Impacto de una estrella

LeBron James estaba en el vestuario de visitantes en el Madison Square Garden, con hielo en sus rodillas de 38 años y 28 puntos más a su cuenta tras la victoria de los Lakers de Los Ángeles contra los Knicks de Nueva York en tiempo extra. Anthony Davis, compañero de equipo de James, le hizo algunas bromas sobre lo “cerca” que estuvo de romper el récord de Kareem Abdul-Jabbar de más anotaciones en la NBA, en ese momento a unos 90 puntos de distancia.

De repente, James recordó algo. Su madre, Gloria James, pronto se iría de vacaciones. Podría perderse el juego en el que rompería el récord.

James la llamó en modo altavoz, con una docena de atentos reporteros cerca. Le preguntó cuándo se iría, recordándole cada cierto tiempo que los periodistas estaban escuchando la conversación, para que no revelara demasiado. Finalmente miró a su alrededor, con timidez, y le dijo que la llamaría más tarde. “Te quiero”, dijo. Luego, justo antes de terminar la llamada, añadió: “Yo te quiero más”.

Fue algo típico de James: permite que lo acompañen, pero en sus términos. Revela solo lo que quiere revelar y nada más. Es quizás la única manera en la que alguien que ha sido tan famoso durante la mayor parte de su vida podría sobrevivir a la maquinaria de la fama moderna.

Al superar el récord de Kareem Abdul-Jabbar de 38.387 puntos, -en el partido contra Oklahoma City Thunder, el 4 de febrero, LeBron hizo 38 y logró el nuevo récord de 38.390 puntos- la idea misma de lo que significa ser una estrella ha cambiado desde que James anotó sus primeros dos puntos el 29 de octubre de 2003. Y James ha ayudado a definir ese cambio. Ha emergido ileso del caos de las celebridades en las redes sociales y los ciclos noticiosos de 24 horas, impulsado por los aficionados del básquetbol que lo aman o aman odiarlo.

En este viaje, James ha sido un guía turístico que se toma selfis, con un portafolio que ahora va mucho más allá de las canchas. Tiene una productora y un programa en HBO. Ha actuado en algunas películas y ha recibido algunas buenas críticas. Su fundación ha ayudado a cientos de estudiantes en su ciudad natal Akron, Ohio, y una escuela pública que la fundación ayuda a gestionar allí, llamada I Promise School, se enfoca en niños con dificultades académicas. Sus opiniones se cubren como noticias, y se les da mucho más peso que las de casi cualquier otro atleta.

A principios de 2002, James era un estudiante de décimo primer grado de bachillerato que salía en la portada de la revista Sports Illustrated. Las noticias no viajaban tan rápido como lo hacen hoy.

“Gracias a Dios no tuve redes sociales; eso es todo lo que puedo decir”, afirmó en octubre, cuando se le pidió que reflexionara sobre su ingreso a la liga. Como estrella adolescente, James se salvó de la mirada incesante de las redes sociales.

Pero las redes sociales, en sus muchas formas cambiantes, también han ayudado a las personas a expresar sus personalidades y a compartir sus vidas con los demás.

A James le gusta decir que siempre mantiene una política de “primero lo primero”, lo que significa que su prioridad es el básquetbol. Honra lo que creó su fama. Llevó a sus equipos a las Finales de la NBA en ocho años consecutivos y ganó anillos con tres franquicias. Fue elegido cuatro veces como el Jugador Más Valioso de la liga, y tiene la cuarta mayor cantidad de asistencias en la historia de la NBA. James ha usado su fama para impulsar oportunidades comerciales y construir su portafolio financiero. La ha usado tanto para proteger a sus hijos como para prepararlos para crecer bajo su sombra. La ha usado para el activismo social, sobre todo al hablar sobre los derechos civiles de la comunidad negra y el racismo. Eso comenzó en 2012, cuando James y sus compañeros del Heat de Miami usaron sudaderas con capucha y publicaron una foto grupal en las redes sociales tras la muerte de Trayvon Martin, un adolescente negro desarmado que vestía una sudadera con capucha cuando fue asesinado a tiros en Florida. El Heat decidió transferir parte de su atención al debate nacional sobre racismo que surgió.

Sobre lo que James elige opinar (o no) atrae la atención. En 2019, cuando un ejecutivo de los Rockets de Houston enfureció al gobierno de China al expresar su apoyo a Hong Kong, James fue criticado por no denunciar los abusos contra los derechos humanos en China. James afirmó no saber lo suficiente como para hablar al respecto, pero algunos escépticos lo acusaron de evitar el tema para proteger sus intereses financieros en China.

Y en 2020, cuando se realizaron protestas por todo el país luego de que la policía asesinara a George Floyd y Breonna Taylor, ambos afroestadounidenses, la NBA hizo de la justicia social parte de sus valores. James utilizó muchas de sus conferencias de prensa esa temporada para hablar sobre el racismo y la violencia policial contra la comunidad negra.

La atención a las palabras de James lo separa de los demás, al igual que la atención a su vida.

James está en un lugar que se ha vuelto cómodo para él: el centro del universo del basquetbol.

Tania Ganguli es periodista de The New York Times que cubre la actividad de la NBA.

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