Carlos Favier Soca: "En el fútbol fui todo lo que se puede ser"

Fue Campeón de América y del Mundo con el Nacional del 88, tuvo a Diego Maradona como director técnico, jugó en los dos grandes de Uruguay y hoy integra las transmisiones de Star+.

Carlos Favier Soca
Carlos Favier Soca 20230207, foto Francisco Flores - Archivo El Pais
Francisco Flores/Archivo El Pais

Por Analía Filosi

Es común verlo por Pocitos, paseando a su gran amigo Chucky, un perro pug que lo acompaña hace años. “Si por la calle alguien me dice Carlos o Carlos Favier, me conoce del fútbol; si me dice Favier solo, digamos que es más amigo”, cuenta Carlos Favier Soca (54 años), el más joven integrante del plantel del Nacional Campeón de América y del Mundo de 1988.

Dice que llamarse Favier es tradición en su familia por parte de madre. “Es un nombre vasco navarro. Mi hijo también se llama así, mi sobrino… todos tenemos el nombre compuesto y eso fue lo que me diferenció de mi viejo, que se llama Carlos”, explica.

Tiene una hermana más grande; él nació cuando su madre tenía 35 años. “Salió la fiera”, comenta para lo que en aquella época era tener una madre de “edad avanzada”. Ese niño nacido en Montevideo el 24 de enero de 1969 no tenía como objetivo convertirse en jugador de fútbol, eso era la diversión para los ratos libres que dejaba el estudio.

“Vivía cerca del club de baby fútbol Ceibo Aguada, después cerca del Parque Central y de un día para el otro me encontré jugando en Primera División. Me sacaron de cuarta a primera de Nacional de la nada”, recuerda. Por ese entonces cursaba primer año de Facultad de Derecho con la idea de estudiar Relaciones Internacionales.

“Tenía que tomar la decisión de si hacer Facultad o agarrar para el lado del fútbol. Justo me había conseguido un trabajo en el Ministerio de Relaciones Exteriores a través de mi cuñado, un trabajo bueno. Pero me decidí por el fútbol a pesar de que iba a ganar diez veces menos. Fue una decisión de vida y no me arrepiento; en general no me arrepiento de nada de lo que hago”, sostiene.

Con los años tuvo la oportunidad de retomar la carrera universitaria. Había dejado el fútbol a los 30 años y a los 34 decidió volver a estudiar. “Pero hubo un insuceso familiar que me afectó bastante y no pude continuar. La idea era recibirme, pero cuando no estás bien emocionalmente no podés pensar en lo que estás leyendo. Ahí decidí arrancar para otros lados”, apunta.

Esos otros lados fueron, primero, trabajar en la Escuela de Fútbol de la Scuola Italiana.

“En el fútbol fui todo lo que se puede ser: futbolista, hincha, director técnico, representante, hoy soy coach deportivo… solo me faltó ser dirigente, pero eso no lo sería nunca”, comenta entre risas quien, además de en el Club Nacional de Football, jugó en Argentino Juniors y Racing de Argentina. En este último tuvo como director técnico nada menos que a Diego Armando Maradona.

“Cuando era Diego, era buenísimo, y cuando era Maradona, por ahí cambiaba. Tuvimos siempre muy buena relación. Como los uruguayos no somos cholulos, él hablaba mucho conmigo y con Marcelo Saralegui. Me llevé una grata impresión como persona, después como entrenador tenía sus falencias”, acota quien se aburría mucho con el sistema de juego del 10 porque lo ponía de stopper.

Como entrenador, Favier dirigió en La Luz –“ascendimos de la C a la B invictos”- e hizo dupla con Néstor “Tito” Goncalvez durante tres meses en Central Español.

En su actual rol de coach deportivo trabaja con futbolistas de Primera División de Uruguay, Perú, Chile; generalmente jugadores profesionales o que buscan serlo. Explica que el coach “es la persona que te lleva de la situación actual a una situación deseada, o sea que maneja tus objetivos, metas o propósitos y los alinea con ciertas competencias para llegar al máximo rendimiento. Obviamente, tener la capacitación futbolística me da un plus porque yo sé cómo se manejan las emociones de los chicos”.

El soñado 1988

Favier tenía apenas 19 años cuando Roberto Fleitas lo convocó a integrar el plantel de Primera División de aquel Nacional de 1988 que terminaría adueñándose de los más grandes títulos.

De ese año impensado, Favier rescata por sobre todas las cosas la final de la Copa Libertadores de América disputada ante Newells Old Boys de Rosario en un Estadio Centenario lleno como pocas veces se ha vuelto a ver (teniendo en cuenta que hoy no se habilitan los taludes, podríamos decir que nunca más). “Yo decía que hasta en la Torre de los Homenajes había gente”, acota.

“Los últimos minutos los jugué llorando”, recuerda quien hizo el pase para el primero de los tres goles tricolores de esa noche, el convertido por Ernesto “Pinocho” Vargas. Lo anecdótico de ese encuentro fue que, como en el partido de ida los argentinos habían salido victoriosos, aunque Nacional convirtió dos goles en los 90 minutos, por reglamento debió disputarse un alargue, algo de lo que los jugadores argentinos no estaban bien informados. “Nos felicitaban, Batistuta nos saludaba y nosotros les decíamos ‘¡pará que falta media hora!’”, cuenta Favier.

En ese momento no se percató de que estaba pasando a formar parte de la historia futbolística de este país, el tiempo se encargó de hacérselo ver. La obligación de ganar estaba porque Peñarol había ganado la Copa América de 1987; hoy que un club uruguayo gane esta competencia es muy difícil y en los años 80 se dio cuatro veces, las últimas dos en forma consecutiva.

“Nacional te hacía crecer y caminar por el Parque Central mirando a los cracks. Diciendo ‘este es el Pato Galvalisi, este es Ancheta, este es Ubiña, este es Cacho Blanco, estos son campeones de América y del Mundo’. El sueño de cada pibe era estar junto a ellos, no nos conformábamos con un Campeonato Uruguayo; el sueño siempre fue alto. Te acostumbraban a eso”, destaca de una época que difícilmente se repita.

Nacional fue un paso más allá de su tradicional rival y ganó la Copa Intercontinental ante el PSV Eindhoven de Holanda, en Japón, en un partido con una dramática definición por penales. Favier fue parte del plantel, pero no pudo jugar porque se lastimó un pie (ver recuadro). Eso hizo que nunca volviera a ver ninguna de las dos finales de ese año. “Me habían sacado la frutilla de la torta”, dice.

Estuvo en Nacional hasta 1993, emigró a la Argentina, retornó a los tres años y tuvo un breve pasaje por la Tercera de Nacional porque le pidieron que diera una mano para salir campeones. Cumplió, con la esperanza de que al año siguiente lo tuvieran en cuenta para jugar en Primera.

“Pero el entrenador, el Chino Salvá –hoy fallecido-, le dijo a los dirigentes que prefería laterales con más marca y no con subida como yo”, señala. Favier esperaba que se impusiera la voluntad de los dirigentes, pero pasaba el tiempo y nadie lo llamaba. El que sí empezó a dejarle mensajes en el contestador, para su sorpresa, fue el contador José Pedro Damiani, presidente de Peñarol. “Me llamaba todos los días hasta que un día me dijo ‘bueno, es el último mensaje que le dejo’”, recuerda.

Habían pasado dos meses, Favier tenía un hijo de cuatro meses y por ese entonces los únicos equipos uruguayos que pagaban buenos salarios eran los grandes. “Yo tenía una familia que mantener, pero igual la decisión me costó. Tengo que decir que para estar tan identificado con Nacional y haber ganado todo lo que gané, la hinchada y los jugadores de Peñarol me trataron muy bien; pensé que iba a ser más duro”, confiesa.

¿Y qué pasó con los hinchas de Nacional? “Algunos me lo recriminaron, otros no. Pero yo no podía ir por la calle diciéndole a cada uno ‘loco, esto es por plata’”, explica. Hoy afirma que no le saca nadie el hecho de haber jugado en los dos grandes del Uruguay, “lo miro por ese lado”, dice para inmediatamente dejar en claro que “soy hincha de Nacional, eso no me lo cambian”.

Uno de sus últimos desafíos fue sumarse a las transmisiones de fútbol de Star+ en las que, según él mismo le gusta decir, actúa como analista y no como comentarista. “Lo manejo neutro, no analizo el ‘pudo haber hecho’ o ‘tendría que haber…’, sino que hablo de lo que veo”, aclara quien además es docente en OFI, AUDEF y la ACJ.

Comparte muchos de sus ratos libres con su hijo Santiago (26 años), además de con su pareja, con la que está hace más de 20 años. El único sueño que lo desvela es ver felices y sanos a los suyos, a quienes considera pilares en todo el camino que ha recorrido. “Sin mis viejos, sin mi familia, no hubiera llegado ni a la mitad de lo que fui. Yo siempre digo que el entorno no te garantiza el éxito, pero sí te lo facilita. Y creo que tuve un buen entorno para poder hacer algo que me gustaba; eso está bueno”, concluye.

Final de Tokio

Por culpa de unos championes

Favier quedó fuera del equipo que disputó la Copa Intercontinental del 88 por un problema que tuvo con los botines que Puma le regaló a todo el plantel en Tokio.

Hay más de una versión del hecho; el futbolista le contó a Revista Domingo la suya teniendo en cuenta que hay gente involucrada que ya falleció y respeta.

“Es verdad que los zapatos me hicieron una ampolla, pero por ampollas no dejo de jugar una final ni loco. Lo que pasó es que se me hizo una infección en la planta del pie y me infiltraron para jugar. Pero en la charla previa me entero que no iba a estar. Producto de mi juventud, me quedé mirando el piso y acepté la decisión; en otro momento juego rengo igual. Quizás mi error fue no ir a hablar con el entrenador”, dice.

Agrega que Paco Casal, su representante, le había dicho que había tres equipos interesados en él, que solo tenía que jugar. “Imaginate si no iba a jugar. Fijate que cuando hace el último penal Tony Gómez, yo soy el primero en ir a saludarlo, o sea que el pie me estaba funcionando bien”, señala.

Precisamente Tony fue quien lo remplazó en ese partido.

“Merecía jugar esa final porque me rompí el lomo en la Libertadores, que eran guerras, y porque era un guacho de 19 años que no me pesó ponerme la camiseta 23 y jugar. Son cosas que no se pueden arreglar, ya pasaron. Igual sos parte de ese logro”.

Sus cosas
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Sus recuerdos

No es de guardar objetos vinculados a su carrera futbolística. La medalla de la Copa Libertadores, por ejemplo, se la regaló a su hijo Santiago. Cuando lo dirigió, Diego Maradona le regaló una camiseta de Racing de Avellaneda firmada por él que hace poco Favier le obsequió a su amigo Leo por su cumpleaños.

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Otros deportes

Le gusta ir a ver a Aguada con su hijo, pero prefiere al Aguada de antes, más popular. “El de cancha abierta y chorizo al pan. Pasamos del ‘casi ganamos’ al ‘ganamos seguro’ y no me gusta tanto”, señala quien es socio desde los 10 años. En cuanto a practicar deportes, anda en bicicleta, corre y sube cerros (trekking).

Carlos Favier Sosa
Nota a Carlos Favier Soca, en su domicilio, Montevideo ND 20230207, foto Francisco Flores - Archivo El Pais
Francisco Flores/Archivo El Pais

Ratos libres

Le gusta salir a pasear a su perro Chucky por Pocitos, barrio en el que vive hoy. También es un gran lector, siendo Hermann Hesse uno de sus autores preferidos. “Me gusta la novela que tenga un significado oculto”, afirma. De la música prefiere la brasilera o el rock argentino. Si está de vacaciones elige ir a lugares de playa.

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