Roberto Appratto
PARACAÍDAS, de Enrique Ricardo Garet, y Zafarrancho solo, de Cristina Carneiro, son los dos primeros títulos de la colección Rescate, de la editorial Yaugurú. El proyecto fue seleccionado en la Primera Convocatoria a Premios Editoriales del Centro Cultural de España, 2008. Su director, Gustavo Wojciechowski (Maca) se propone precisamente eso, rescatar paulatinamente libros de poesía uruguaya difíciles, si no imposibles de hallar en librerías. El punto es que, además de raros, esos libros sean valiosos, y eso queda probado suficientemente con estos dos.
Paracaídas es el único libro de Enrique Ricardo Garet (1904-1979, Montevideo). La fecha de su publicación, 1927, lo sitúa en la vanguardia de los veinte, más exactamente, como señala Luis Bravo en el postfacio, en la segunda vanguardia; no la de Silva Valdés y Pedro Leandro Ipuche, sino la de Alfredo Mario Ferreiro, Juvenal Ortiz Saralegui, Nicolás Fusco Sansone. Hay algo de urbano, de abigarrado, de mezclado, de ruidoso, en esa poesía, y este libro de Garet atestigua su pertenencia a ese momento histórico de la poesía uruguaya, así como su capacidad de manejarse bien con esa lengua de la vanguardia, tanto en lo temático como en las imágenes (que son muy precisas, sin gasto: junto al tono conversacional, distendido, lo mejor del libro).
También cumple con la función de mostrar su tiempo y los lugares "de enunciación" como dice Bravo, tal como se veían (tal vez por la misma soltura y despreocupación del lenguaje): desde el café Británico hasta la playa Ramírez, pasando por figuras conocidas del ambiente. Todo se dice, todo puede poetizarse, gracias a la libertad creativa y al afán experimental, tal vez muy uruguayo y sosegado. La imagen misma del paracaídas es muy de la vanguardia, de vuelo y recorrida visual desde el lenguaje: muy cercano a Huidobro, que todavía no había escrito Altazor.
La amplitud de registro y la excelencia de algunos textos (sobre todo, por el empleo de las imágenes) hacen valioso a Paracaídas, pese a su irregularidad y a algunos excesos de lenguaje coloquial (que, paradojalmente, parecen ahora demasiado "literarios").
Zafarrancho solo es un caso diferente; tal vez por su proximidad temporal a nosotros pero no sólo por eso. Una serie de circunstancias han acentuado su singularidad: la autora tenía 18 años cuando ganó el Premio de la Feria Nacional de Libros y Grabados en 1967, publicó sólo un libro más (Libro de imprecaciones, EBO, 1975) para irse a Londres, donde vive desde hace alrededor de treinta años. Desde entonces, ningún signo de ella, al menos en el Uruguay. Esa mezcla de estallido y silencio convirtió a Zafarrancho solo en un libro de culto, inencontrable desde hace años. Leído cuarenta y un años después de su publicación, sigue siendo un libro muy valioso: muestra una extraña madurez para ejercer la juventud, y con ella su imperfección cultural, su fragmentariedad, su diversidad temática.
Por un lado es testimonio del estado del espíritu de los años 60, desde un lugar también singular. Es "otro sector" de la generación del 60 (a la cual pertenecería por el año de su publicación), más arriesgado por la concepción del texto como un todo desperdigado y por la fuerza de la primera persona. Por otro, sale de su condición de exponente de la época por la manera en que exhibe, con soltura, una mezcla de inteligencia y sensibilidad inusual para este medio en ese entonces y ahora. A la frescura y la imaginación que destaca Maca en el postfacio, y que la convierten en un excelente antepasado para todos los que escriben poesía ahora, puede agregarse el trato de los temas desde el lenguaje, como un razonamiento simultáneo.
Tal vez lo que mantenga vivo a este libro sea su modo de sostener largas tiradas de versos sin perder consistencia ni sonido, de hablar con el lector actual sin pedir comprensión por su precocidad ni por el tiempo transcurrido.
PARACAÍDAS, de Enrique Ricardo Garet, y ZAFARRANCHO SOLO, de Cristina Carneiro, editorial Yaugurú, 2008, Montevideo. 67 págs.