Apoyada en un bastón y rodeada de alumnas que en algunos casos superan los 80 años, la chilena Evelyn Cordero continúa dando clases de ballet a sus 100 años. La profesora, fundadora de una escuela de danza en Santiago de Chile en 1994, asegura que el baile sigue siendo el gran motor de su vida. “Incluso en mis sueños, bailo”, afirma esta maestra centenaria.
Reconocida recientemente entre las 100 Líderes Mayores de Chile por la Fundación Conecta Mayor, Cordero lleva más de cuatro generaciones dedicadas a la enseñanza de la danza clásica.
Cada semana coordina clases para alumnas de entre 50 y 80 años, manteniendo una vitalidad que sorprende tanto por su edad como por su compromiso con el arte.
Sus clases no solo representan una actividad cultural, sino también un importante espacio de bienestar emocional y contención para mujeres mayores.
En un contexto donde la depresión en adultos mayores se ha convertido en una problemática creciente, muchas de sus estudiantes consideran el ballet una verdadera herramienta terapéutica. “Pasé por una depresión muy grave y fue gracias a mi profesora y a mis compañeras que logré salir adelante”, cuenta Alejandra Cusacovich, de 74 años, quien asiste desde hace casi 50 años a la academia de danza.
La historia adquiere todavía más relevancia en un país que enfrenta un acelerado proceso de envejecimiento poblacional. De acuerdo con proyecciones oficiales, Chile tendrá más muertes que nacimientos a partir de 2028 y comenzará a disminuir su población desde 2036.
Especialistas señalan que factores como la soledad, la pérdida de seres queridos y la reducción de ingresos representan algunos de los principales desafíos para la población adulta mayor. En este escenario, actividades como la danza, el ejercicio físico y la socialización adquieren un rol fundamental para mejorar la salud mental y la calidad de vida.
Aunque en algún momento pensó en retirarse, Evelyn Cordero asegura que todavía no contempla abandonar la enseñanza. Acompañada por dos de sus hijas, ambas bailarinas profesionales, sigue creando coreografías y formando nuevas generaciones de alumnas.
“A mi edad, nunca me aburro”, resume la profesora de ballet de 100 años que continúa inspirando a mujeres mayores a través de la danza.
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