Así fue el camino del niño desplazado por la guerra que terminó siendo el capitán de la mejor Croacia de la historia

Luka Modric se despidió de los mundiales. Ha sido uno de los grandes mediocampistas de todos los tiempos.

Mundial de la FIFA 2026: Panamá - Croacia
Mundial de la FIFA 2026: Panamá - Croacia
Foto: EFE

Cuando Luka Modric debutó con Croacia en 2006, el país llevaba apenas 15 años como Estado independiente. Veinte años después, el capitán cerró su historia en los Mundiales convertido en uno de los grandes mediocampistas de todos los tiempos, pero también en el líder de la generación que llevó al país balcánico a competir de igual a igual con las grandes potencias del fútbol.

Mucho antes de levantar el Balón de Oro, de conquistar seis Champions League o de llevar a Croacia a una final mundialista, Luka era un niño que corría por una ciudad marcada por los bombardeos mientras la guerra destruía el mundo que conocía.

Nació el 9 de setiembre de 1985 en Zadar, entonces parte de la antigua Yugoslavia. Tenía apenas 6 años cuando estalló la guerra de independencia croata, un conflicto que cambió para siempre la vida de su familia. Su abuelo, también llamado Luka, fue asesinado por fuerzas serbias cerca de la aldea de Modrici, donde vivían. Poco después, sus padres y él huyeron de la violencia y se instalaron como refugiados en un hotel.

“Fue difícil de niño entender lo que estaba pasando”, escribió años después en The Players' Tribune. “Mis padres nunca hablaron con mi hermano o conmigo sobre la guerra porque ellos perdieron a mucha gente que amaban. Nosotros tuvimos suerte”.

Años más tarde, el propio Modric recordó el profundo vínculo que mantenía con su abuelo. “Yo tenía una relación increíble con mi abuelo, porque mis padres trabajaban y pasaba mucho tiempo con él. Fue muy triste lo que le pasó, y me marcó porque era muy joven y él era una persona muy importante”, relató al recordar uno de los momentos más dolorosos de su vida.

En medio de ese escenario, el fútbol se convirtió en un lugar seguro. Mientras afuera resonaban las sirenas antiaéreas y los bombardeos eran parte de la vida cotidiana, el pequeño Luka pasaba horas pateando una pelota en el estacionamiento del hotel donde vivía con su familia. Quienes lo vieron jugar de niño recuerdan que rara vez se separaba del balón y que su talento era evidente mucho antes de ingresar a las divisiones juveniles del Dinamo Zagreb.

En una entrevista para el programa croata (Ne)uspjeh Prvaka, el futbolista dijo: “No fue una infancia fácil. Pero al recordarla, no puedo decir que fuera infeliz. Al contrario, fui un niño feliz. A pesar de la guerra, recuerdo mi infancia como una infancia alegre, porque estaba rodeado de amigos”.

Jugadores de la selección de fútbol de Croacia al finalizar el partido.
Jugadores de la selección de fútbol de Croacia al finalizar el partido.
Foto: Charlotte Wilson/AFP

Como cualquier chico de su edad, también tenía ídolos. “Recuerdo que mis primeras canilleras tenían el dibujo del brasileño Ronaldo, y me encantaban”, recordaría años después, según declaraciones recogidas por el diario británico The Sun.

Su físico menudo hizo que muchos dudaran de que pudiera triunfar en la élite. Sin embargo, Modric respondió como lo haría durante toda su carrera: con inteligencia, técnica y una extraordinaria capacidad para leer el juego. Tras formarse en el Dinamo Zagreb y foguearse a préstamo en el Zrinjski Mostar de Bosnia y el Inter Zaprešic, regresó para convertirse en la figura del club croata. En 2008 dio el salto al Tottenham Hotspur y comenzó el recorrido que lo llevaría a la cima del fútbol europeo.

En Inglaterra terminó de consolidarse como uno de los mediocampistas más talentosos del continente. Durante cuatro temporadas en el Tottenham se destacó por su capacidad para organizar el juego, recuperar pelotas y distribuirlas con una precisión poco común. Ese rendimiento llevó al Real Madrid a ficharlo en 2012.

Su llegada al club español no estuvo exenta de dudas. El equipo atravesaba una etapa de reconstrucción y la adaptación del croata fue más lenta de lo esperado. Incluso, una encuesta del diario español Marca llegó a señalarlo como el peor fichaje de la Liga en su primera temporada. Sin embargo, Modric respondió en la cancha y terminó revirtiendo por completo esa percepción.

Con el paso de los años se convirtió en una pieza indispensable del mediocampo madridista, junto a Toni Kroos y Casemiro, formando uno de los tríos más exitosos de la historia reciente del fútbol europeo. Su visión de juego, la precisión de sus pases, su capacidad para romper líneas con conducción y una inteligencia táctica excepcional fueron determinantes para que el club conquistara seis Ligas de Campeones de Europa, además de numerosos títulos nacionales e internacionales.

El reconocimiento individual llegó en 2018. Después de liderar al Real Madrid hacia una nueva Champions y de conducir a Croacia hasta la final del Mundial de Rusia, Modric ganó el Balón de Oro, poniendo fin a una hegemonía de 10 años en la que el premio había quedado exclusivamente en manos de Lionel Messi o Cristiano Ronaldo. “Es un sentimiento único. Estoy muy feliz, orgulloso y honrado”, dijo aquella noche, al convertirse en el primer croata en recibir el máximo reconocimiento individual del fútbol mundial.

Pero si en el Real Madrid se transformó en una referencia del fútbol europeo, fue con la camiseta a cuadros blancos y rojos de Croacia donde construyó el legado que terminó por convertirlo en un símbolo nacional.

Con la experiencia acumulada durante casi dos décadas en la élite, Modric llegó al Mundial de 2026 como el capitán de una selección que volvía a depositar en él buena parte de sus ilusiones. Sin embargo, el recorrido terminó antes de lo esperado. Croacia quedó eliminada ante Portugal en un encuentro marcado por la polémica arbitral y una decisión del VAR que el capitán cuestionó con dureza tras el partido.

Luka Modric, el crack de Croacia que juega su último Mundial. Foto: EFE.
EFE/EPA/Georgi Licovski
Georgi Licovski/EFE

“El VAR debería intervenir si es un error 200%, pero si no lo es, si está en la zona gris, no tienes voz ni voto. No tiene sentido llamar al VAR. Esto no es penal”, afirmó, al considerar que la tecnología había sido utilizada de manera incorrecta en una jugada decisiva que terminó con la anulación de un gol que habría llevado el partido a una definición por penales.

Sin embargo, el futbolista evitó que la discusión girara únicamente en torno al arbitraje y prefirió poner el foco en el desempeño de su equipo. “No voy a hablar más de eso. Podemos estar orgullosos de cómo jugamos, cómo luchamos, cómo representamos a Croacia, especialmente en la segunda mitad. Esa es la Croacia que todos conocen, por la que somos tan respetados y queridos en el mundo. Nada, sigamos adelante, ahora reiniciamos y eso es todo”, expresó.

Todo indica que ese encuentro marcó también su despedida de los Mundiales. Desde su debut en Alemania 2006 hasta esta última participación, Modric disputó cinco Copas del Mundo y fue protagonista de la etapa más brillante de la historia de la selección croata: una final en Rusia 2018, un tercer puesto en Qatar 2022 y la consolidación de un equipo capaz de competir de igual a igual con las grandes potencias.

El niño que sobrevivió a la guerra terminó convirtiéndose en el rostro de la generación más brillante que haya tenido Croacia. Con su última Copa del Mundo también se cierra una época para el fútbol de su país, pero su legado permanecerá mucho más allá de los resultados. Porque, durante dos décadas, Luka Modric no solo condujo a Croacia a las páginas más gloriosas de su historia futbolística: también demostró que la inteligencia, la elegancia y la calma pueden ser tan decisivas como la fuerza o la velocidad.

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