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Con Luis

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Atravesamos la peor crisis sanitaria de nuestra historia. Nada se debe festejar cuando el dolor golpeó fuerte, sería frívolo. Sin embargo, las comparaciones no son odiosas, son necesarias. El gobierno fue un ejemplo mirado en el mundo por el liderazgo político del presidente que condujo la lucha contra la pandemia protegiendo la libertad. Si le hubiésemos hecho caso a la oposición o al Sindicato Médico del Uruguay el resultado habría sido catastrófico en términos humanos y económicos. Aún estaríamos bajo el efecto de la cuarentena económica y social con miles de uruguayos que habrían quedado en el camino. Desde su tribuna gritaban, organizaban caceroleos, militaban las muertes “evitables”, pero hubo timón firme.

La libertad responsable vino para quedarse. Es la forma que entendemos la vida en sociedad.

Pasado aquello, podemos decir, objetivamente, que Uruguay está mucho mejor. No ya comparado con los tiempos de pandemia, que sería una tontería, sino frente a los índices económicos, sociales y de seguridad que dejaron los gobiernos del FA previos a ella.

No hay catarata de relatos que pueda ocultar esto. Tenemos hoy más empleo, menos desempleo, más justicia y equidad, más seguridad, más crecimiento, menos impuestos y más políticas sociales. Inversión e infraestructura pública como nunca se vio. Inversión privada que llega todos los días.

¿Está todo bien? No, claro que no. Pero estamos en un muy buen camino. Sin embargo los fabricantes de la “sensación térmica”, la misma que en el pasado nos decía que la inseguridad era mentira, nos quiere hacer creer que estamos mal. Lo grave no es que lo digan, sino que algunos, que no son de su tribuna, se lo crean. Eso sería más fácil de contrarrestar si ese coro de relatadores no contara con la credulidad de algunos que sin pertenecer a la oposición son funcionales al relato. Seamos claros: hay entre algunos niveles de la dirigencia de la coalición un recato exagerado, cuando no cierta resignación y aturdimiento por los gritos de la tribuna que los enmudece a debatir. No digo temor, sino parálisis.

Los dirigentes, si lo son, como decía Wilson, están para dirigir y no para ser dirigidos. Dejar correr la falsedad es multiplicarla.

La reforma de la seguridad social es un ejemplo de ética política y de solidaridad social. El populismo es la contracara. La demagogia de la oposición que siendo gobierno la pedía, ahora prefiere que reviente en la cara de miles de uruguayos el sistema de previsión social, calculando que no pagarán los supuestos costos políticos. Mediocridad.

En paralelo, comenzó la más justa y necesaria reforma de progreso y equidad: la educativa. De cada 10 muchachos y chicas que comienzan el liceo, si pertenecen a los sectores más humildes, solo 2 lo terminan. Mientras en los sectores con más ingresos culminan 8. Esta inequidad es trágica. Así no se puede garantizar no el futuro: el hoy. ¿Alguien cree que la lucha contra la marginalidad, y la construcción de una sociedad estable y justa puede conseguirse con estos números? ¿Cómo no entender que el avance del crimen organizado y el combate a la inseguridad no se puede dar sino garantizamos inclusión y equidad en el acceso a la educación, con las oportunidades que da para la vida?

Este gobierno de coalición que lidera Lacalle Pou no es perfecto ni nada que se le parezca. Pero es un gran gobierno. Lo dice la realidad y lo destacan por todo el mundo medios y analistas. No se nos conoce por un Fusca manejado por un presidente con pose de filósofo, sino por ser un faro potente de democracia y libertad en el continente, por ser un gobierno humanista, por liderar los índices de gestión más transparente según la organización “Transparencia Internacional”, por no rendirnos al populismo de cotillón. Por demostrar que se puede tener una gestiòn austera, justa y humanista.

Mientras, desgraciadamente, perdemos tiempo en hablar de pre candidaturas. No hay que marearse. Si no se da el debate político y no redondeamos un buen gobierno mientras dejamos que otros hablen impunemente y avancen falseando, y nos dedicamos a adelantar tiempos electorales, los precandidatos serán eso y no pasarán de eso: precandidatos.

La mejor campaña electoral, cuando llegue, es la gestión. Y el mejor candidato es el gobierno. No podemos reelegir a Luis, entonces reelijamos al gobierno. Pero ahora, a enfrentar sin temor y con fuerza la mentira. A concretar lo que hay que hacer, a rodear al presidente y parafraseando a Ortega y Gasset, “a las cosas”. Lo demás vendrá por añadidura.

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Javier García

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