The Conversation
Ponerse perfume en el cuello es un hábito común antes de salir de casa. Pero una publicación que se volvió viral en las redes sociales generó dudas sobre los posibles efectos de esta práctica para la salud de la glándula tiroides.
En la publicación, Ana Canadas, nutricionista e investigadora en cáncer por la Universidad de Cambridge, afirmó que no existen evidencias de que aplicar perfume en el cuello provoque daños en la tiroides. Sin embargo, llamó la atención sobre una posible exposición prolongada a sustancias químicas presentes en las fragancias y sus potenciales efectos sobre las hormonas.
Las evidencias disponibles actualmente no indican que aplicar perfume sobre la región de la tiroides haga que los componentes químicos de la fragancia se dirijan específicamente a la glándula ni que esta reciba una dosis mayor de esas sustancias que otras partes del cuerpo. La tiroides es una glándula con forma de mariposa ubicada en la parte inferior y frontal del cuello. Produce hormonas que, entre otras funciones, ayudan a regular la manera en que el organismo utiliza la energía. A pesar de estar localizada en el cuello, la glándula no se encuentra inmediatamente debajo de la piel. Está protegida por diferentes capas de tejido conjuntivo y muscular.
Cuando se aplica el perfume, sus componentes pueden evaporarse, permanecer en la superficie, penetrar en las capas de la piel o llegar hasta el torrente sanguíneo. La cantidad absorbida depende de factores como la composición química de la sustancia, la condición y la ubicación de la piel, la dosis utilizada y el tiempo de contacto. Aunque el lugar de aplicación puede influir en la absorción de determinadas sustancias, eso no significa que aplicar un producto cerca de un órgano haga que se dirija directamente hacia ese órgano.
Gran parte de la preocupación en torno a los perfumes está relacionada con los ftalatos, una familia de sustancias químicas utilizada para diferentes fines. Uno de ellos es el ftalato de dietilo (DEP), que se ha empleado como disolvente y fijador en fragancias. Otros tipos de ftalatos se han usado principalmente en la fabricación de plásticos.
En un artículo publicado en 2024 en el European Journal of Pediatrics, que reunió 17 estudios con 5.616 niños y adolescentes, los investigadores encontraron asociaciones entre la exposición a determinados ftalatos y los niveles de algunas hormonas tiroideas. Sin embargo, para otras hormonas los resultados fueron inconsistentes.
Además, los estudios analizaron la exposición a ftalatos proveniente de diferentes fuentes. Pero no investigaron específicamente el uso de perfume en el cuello ni si esa práctica podría provocar enfermedades de la tiroides. Por lo tanto, no fue posible establecer una relación de causa y efecto. Hay evidencias, no obstante, de que los perfumes pueden contribuir a la exposición al DEP. En un estudio con 337 mujeres, las participantes que usaban perfume presentaron niveles más elevados en la orina de monoetil ftalato, una sustancia que se produce cuando el organismo metaboliza el DEP.
El resultado muestra que el perfume puede ser una fuente de exposición a este compuesto, pero el estudio no evaluó posibles daños en la tiroides ni si el lugar donde se aplicó el perfume marcaba alguna diferencia. Los desreguladores endócrinos son sustancias externas capaces de interferir en el sistema hormonal y, en determinadas circunstancias, producir efectos perjudiciales. El riesgo depende de factores como el tipo de sustancia, la cantidad, la forma de exposición y el período durante el cual ocurre. Por eso, identificar una alteración hormonal en un experimento de laboratorio no significa, necesariamente, que la misma consecuencia ocurrirá en una persona que usa perfume en condiciones habituales.
El uso frecuente puede implicar exposiciones repetidas, pero eso no significa que los ftalatos necesariamente se acumulen en el organismo. Estas sustancias se transforman en metabolitos y se eliminan rápidamente a través de la orina. El uso continuo, sin embargo, puede hacer que la exposición se renueve. En el Reino Unido, los cosméticos deben pasar por evaluaciones de seguridad antes de comercializarse. Estos análisis consideran los ingredientes utilizados, sus concentraciones, la manera en que debe aplicarse el producto y la exposición esperada del consumidor.
Aunque la relación entre perfume y problemas en la tiroides aún no está establecida, existen efectos adversos más conocidos asociados al uso de fragancias directamente sobre la piel. Uno de ellos es la dermatitis alérgica de contacto, una reacción que puede provocar picazón, enrojecimiento e inflamación después de que el organismo desarrolla sensibilidad a determinado ingrediente. Una revisión estimó que la alergia de contacto a fragancias afecta entre el 0,7 % y el 2,6 % de la población mundial.
Algunos componentes de las fragancias pueden además causar fototoxicidad, una reacción similar a una quemadura solar que ocurre cuando determinadas sustancias presentes en la piel se exponen a la luz. Estudios muestran que algunos compuestos, como los que se encuentran en el aceite de mandarina, pueden provocar este tipo de reacción bajo exposición a radiación ultravioleta.
Esto no significa que todo perfume provoque fototoxicidad. El riesgo depende de la concentración de la sustancia y de la cantidad de radiación a la que se expone la piel.
La exposición prolongada al sol también se considera uno de los principales factores asociados a la llamada poiquilodermia de Civatte, una afección que puede dejar la piel del cuello enrojecida o pardusca y con pequeños vasos sanguíneos más visibles.
Las fragancias también pueden molestar a personas que sufren de migraña. En un estudio publicado en la revista Cephalalgia de la International Headache Society, los pacientes relataron con frecuencia que los perfumes estaban entre los olores que creían que desencadenaban sus crisis. Como la investigación dependía del recuerdo de los propios participantes, sin embargo, no permite estimar la frecuencia de este efecto en la población ni comprobar una relación de causa y efecto.
Aún no hay evidencias suficientes para afirmar que esta práctica represente un riesgo específico para la tiroides. Las principales preocupaciones relacionadas con las fragancias están, hasta el momento, asociadas a reacciones en la piel y a la exposición a determinadas sustancias químicas. Es decir, aunque los perfumes pueden ser fuente de exposición a diferentes compuestos, no hay evidencias de que aplicarlos en el cuello aumente específicamente el riesgo de problemas en la tiroides.