TELEVISIÓN

Apuntes sobre Chiquititas: la nostalgia de los noventa

El 14 de agosto se cumplieron 25 años del primer capítulo de la novela producida por Cris Morena que marcó a la TV argentina y a generaciones de todo Latinoamérica, Europa del Este e Israel. 

El elenco de Chiquititas
El elenco de Chiquititas

No sé cuándo fue. No recuerdo el momento exacto. Sí sé que era 1996 y que yo tenía tres años, que mis hermanos mellizos acababan de nacer y que la televisión de mi casa era un cubo negro con una pantalla curva a la que cada tanto había que darle unos golpes para que funcionara. Sé que ese año empecé a bailar el Chufachá y que lo hacía en el living imaginando que las piedras de la estufa eran mi público. Pero no recuerdo cómo ni qué día fue la primera vez que me senté frente a la televisión de mi casa para mirar Chiquititas, un programa que había tenido su primera temporada en 1995 y que la tenía a Cris Morena —que ya había conquistado a los niños y adolescentes con Jugate conmigo—, detrás de cámara, pensando y produciendo la que sería una de las novelas más importantes de la televisión argentina.

Nadie sabía. Nadie podía saberlo. Pero Cris Morena y su entonces pareja y socio Gustavo Yankelevich —empresario y productor, parte de la familia que llevó la radio y la televisión a la Argentina—, sentían la certeza de que ese cuento que tenía a un grupo de niñas huérfanas y a una especie de hada madrina— Romina Yan, hija de Cris y Gustavo— que las salvaba de un mundo hostil e injusto como protagonistas, tenía todo para pasar a la historia.

El 14 de agosto se cumplieron 25 años del primer capítulo de Chiquititas. En total tuvo siete temporadas sucesivas al aire, seis teatros, seis álbumes de estudio y una película.

Más allá de los números, Chiquititas marcó un punto de inflexión en muchos aspectos. “Es clave para la historia de la televisión argentina porque fue el primer programa que se vendió como formato al exterior. Argentina en los 90 había desarrollado un mercado por el cual vendía productos terminados a otros países, principalmente de Europa del Este, con mayor éxito en Israel y en Rusia. Y Chiquititas fue el primero en venderse”, dice Pablo Méndez Shiff, politólogo, periodista y autor del libro Cris Morena, la mujer que transformó la adolescencia argentina. “Chiquititas fue muy importante para Argentina en cuanto a industria y para muchos espectadores que nos sentimos inspirados por ese universo. Porque no era una novela que mirabas una hora y terminaba, era una historia que mezclaba tres cosas: una estructura de melodrama similar a las de las novelas para adultos, los cuentos de hadas con elementos del género fantástico, y el musical como parte fundamental de la historia. Y eso me parece que generó un ambiente tan inmersivo que generó mucha influencia en la audiencia”.

También en el mercado. Porque Chiquititas no era solo televisión: era canciones y era discos y era teatros y era baile y era remeras con sus caras o tazas con las letras de colores. Era una forma de entender a la producción de programas infantiles que nadie había planteado hasta entonces, una “producción 360”, como le llama la propia Cris Morena, en la que no se dejaba ninguna arista al azar.

Chiquititas era también un mundo que se expandió y cruzó el río y atravesó el océano y se impuso ante el lenguaje y ante diferencias culturales para acompañar todos los días a niños y niñas no solo de Argentina, sino también de Uruguay, Brasil, México, Venezuela, Paraguay, Chile, Colombia, Grecia, Rumania e Israel. “Hoy, al menos dos generaciones de argentinos, latinoamericanos e israelíes saben perfectamente quiénes son Belén Fraga y el chef Saverio (...) El programa se convirtió en un manual de referencias, en una guía para entender la infancia de una década entera”, escribe Pablo en el libro.

Chiquititas era un mundo que se expandió y me alcanzó a mí —que me pasé años bailando 24 horas para sonreír 24 horas para ser feliz y soñando con viajar a Buenos Aires— a mis hermanas más chicas —con las que inventamos mil historias para jugar a ser una chiquitita— a mi prima más grande —que fue a Buenos Aires con su familia solo para ver a Chiquititas en el Gran Rex porque había crecido mirando la historia e hicieron una cola larga para sacar las entradas y el día de la función se aprontó para ir al teatro, se puso un gorro de lana blanco que decía Chiquititas con letras de colores, y de camino, mientras ella iba en los hombros de su padre, una señora les avisó que el Gran Rex se había incendiado y el corazón se le partió en mil pedazos—, a mis amigas —con las que hacíamos coreografías en el patio de la escuela—, a mi madre y a mi padre y a mis abuelas y a mi abuelo que sabían todas las canciones y quién era Belén y que Facundo Arana era el galán de la historia.

Romina Ya fue la protagonista de las primeras temporadas de Chiquititas
Romina Ya fue la protagonista de las primeras temporadas de Chiquititas

En esa expansión Chiquititas nos arrastró a todos los niños y niñas que crecimos en los 90 y comienzos de los 2000 a un universo donde todo se sanaba bailando, donde había una “ventanita de los sueños” a la que asomarse para ver las cosas de otra manera cuando todo se ponía oscuro, donde se podía lograr lo que fuera, donde siempre estaba Belén para explicarnos que el corazón a veces llora y nadie se da cuenta porque no se ve, que crecer a veces duele pero que ella siempre iba a estar a nuestro lado por si acaso.

La pantalla de los 90

“La programación de la televisión abierta en Uruguay se ha conformado históricamente con productos importados de variados géneros y orígenes”, escribe Rosario Sánchez Vilela, doctora en Ciencia política, máster en Comunicación social y profesora de Literatura en el estudio La televisión de los noventa en Uruguay: un paisaje en movimiento (2016), publicado por la Universidad CLAEH.

La televisión uruguaya de esa época destinaba mucho espacio a los programas infantiles y juveniles y les dedicaba un espacio que se ajustaba a las rutinas de los niños: Chiquititas, que se emitía por Monte Carlo, estaba a la hora de “tomar la leche”. “Los programas que integraron nuestra televisión de los 90 formaron parte de los recursos comunes para construir sentido”, agrega el estudio. Y en esa construcción de sentido todo el universo Cris Morena fue clave para unas generaciones para las que hoy. La nostalgia tiene que ver con las tardes frente a la TV descubriendo que Gabi era la madre de Mili.

“Esta es la década en la que se construyó la marca Cris Morena, en la secuencia que fue desde los programas de entretenimiento como Jugate conmigo (1991-1994, Monte Carlo), que incluía juegos, coreografías, algún sketch, a la ficción seriada con Chiquititas (...) para finalizar con Verano del 98, que se transformó en Verano eterno. La marca se instaló y en 2002 se constituyó como Cris Morena Group”, explica Sánchez.

No estuvo, Chiquititas —así como toda la producción de Cris Morena—exenta de cuestionamientos: que es superficial, que es machista, que es poco realista, que es muy fantasiosa, que es demasiado cruel, que romantiza la orfandad, que los niños de los 90 jugábamos a ser huérfanos.

Chiquititas en el teatro
Chiquititas en el teatro


En su libro Pablo cita al psiquiatra y psicólogo austríaco Bruno Bettelheim para plantear otra postura: “Muchos padres están convencidos de que los niños deberían presenciar la realidad consciente o las imágenes agradables y que colman sus deseos; es decir, deberían conocer solo el lado bueno de las cosas. Pero este mundo de una sola cara nutre a la mente de modo unilateral, pues la vida no siempre es agradable”.

La última vez que Cris Morena produjo una novela fue Aliados, en 2013, la primera coproducción que se hizo en la industria Argentina entre FOX y Telefé.

"Cris fue la que abrió un camino de coproducción para toda la industria argentina, que hoy es la manera que tienen de producir. Cambió mucho el mercado argentino, hoy no se puede pensar más solo en términos de que un canal produzca una novela, hay que pensar en términos globales. Hubo muchos cambios que Cris propició que fueron provechosos para ella como referente global pero también para la Argentina", explica Pablo. "Me parece importante agregar que Cris logró todo esto siendo mujer. Hay muchas notas en las que se habla de la televisión argentina y se nombra a Marcelo Tinelli, Adrián Suar, Sebastián Ortega, Mario Pergolini que son hombres que hicieron mucho por la industria de la televisión argentina pero se omite el nombre de Cris, que hizo mucho e incluso antes que ellos. Esa omisión no es casual. Esa omisión no solamente da cuenta de la mentalidad de mucha gente todavía en Argentina sino también de las dificultades que tuvo que atravesar ella misma para hacerse un lugar en la industria". 

En su cuenta de Instagram Cris comparte, como si quiera recordar siempre que la infancia sigue ahí, escenas, canciones, partes de sus historias. Hace una semana subió un fragmento de la película de Chiquititas. "Me remonta a mi infancia. De mis canciones favoritas. Y la sigo escuchando. Todo es tuyo si querés (y dos corazones rojos)", le comenta @danitafag19. "Los mejores recuerdos de mi infancia (cara con corazones)", le dice @luizadasgracas. "Cris Morena sos toda mi infancia. Tengo 13 años y crezco con tus novelas", pone @loverebeldeteens. 

En julio entrevisté a Cris Morena y le pregunté por qué, tantos años después, las personas seguían mirando sus historias y la seguían profesando como si fuese una heroína sin tiempo (mañana Telefé reestrena Floricienta, Casi Ángeles es uno de los contenidos más vistos de YouTube, Chiquititas se puede ver entero allí y Rebelde Way llegó a Netflix): “Porque lo que hemos hecho es muy noble”.

Una historia que cruzó fronteras

Chiquititas fue la primera novela argentina en ser exportada. A algunos países como México y Brasil, explica Pablo Méndez Shiff, que además de ser periodista, politólogo y autor del libro sobre Cris Morena, tiene un máster en estudios de televisión de Birkbeck College, University of London, se vendió la marca Chiquititas, es decir, “no solamente el concepto, sino que tuvieron acceso a lo que en televisión se llama ‘biblia’, que es un manual de instrucciones acerca de cómo hacer la historia para que pudiera funcionar en las audiencias de esos países, no se trataba de una adaptación automática sino de un proceso de traducción cultural”.

A Israel y Europa del Este, en tanto, se vendió el producto ya terminado. En esos países Chiquititas (y las otras producciones de Cris Morena) se transformó en un fenómeno. “Por entonces Israel necesitaba esos productos. Hasta comienzos de los 90 Israel no tenía televisión privada, tenía televisión estatal con un canal único (...) Cuando se decidió abrir ese mercado hacia capitales privados, la gente necesitaba ver otras cosas y había un afán muy marcado de ver cosas distintas, había una demanda de público”, explica Pablo. “Esos canales privados tenían entonces, por un lado, un público ávido de ver cosas y ,por otro, una industria que no existía (...) Primero se compraron las novelas de Andrea del Boca y Chiquititas vino después. Era un producto diferente y fresco”, que tuvo una gran llegada en Israel, no solo el programa sino las canciones y todo lo que tuviese que ver con el programa.

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