo quedó totalmente quieto aunque siguió viviendo de la zona agropecuaria. Solo quedaron los jubilados”, dijo a Revista Domingo.

Décadas más tarde llegó ENCE, Stora Enso y Montes del Plata y así también un aire nuevo. Así que Sosa añadió: “Hoy hay ganas de salir adelante, que nuestros jóvenes se radiquen aquí. Hoy nuevamente tenemos futuro y crecimiento. Ya estábamos por desaparecer del mapa”.

Orden y disciplina en la escuela

En la escuela de Conchillas las maestras eran inglesas y daban clases de orden, higiene y disciplina. Luego se inauguraron dos centros más: uno en el puerto y otro en la cantera número 5. Los ingleses pagaban todo: los salarios de los profesores y los cuadernos de los niños. Todo trabajador que tuviera hijos en edad escolar debía mandarlos obligatoriamente a estudiar. La escuela, además, estaba ligada al templo anglicano que contaba con un pastor que había llegado de Estados Unidos. El culto de los domingos era un lugar de reunión.

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