CULTURA

El Cascanueces explicado: la historia del ballet que es un clásico de Navidad

El Ballet Nacional del Sodre estrenó el espectáculo con música de Tchaikovsky. Lucía Chilibroste, historiadora y especialista en historia de la danza, pone en contexto la obra. 

El Ballet del Sodre haciendo El Cascanueces
El Ballet del Sodre haciendo El Cascanueces. Foto: Ballet Nacional del Sodre

Quizás alcance con conocer la historia: es Navidad y los Stahlbaum celebran en su casa entre amigos y con sus dos hijos, Clara y Fritz. Los niños reciben los regalos, juegan y bailan hasta que llega Drosselmeyer, padrino de Clara. Es un hombre encantador que todos los años los conquista con sus trucos de magia y su teatro de muñecos: Arlequino, la Muñeca, el Capitán, la Gitana y el Pirata. Esa noche, sin embargo, Drosselmeyer tiene preparado un regalo especial para Clara: un cascanueces de madera, una pieza de artesanía perfecta. Los invitados se van. La madre, el padre y el hermano de Clara se retiran a dormir. Ella se queda en la sala jugando con su muñeco hasta que el sueño la vence y se duerme allí, a los pies del árbol de Navidad.

Quizás alcance con saber que es como un sueño: el de Clara, que se encuentra con que en su casa todo es diferente. Drosselmeyer transforma a los objetos, les da vida a los juguetes, hace crecer al árbol de Navidad y lo convierte en una pieza de dimensiones gigantes, le da vida a las ratones que están escondidos en los recovecos de la casa. De pronto, hay un ejército de ratones enfrentándose a un ejército de soldados. Al frente del primero está el Rey Ratón, al frente del segundo, el cascanueces. Ganan los soldados, su padrino transforma al cascanueces en un joven real y juntos emprenden un viaje en el que pasan por el País de la Nieve.

Quizás alcance con saber lo que sigue: la llegada de Clara y el cascanueces al País de los Dulces, un lugar donde son recibidos por el Hada de Azúcar y agasajados con danzas de diferentes lugares del mundo —árabes, españoles, rusos, chinos y un grupo de pastores—. Clara y el cascanueces son declarados príncipes y se enamoran. Al final, Clara despierta en su casa con las primeras luces de la mañana, con su muñeco de madera entre los brazos y se da cuenta de que todo —el viaje, la fantasía, la nieve, el hada de azúcar y su príncipe— había sido un sueño.

Quizás alcance con saber que El Cascanueces es eso: una historia sin vueltas, sin pretensiones, un espectáculo de Navidad en el que no sucede nada, salvo un rato de magia, un momento en el que todo es posible, desde unos copos de nieve que bailan con una música perfecta, un viaje alrededor del mundo o unos juguetes que cobran vida.

Mel Oliveira bailando Cascanueces
Mel Oliveira bailando Cascanueces. Foto: BNS

Quizás alcance, pero quizás, también, sea conveniente entender más esta obra, conocer más la historia, acercarse a esta pieza que el Ballet Nacional del Sodre (BNS), dirigido por María Noel Riccetto, estrenó el pasado 15 de diciembre y que irá hasta el 26.

Quizás convenga porque el BNS puso una producción estupenda, repleta de colores y de flores y de una energía capaz de atravesar al Auditorio Nacional por completo y de impregnarse en quienes estén mirándolo. Es una energía que sirve como alivio, como consuelo y como celebración. Porque aunque la historia sea sencilla, lo que ocurre en las funciones del BNS tiene que ver — sin dudas— con la magia: cuando Clara y el Cascanueces viajan entre copos de nieve, con la Orquesta Juvenil y el Coro de Niños del Sodre entonando la música de Tchaikovsky, una tiene la sensación de que ese momento — esos minutos blancos que son como una caricia — se parece, un poco, a la fe. 

¿Cómo surgió El Cascanueces? ¿En qué contexto fue creado? ¿Cuándo se convirtió en un clásico navideño?

Entender el contexto 

Lucía Chilibriste
Lucía Chilibriste. Foto: Santiago Barreiro

En la ciudad de Mercedes había, cuando Lucía Chilibroste era una niña, una profesora de ballet con la que iban todas las niñas de la ciudad, salvo ella. A su madre no le interesaba y nunca estudió danza. Todo pasó un día, cuando Lucía tenía 16 años y en la televisión pasaron un espectáculo de baile: una pieza que mezclaba la música de Queen con la de Mozart. Ella, que nunca había visto ballet, que ni siquiera le interesaba, lo miró y sintió un flechazo: algo que atravesaba la pantalla de una televisión de poca definición y se quedaba en su cuerpo. Desde entonces, empezó a viajar a Montevideo a mirar toda la danza que podía.

Sin embargo, aunque le gustaba, sentía que le faltaba algo: entender más los códigos de la danza, ese lenguaje que le provocaba tanto y que a la vez la dejaba perdida, a veces sin terminar de comprender la historia.

Ese fue el comienzo, el momento en el que Lucía empezó a investigar sobre la historia de cada ballet que veía: qué significaban los gestos, cómo se vinculaban los personajes entre ellos, qué papel tenía la escenografía, cómo se vinculaba con la música. Después comenzó a compartir el conocimiento con sus amigos, con las personas que iban a ver el ballet con ella. Y después, cuando en 2010 Julio Bocca llegó al BNS con el proyecto de conquistar a nuevos públicos, Lucía empezó a hacer los perifoneos: antes de cada función le contaba a la gente de qué se trataba eso que iban a ver, les daba elementos para comprenderlo mejor. Les explicaba, más o menos, lo que cuenta en esta nota. Ahora, pandemia mediante, Lucía —autora de El equilibrio de bailar, la biografía de Riccetto— empezó a hacer cursos online sobre la historia del ballet y sobre cada obra en particular.

“En el caso de El Cascanueces creo que es un ballet que no tiene grandes profundidades narrativas ni el drama que tienen otras historias. Sin embargo, para alguien que nunca ha ido a mirar ballet, es una obra ideal para iniciarse, porque es un cuento para niños, fue hecho para niños y hay que ir a verlo con esa ingenuidad y disfrutar porque tiene cosas muy mágicas”, dice.

Eso tiene que ver, explica Lucía, con el contexto en el que surgió este ballet. Fue en 1892, tres años después del estreno de La bella durmiente, una obra que habían creado Piotr Illich Tchaikovsky (la música), Marius Petipa (la coreografía) e Iván Vsévolozhsky (al frente de los teatros imperiales rusos). Como había sido un éxito, decidieron repetir el equipo y crear una nueva pieza. Como en La bella durmiente, la pieza consistía en una sucesión de diferentes números, uno tras otro. “Por eso no hay una historia tan profunda, es una sucesión de danzas. Era una moda ese estilo de obras en ese momento”. Además, como el estreno estaba previsto para el mismo día en que Tchaikovsky lanzaría una ópera, Iolanta, necesitaba, la programación del teatro, que fuera una pieza liviana que contrastara con la ópera.

Así, basados en la adaptación que Alejandro Dumas había hecho del cuento El cascanueces y el rey de los ratones, de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, fueron creando -con más dudas que certezas- una obra pensada para el público infantil. En medio del proceso, con Tchaikovsky sufriendo por la falta de inspiración que le generaba esa historia, Petipa decidió reportarse como enfermo y abandonar el proyecto: era una historia demasiado sencilla, demasiado liviana para ser un ballet. Quien ocupó su lugar fue Lev Ivánov, bailarín y coreógrafo.

El estreno, en el Mariinski de San Petersburgo, fue un fracaso. Todo lo que esperaban que sucediera, sucedió: los rusos no querían historias sin drama y esa Navidad de fiestas y abundancias tenía poco que ver con la suya.

¿Cómo es, entonces, que El Cascanueces se convirtió en un clásico de Navidad? El inicio estuvo en Estados Unidos, cuando el coreógrafo ruso George Balanchine creó su propia versión de la obra y la estrenó en 1954. En 1940, Walt Disney había estrenado Fantasía, una película con la música de El Cascanueces que fue un éxito y popularizó las melodías de Tchaikovsky. “En Estados Unidos todavía no habían visto clásicos. Entonces, toda esa sencillez que a los rusos no les gustó, a los americanos les encantó, porque además la versión de Balanchine era hecha a medida para ellos”, dice Lucía. Tres años después, la televisión americana decidió pasar El Cascanueces todas las navidades. Ese fue el inicio del clásico, el momento en el cual una obra que fue rechazada por los rusos empezó a convertirse en uno de los ballets más populares y queridos del mundo: todas las personas a las que les gusta el ballet tienen alguna historia que contar sobre El Cascanueces. 

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