Por María de los Ángeles Orfila
Fue un fútbol 5 diferente pero con reglas que había que cumplir para el fair play. Hubo un goleador y un golero que defendió mejor el arco, hubo jueces y hubo hinchada. La mala noticia es que Uruguay no consiguió el campeonato (ganó Brasil); la buena noticia es que estudiantes de la Universidad Tecnológica del Uruguay (UTEC) organizaron la primera edición de URUCUP, un torneo internacional de fútbol robótico que se disputó en Rivera y que concentró a más de 50 jóvenes de diferentes instituciones educativas de ambos lados de la frontera.
“Espero que este año sea de grandes logros”, dice Victoria Saravia (23), estudiante de la carrera de Ingeniería en Control y Automática e integrante del equipo local URUBOTS que puso a 10 jugadores de plástico, metal y circuitos en la cancha.
Las reglas. Los futbolistas robots deben respetar los estándares de la ROBOCUP Research Federation que, según explicó el docente y líder del proyecto Ricardo Grando, es “el equivalente a la FIFA” en lo que refiere a competencias deportivas de este tipo en todo el mundo. Esta se conformó en 1997 con un objetivo ambicioso: formar un equipo de robots capaces de ganar contra los campeones humanos del Mundial de fútbol del año 2050.
La organización tiene cinco ligas (una, por ejemplo, es para robots de rescate en casos de incendio, derrumbe o desastre natural) y la RoboCupSoccer, la de fútbol, tiene cinco categorías: la humanoide (los robots deben ser fabricados con un cuerpo similar al humano; es la que pretende disputar el encuentro en 2050), la Standard Plataform (todos los equipos usan el robot programable NAO), la Middle Size (los robots juegan al fútbol con una pelota FIFA de tamaño normal), la Small Size (se juega con una pelota de golf) y Simulation (se juega en un campo virtual 2D o 3D).
“Pusimos el enfoque en las competencias de fútbol robótico porque tanto en Uruguay como en Brasil amamos el fútbol”, confiesa el docente que este fue el anzuelo para interesar a los jóvenes.
Los partidos que se realizaron en Rivera pertenecieron a la categoría denominada Small Size League. Esta establece lo siguiente: cada robot debe medir un máximo de 15 centímetros de alto y 18 centímetros de diámetro y se juega con una pelota de golf naranja en un campo verde alfombrado de unos 12 metros de largo por nueve metros de ancho; cada partido tiene dos tiempos de 300 segundos.
Cada equipo debe respetar una larga lista de reglas: existen los tiros libres, los penales, los tiros de esquina, los fouls, las tarjetas amarillas y las rojas.
Las reglas también indican que todos los objetos en el campo son rastreados por un sistema de visión estandarizado que procesa los datos proporcionados por múltiples cámaras que están conectadas a una barra ubicada a cuatro metros por encima de la superficie del juego.
Las computadoras fuera de la cancha se utilizan para comunicar los comandos a los robots.
Tal como un futbolista de carne y hueso, el jugador robótico tiene que saber cómo registrar los movimientos del adversario para predecir sus trayectorias, tiene que poder distinguir entre compañeros y rivales y debe colaborar con los suyos con el objetivo de meter goles.
Para esto, los equipos necesitan estrategias definidas, además de una alineación: hay robots delanteros y robots defensores. La estrategia debe contemplar las limitaciones físicas: baterías gastadas, choques, caídas, problemas de iluminación momentáneos, fallas de la comunicación con la computadora central.
“Que un robot pueda patear una pelota parece simple pero no lo es; implica varios conocimientos de electrónica, microelectrónica y programación”, señala Grando.
Concentrados.
Las tareas de armado y programación de los robots insumieron un año. Los estudiantes construyeron el hardware y los profesores trabajaron en el desarrollo del software para elaborar la simulación táctica de los equipos.
Los alumnos de la sede de UTEC en Rivera aprendieron desde cero y lograron que sus 10 jugadores tuvieran movilidad hacia adelante y atrás y en diagonal, que pudieran girar sobre su propio eje, que pudieran atacar a un adversario y patear la pelota. Esto último fue posible gracias a un solenoide electromagnético.
Lo único que no se pudo concretar fue la instalación de una pieza para que el robot mantuviera la pelota al moverse.
“Más allá de eso, los robots quedaron bien y fue posible generar partidos dinámicos”, resume Victoria.
En total, participaron cuatro laboratorios: Manufactura por Control Numérico, Electro-Electrónica, Robótica e Inteligencia Artificial y el Laboratorio Abierto de Fabricación Digital.
Para realizar con éxito todas estas acciones se necesitaron “motores específicos y ruedas específicas”, comenta el docente del posgrado en Robótica e Inteligencia Artificial en UTEC.
Y, por supuesto, se necesitaron fondos. La financiación para la compra de materiales, construcción de futbolistas robóticos y organización de la primera competencia de la URUCUP provino de la Embajada de Estados Unidos: unos US$ 20.000.
Victoria agrega: “Desde el inicio fue todo un desafío. Formalizamos el equipo de robótica. Somos pioneros. Esta fue nuestra primera experiencia en un proyecto importante y grande (si bien resultaron ganadores en un concurso de programación de drones y obtuvieron menciones especiales en otras instancias) y partimos desde cero, intentando replicar cosas que hicieron otras universidades y que adaptamos a nuestras necesidades y recursos”.
A pesar de que URUBOTS no alcanzó la victoria en la URUCUP -el equipo ganador fue PerroBot integrado por estudiantes de universidades brasileras; también se destacó el despeño del robot Shisui como goleador y de Milanesa como golero-, consiguieron demostrar de lo que son capaces y fueron becados para viajar a Alemania para conocer universidades con programas de robótica -“tienen equipos con premios a nivel mundial”, dice Victoria-, visitar empresas tecnológicas y asistir a una competencia de la ROBOCUP Research Federation.
“Nos han pasado solo cosas buenas”, afirma en diálogo con Revista Domingo.
Solo deben cubrir parte de los gastos y, para ello, ya comenzaron a vender rifas (la información está en su cuenta de Instagram @urubotsutec).
El profesor Grando coincide en que, del punto de vista educativo, también pasarán más cosas buenas luego de la experiencia en la primera URUCUP.
Los avances en robótica futbolística se pueden aplicar a otras tareas que exijan movimientos coordinados, colaboración y estrategia como actividades de rescate, de construcción, de reparación e incluso en tareas domésticas.
“Estamos trayendo para Uruguay este tipo de robots que, si bien son para jugar al fútbol, poseen un sistema de sensoramiento muy similar a los que, por ejemplo, se utilizan en la industria logística para servicios de delivery. Entonces, esa es la motivación que tenemos detrás de todo esto”, dice a Revista Domingo.
En 1997, el ser humano y la máquina se enfrentaron en una batalla de destreza estratégica: después de seis juegos de ajedrez, el campeón mundial Garry Kasparov fue derrotado por la supercomputadora Deep Blue de IBM.
Fue aclamado como un momento seminal en las ciencias de la computación: si una computadora podía vencer a un humano en el ajedrez, un juego considerado durante mucho tiempo como el pináculo de la estrategia mental, ¿qué más podrían lograr las computadoras?
Unos meses después de la derrota de Kasparov, expertos en robótica buscaron empujar otro límite en inteligencia artificial. Reunidos en Nagoya, Japón, durante la Conferencia Conjunta Internacional sobre Inteligencia Artificial, 40 equipos participaron en la primera ROBOCUP. Su objetivo declarado: en 2050, un equipo de jugadores de fútbol robóticos humanoides totalmente autónomos deberá ganar un partido de fútbol, cumpliendo con las reglas oficiales de la FIFA, contra el ganador de la Copa del Mundo más reciente.
El concepto de un juego de fútbol de robots había estado presente en la comunidad científica durante años con el argumento de que construir un equipo de estas características podría ayudar a resolver varios problemas de la robótica moderna (su incapacidad para cooperar, por ejemplo).