"No le interesaba la comercialización de sus libros"

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ELVIO E. GANDOLFO

COMO EDITOR, la tarea de Heber Raviolo dentro del sello Banda Oriental ha sido fundamental en la difusión tenaz de algunos autores uruguayos. En especial Juan José Morosoli, Anderssen Banchero y Héctor Galmés. En su caso se aplica plenamente la frase de que sin su esfuerzo el reconocimiento de esos tres nombres hubiese sido más dificultoso o tardío.

Heber Raviolo nació en 1932 en el Cerrito de la Victoria (Montevideo). Se recibió de profesor de literatura en el Instituto de Profesores Artigas (IPA), y dirigió durante algunos números finales la sección literaria del semanario Marcha. Pero confiesa con alegría que el periodismo no era su vocación. Como lector y crítico minucioso, en cambio, acompañó desde su fundación en 1961 la vasta tarea de Ediciones de la Banda Oriental. El cuarto título de la editorial, en 1964, fue El viaje hacia el mar de Juan José Morosoli.

-¿Cómo fue tu primera percepción de Morosoli?

-Lo leí bastante antes de fundar la editorial. Los dos primeros libros de Morosoli que encontré en las librerías todavía estaban en las primeras ediciones. Fueron la segunda edición de Hombres (la primera, que se había hecho en Minas la conseguí varios años después) y la edición de Los albañiles de "Los Tapes" en Amigos del Libro Rioplatense. Debe haber sido antes de entrar al IPA, en el `52, `53. Me interesaba la literatura nacional y buscaba siempre. A pesar de que en el caso de Morosoli, Marcha no le tenía mucha simpatía. Recuerdo que había salido un brulote de Emir Rodríguez Monegal, en respuesta a una nota a favor de Vivientes de Álvaro Figueredo, muy elogiosa, pero muy de poeta. Se ve que el tono a Rodríguez Monegal le dio en el hígado. Contestó uno o dos números después; fue en 1945. Le caía a Morosoli con el hacha, con todo. Después, con el tiempo, cambió. En 1963 ya escribió un artículo sobre su mundo, más equilibrado. Igual le erró a unos cuantos: Felisberto, por ejemplo. Y Armonía Somers.

-¿En qué contexto leíste los libros?

-En ese momento los que más sonaban eran él y Francisco Espínola. En el caso de Morosoli no me gustaban todos los cuentos. Incluso en un primer momento me gustaba más Espínola. Después cambié totalmente: leí Los albañiles de "Los Tapes" y ahí le empecé a sentir el gusto. Porque yo siempre digo: Morosoli parece muy fácil de leer. Lo leés así, rápido, y lo que está contando te parece una anécdota. Pero después empezás a paladear, le vas encontrando aspectos nuevos a partir de la primera lectura.

LOS DOS IDIOMAS

-¿En esa segunda etapa qué vas percibiendo?

-Tiene un poder de síntesis increíble, y un uso del idioma totalmente particular, que va cambiando después. Pero a lo largo del tiempo no pierde nada de sabor el idioma. En los primeros libros tiene imitaciones fonéticas, palabras que se registran como suenan. Cuando llega a Muchachos y Tierra y tiempo trabaja con un idioma más normalizado, pero que no pierde nada de su fuerza.

-¿Qué fue lo que más te impresionó en él?

-Cuentos como "Andrada", "Tomás", "Ferreira" me gustaron mucho en aquel primer momento. Lo que terminó de deslumbrarme fueron los cuentos de Tierra y tiempo. Ahí me quedé maravillado. Salió al año siguiente de su muerte, en 1958.

-¿Cuáles eran los tres títulos de Banda Oriental anteriores a El viaje hacia el mar?

-El primero fue Uruguay, realidad y reforma agraria, de Eliseo Salvador Porta, el segundo El Uruguay batllista de Martínez Ces y el tercero Tres narradores uruguayos de Arturo Sergio Visca, que incluía a Reyles, de Viana y Morosoli. A continuación salió el libro de él, que fue el resultado de una investigación que hice en la Biblioteca Nacional, en un archivo que había dejado Roberto Ibáñez. Encontré una cantidad de cuentos. No publiqué todos, porque me pareció que teniendo en cuenta la situación de ese momento, y esos ataques que venían de parte de la generación del `45, iba a ser mejor publicar lo que me parecía que estaba a un nivel más alto. Dentro de las posibilidades que tenía la editorial en la época, sacamos un pequeño volumen. Hay algo curioso que menciona Brando en este libro que acaba de sacar sobre Morosoli. Quiero releerlo, porque hace una interpretación que no me quedó muy clara. Piensa en una intencionalidad de Morosoli al no haber incluido "El viaje hacia el mar" en Tierra y tiempo. No sé realmente. Creo que él quería publicar los cuentos de una manera más o menos cronológica, sacándose los de atrás. En aquel momento yo podría haber incluido "El largo viaje de placer", y no lo hice porque pensé que iban a decir que Morosoli se repetía. Cosa que es cierta, lo hacía conscientemente: tiene varias parejas de cuentos con tema similar pero que no son para nada una reiteración.

LOS ENSAYOS

-A medida que lo ibas releyendo una y otra vez para las sucesivas obras completas y otras ediciones, ¿mantuviste tu visión inicial, o fue cambiando?

-La fui profundizando, empapándome. Es una cosa muy difícil de definir, pero se impone cada vez más un sesgo poético, y una sutileza fuera de lo común.

-¿Cuál te parece el papel de sus artículos, conferencias y ensayos, recogidos después de su muerte?

-Son de gran interés para entrar en la obra de él. Es una especie de comentario que hace sobre el material sobre el que trabaja, hecho con los ojos bien abiertos.

-Llama la atención el modo en que insiste en que él no es intelectual, en que subraya su lugar modesto como autor.

-Se sentía un poco como agredido desde Montevideo. Aunque venía mucho, y daba charlas con frecuencia. Incluso varios de los ensayos recogidos en libro fueron publicados inicialmente en Marcha: "El sieteoficios" y "La cansera del hombre de campo"; "La soledad y la creación literaria" salió en la Revista Nacional.

-En el caso de textos largos, como Muchachos, se afirmaba que en vez de novela era una cadena de cuentos.

-Eso venía de los del `45, que tenían una concepción muy rígida de las dos formas. Su concepción del cuento era así, muy cuadrada. Y cualquier cosa que se salía de eso, no era cuento. O no era novela, en el caso de la novela. En el caso de Muchachos podés separar trozos que funcionan como cuentos casi perfectos. Pero la suma es otra cosa. En un momento incluí en una antología los textos de Morosoli que tenían relación con el erotismo. Como un episodio de Muchachos donde Perico y un amigo van a la orilla del arroyo y se encuentran con dos putas, que están ahí, descansando. Sin ningún ánimo agresivo. Esas páginas son una verdadera maravilla.

-¿Cómo trabajaste con las distintas obras completas?

-No había demasiado trabajo, en realidad. La familia de él es una maravilla. A veces pasa que cuando llega el momento de los herederos, todo es un desastre. Pero aquí fue a la inversa, tanto las hijas como los nietos y los hermanos han sido gente extraordinaria. La primera vez, cuando me puse a preparar El viaje hacia el mar, viajé a Minas y hablé con Luisa Lupi, su viuda, que vivía en un caserón de la calle Williman. Pasé un fin de semana ahí, revisando los papeles. Después fui haciendo lo mismo con todas sus obras. Fue cuando me entregaron todos los originales de los ensayos, que me dieron más trabajo. Porque como eran conferencias, una repetía pedazos de la otra. Había que revisar con cuidado. En los relatos no, porque apenas había variantes entre la primera aparición en el diario El Día y el cuento en libro.

-Se habla a menudo de la forma en que "el `45" no entendió a Morosoli. ¿Cómo fue el proceso, después del artículo de respuesta de Monegal a Figueredo?

-Ése fue muy violento. Lo trataba de simplista. Recuerdo que aprovechaba términos de Figueredo, como cuentos "esmaltados", para darlos vuelta con ironía, como si se tratara de cosas falsas. Más para acá, cuando sale Tierra y tiempo, aparece un artículo de Ángel Rama en Marcha titulado "La retórica de un creador". No lo vio para nada: decía que Morosoli se estaba repitiendo, que todo eso era retórico. Hay una anécdota. Cuando Rama empezó a sacar la colección de Bolsilibros, un día me llama y me dice "Mirá, Heber, en esta colección me parece que no puede faltar Morosoli." Me quería pedir la autorización para publicar Los albañiles de "Los Tapes". Que aparentemente era lo único que a él lo convencía de Morosoli. Justo en ese momento yo estaba preparando Los albañiles... para las obras completas. Así que le dije que no, porque lo íbamos a sacar en ese momento. Pero en un momento de demencia le dije "Si querés te autorizo a que publiques Tierra y tiempo". Me dijo que no, ¡por suerte! Era el mejor libro de Morosoli. Pero me agradeció y me dijo que no.

PERICO

-Después estuvo Perico, que se usó durante años en la enseñanza.

-Perico demuestra que a este hombre no le interesaba la parte de la comercialización de sus libros. Cuando nosotros lo sacamos, el libro ya era un mito. Había salido la primera edición, aquélla con las acuarelas de Pastor, y después nunca más se había editado, desde 1945. Cuando lo publicamos hacía cerca de veinte años que las maestras lo usaban en copias en mimeógrafo. En ese momento para nosotros era una aventura, porque se trataba de un libro con ilustraciones, a color. Dudábamos si sacar 2.000, ó 3.000. Dio la casualidad que el padre de una compañera mía del IPA se dedicaba a vender libros en las escuelas. Lo fuimos a consultar. Era uno de esos vendedores que entraba a las escuelas y arrasaba vendiendo. Le pregunté: "¿Qué le parece, Piñeyro, será muy arriesgado sacar 3.000 ejemplares?" Me dijo que con eso no le daba ni para empezar. "Diez mil tienen que sacar." Nos arriesgamos, sacamos los 10.000, y tuvimos que hacer 5.000 más. Vendimos un mínimo de 10.000 ejemplares durante años.

-¿Sigue siendo así hoy?

-No, ahora vende muy poco. Es un libro que tiene setenta años, y han cambiado mucho las cosas. No ha envejecido nada, pero han cambiado los hábitos de lectura, hay muchos autores nuevos.

IMITADORES Y GAUCHOS

-¿Ha tenido herederos Morosoli?

-Imitadores hubo a montones. En un momento yo decía que era la peor influencia que se podía tener, porque es inimitable. Tiene algo inasible que no lo podés reproducir. Está Da Rosa, pero no es un simple imitador, es original, tiene un mundo propio con cierta cercanía a Morosoli. En una época todavía se presentaban a los concursos cuentos a montones de estilo criollo, influidos por Morosoli. En general eran muy malos.

-¿Cómo influyó en su difusión el hecho de vivir en Minas?

-Te di el ejemplo de Perico, un libro con el que podría haber hecho un buen negocio, pero no le importó. Él vivía de una barraca, no de sus cuentos. También empleaba ese contacto cotidiano con la gente, a su vez, para sus cuentos. Algunos piensan que él vivía en contacto siempre con gauchos, y no es así para nada.

-Incluso un cuento como "Un gaucho", con un tipo itinerante y demás, no es para nada típico...

-Justamente: un comentario que suelo hacer con ese cuento es que la palabra "gaucho" figura solo en el título. Eso que uno ve en el cuento es lo que es un gaucho hoy, sin que se lo mencione como tal.

-¿Hay alguna biografía de Morosoli?

-Lamentablemente no. Es una lástima, porque cuando empezamos a editarlo, todavía vivían muchos seres queridos y amigos o conocidos que podrían haber dado testimonio. Yo mismo podría haberlo hecho en ese entonces. Pero ahora, a esta altura de mi vida, ya no lo voy a hacer. Podría haberlo hecho Barrios Pintos, pero Barrios Pintos se dedicó a todo el Uruguay.

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