Redacción El País
Aunque hoy existe mayor conciencia sobre el daño de los rayos ultravioletas, todavía persisten barreras en el acceso a productos clave como el protector solar. Sin embargo, la exposición al sol no es completamente negativa: también cumple funciones importantes, como la síntesis de vitamina D, y en ciertos casos puede resultar beneficiosa.
Una de esas situaciones es la dermatitis atópica, una enfermedad inflamatoria crónica de la piel. La dermatóloga Agustina Acosta, especialista en esta patología, detalla cuáles son los puntos clave a tener en cuenta para entenderla y manejarla mejor.
1. Entender qué es la dermatitis atópica
La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria de la piel que suele asociarse erróneamente solo a una alergia. Si bien puede existir un componente alérgico, su origen está principalmente relacionado con una predisposición genética. Es frecuente que aparezca en personas con antecedentes familiares y que esté vinculada a otras afecciones como la rinitis alérgica y el asma, consideradas enfermedades estrechamente relacionadas.
2. Reconocer los síntomas más frecuentes
Uno de los signos principales es la sequedad extrema de la piel, lo que la vuelve más sensible a estímulos cotidianos. El calor, la transpiración, el contacto con polvo o ácaros pueden desencadenar brotes, inflamación y picazón intensa.
Aunque en Uruguay no hay estadísticas oficiales, se estima que afecta aproximadamente a uno de cada cinco niños, mientras que en la edad adulta su prevalencia desciende considerablemente.
3. Saber que es una enfermedad crónica, pero controlable
La dermatitis atópica no tiene cura, pero sí tratamiento. En la mayoría de los casos, los síntomas se atenúan con el crecimiento y suelen mejorar hacia la adolescencia. Solo un pequeño porcentaje de adultos continúa presentando cuadros activos.
El abordaje terapéutico es escalonado: comienza con el uso de jabones adecuados, continúa con cremas hidratantes y reparadoras, y, en caso de brotes, se incorporan corticoides tópicos. En situaciones más severas, se puede recurrir a fototerapia o tratamientos farmacológicos específicos.
4. Atender el impacto en la calidad de vida
La enfermedad afecta especialmente a niños y adolescentes, tanto en lo físico como en lo emocional. La picazón persistente puede interferir con el sueño, generar ausentismo escolar y provocar dificultades en la vida social.
Las lesiones visibles en cara, cuello o brazos pueden afectar la autoestima, sobre todo en etapas sensibles como la adolescencia. Además, el sudor puede desencadenar brotes que limitan la práctica de deportes y actividades al aire libre.
5. Aprovechar los beneficios del sol, con cuidados
Contrario a lo que se cree, durante el verano muchas personas con dermatitis atópica experimentan una mejora notable de los síntomas. La exposición solar moderada suele ser beneficiosa, mientras que el invierno tiende a agravar los cuadros.
La clave está en el control médico y en adaptar los cuidados a cada paciente. Si bien no se trata de una enfermedad curable, no es necesario convivir con brotes constantes ni con picazón permanente: con el tratamiento adecuado, la mayoría de los casos puede mantenerse bajo control.