Oscar Brando
Cinco de febrero de 1991. Andrea, veinte años, que vive en Suecia desde los tres, vuelve de visita a Montevideo. Su padre murió en la cárcel en 1973. Su madre, Irene, se exilió en Chile, después en Suecia. Andrea vivió unos meses con su abuela Lil y luego fue a reunirse con Irene y con Gonzalo, el nuevo compañero de su madre. En 1989 Irene y Gonzalo, con Fernando, el hijo común de 12 años, resolvieron volver a vivir al Uruguay. Andrea, que se dedicó al violín, decidió quedarse para hacer su carrera en Europa. Ahora ha viajado a Montevideo para conocer el lugar donde nació.
La llegada de Andrea altera la vida de todos los miembros de la familia. A los ya citados deben sumarse: Ariel, hermano de Irene, preso político durante la dictadura; Adriana, otra hermana de Irene, y su esposo Roberto, que compartieron sueños sesentistas, padres de Matías, un muchacho apenas mayor que Andrea. Para completar los diez del título hay que agregar a Raúl, abuelo paterno de Andrea, un facho infumable que no ha podido superar el odio por quienes extraviaron la vida de su hijo hacia la militancia y la muerte.
La novela Apenas diez de Marisa Silva Schultze (1956) se propone, a partir del impacto, resucitar el pasado de estos personajes. A todos acompaña el fantasma de Gerardo, el padre de Andrea, inevitable referencia de la búsqueda que hace la hija, hilo enhebrador de las historias, centro de un secreto que algunos de los personajes conocen y otros tantean en la tiniebla. Gerardo no suma en la cuenta de los diez: es el undécimo que se disuelve en todos los demás. Está escondido en unas fotos que, minutos antes de su detención, dejó a su padre Raúl. Irene quiere que Andrea vea esas fotos porque entiende que hay allí un agujero que la muchacha debe rellenar. Pero ¿qué otra verdad contienen las fotos sino la que cada uno ya ha edificado sobre sus recuerdos, sus olvidos, la justificación de sus vidas? Por eso Andrea se niega a verlas, porque no las precisa para poner a ese padre en un lugar de su existencia que no le impida seguir andando.
El "Apenas" del título sugiere un recorte que la novela hace para tratar de explicarse una parte de la historia uruguaya. La novela se desarrolla en capítulos que van intercalando las peripecias de los diez personajes. Dosifica con sabiduría el avance narrativo, las pequeñas intrigas, los cruces que se producen a medida que Andrea y los recuerdos van de un lado a otro y desencadenan rencores, frustraciones, sentimientos de derrota. Como un rompecabezas, las piezas van encajando con una precisión que el lector agradece.
Pero el "apenas diez" es un arma peligrosa. Hay en esa reducción un afán ejemplificador no siempre saludable para la novela: los personajes se parecen a un pequeño muestrario de vidas en correlato con la historia uruguaya de los 60 a los 90. La manera de zafar a esa determinación se ve dificultada por la manera de contar: el proceso interior de los personajes está fuertemente regulado por un narrador que explica con exceso, tal vez atendiendo a la fluidez de la lectura. Pero eso resiente la densidad de los problemas, deja las incertidumbres programadas e impide que los personajes sufran modificaciones: los adultos no terminan más abollados de lo que ya estaban y los jóvenes parece que recorrerán caminos previsibles, no demasiado traumáticos.
Las debilidades son resultado de la ambición de esta novela y de su soledad: el libro de Marisa Silva se impone una tarea hasta ahora inédita en la narrativa uruguaya. El esfuerzo por revisar vidas fracturadas por la dictadura y hacerlo en una gran novela señala la excepcionalidad de Apenas diez. Mario Benedetti es quien más se aproximó con la dupla Primavera con una esquina rota (1981) y Andamios (1996). Mario Delgado, Hugo Fontana, Guillermo Álvarez, entre otros, han trabajado narrativamente el período. Pero lo han hecho sin buscar reparar la trama discontinua de los relatos sobre la dictadura.
Marisa Silva se propone ocupar, con su ficción, los intersticios de esa gran historia. Su intención parece comunicarse con el envión testimonial que quiso, en los últimos años, proveer a la sociedad uruguaya de historias que no se habían contado. Las vidas de Apenas diez no dejan se ser otros "ovillos de la memoria" que la escritora ha intentado desovillar.
APENAS DIEZ, de Marisa Silva Schultze, Montevideo, Alfaguara, 2006. Distribuye Santillana. 288 págs..