Un adulto promedio orina más de 2 000 veces al año y la mayoría de las personas sanas van al baño entre 8 y 10 veces al día. Justo después, si siguen las recomendaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), deberían lavarse las manos. No hay que olvidar que un solo gramo de heces humanas –aproximadamente el peso de un clip– puede contener un billón de gérmenes.
Mientras que los microorganismos residentes de las manos forman parte de la microbiota cutánea habitual y desempeñan un papel protector en la salud, los transitorios se adquieren mediante actividades cotidianas, como el uso de los sanitarios o la manipulación de alimentos crudos. Aunque muchos de estos colonizadores temporales son inocuos, otros poseen un potencial patógeno capaz de propagar enfermedades.
Mantener las manos limpias es una de las mejores maneras de eliminar microorganismos nocivos, evitar enfermedades y prevenir la propagación de patógenos a otras personas. Las cifras indican que el correcto lavado de manos reduce la cantidad de personas que contraen diarrea entre un 23 % y un 40 %; disminuye las enfermedades respiratorias, como los resfriados, en la población general entre un 16 % y un 21 % y evita el absentismo escolar por enfermedades gastrointestinales entre un 29 % y un 57 %.
Pero ojo, porque para mantener las manos limpias no basta con un lavado de manos eficaz: también hay que secarlas. Al fin y al cabo, las manos húmedas tienen mayor probabilidad de transmitir microorganismos que las completamente secas.
¿Aire caliente, aire rápido o toallas de papel?
Los baños públicos disponen de diversas alternativas para el secado de manos, principalmente toallas de tela o papel y dispositivos eléctricos. Las toallas de tela y de papel secan las manos absorbiendo agua, mientras que los secadores eléctricos retiran la humedad de las manos con chorros de aire. Para ello recurren a un flujo de aire caliente (secadores de aire caliente) que evapora el agua o un flujo potente de aire a alta velocidad (secadores de aire a chorro) que la elimina.
Pues bien, aunque varios estudios han demostrado que el uso apropiado de toallas de papel o secadores de aire a chorro disminuye la cantidad de bacterias en las manos lavadas, se ha sugerido que los secadores de aire a chorro, debido a su método de eliminación de agua, pueden crear pequeños aerosoles que dispersan microorganismos en el aire del baño. De hecho, el proceso de secado de manos puede generar tanto los citados aerosoles –es decir, pequeñas partículas sólidas o líquidas suspendidas en el aire– como gotas “balísticas”, más grandes.
Los secadores de aire a chorro suelen generar más gotas balísticas que las toallas de papel. No obstante, debido a su mayor tamaño, estas se depositan rápidamente en el suelo o las paredes alrededor del dispositivo, lo que supone un riesgo relativamente bajo de transmisión de infecciones.
En términos de dispersión de microorganismos en el aire interior, la literatura es inconsistente. Varios estudios han demostrado concentraciones comparables de bacterias en el aire para secadores de aire a chorro y toallas de papel. Sin embargo, otros trabajos han identificado una mayor dispersión de bacterias y de virus en el aire al usar secadores eléctricos.
La industria ha respondido implementando filtros HEPA –del inglés High Efficiency Particulate Air, filtro de partículas de alta eficiencia– en los aparatos. Estos filtros están diseñados para atrapar al menos el 99,97 % de las partículas suspendidas en el aire con un diámetro igual o superior a 0,3 micras. Esto incluye polvo, polen, esporas de hongos y bacterias. En los secadores de manos equipados con filtro HEPA, normalmente modelos de alta gama, el aire entra en la unidad y pasa a través del filtro antes de llegar a las manos, lo que mitiga significativamente el riesgo de contaminación. Sin embargo, los filtros pierden eficacia con el tiempo y la carga de trabajo, por lo que es necesario realizar un mantenimiento correcto.
Si bien varias investigaciones han encontrado cierta relación entre los secadores de manos y la propagación de gérmenes a través de gotitas y aerosoles, la extensión y el alcance de la contaminación siguen sin estar claros y son necesarios más datos para inferir una conclusión correcta.
The Conversation/ Raúl Rivas González