Durante décadas, tomar una copa de vino en la cena o consumir alcohol de forma ocasional fue considerado por muchas personas un hábito compatible con un estilo de vida saludable. Sin embargo, una creciente cantidad de investigaciones científicas está poniendo en duda esa idea y apunta a una conclusión cada vez más clara: no existe un nivel de consumo de alcohol completamente libre de riesgos.
Un artículo publicado por National Geographic reunió evidencia científica reciente que cuestiona los supuestos beneficios atribuidos al consumo moderado y destaca que los efectos sobre la salud comienzan desde las primeras cantidades ingeridas.
Por qué el alcohol afecta al organismo desde el primer consumo
Según los especialistas consultados por la publicación, el alcohol empieza a generar efectos en el cuerpo apenas ingresa al torrente sanguíneo. El hígado se encarga de metabolizarlo y, durante ese proceso, produce acetaldehído, una sustancia considerada cancerígena.
Debido a que el alcohol circula por prácticamente todos los órganos y tejidos, sus consecuencias no se limitan a una única parte del cuerpo. La evidencia científica lo ha vinculado con más de 200 enfermedades y lesiones, entre ellas trastornos cardiovasculares, deterioro cognitivo, osteoporosis, pérdida de masa muscular y distintos tipos de cáncer, incluido el cáncer de mama.
La fisiológa Patricia Molina, investigadora del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Estatal de Luisiana, señaló que la evidencia disponible no ha demostrado de forma concluyente que las bebidas alcohólicas tengan efectos protectores sobre la salud.
Además, algunos factores genéticos pueden dificultar la eliminación del acetaldehído, permitiendo que permanezca durante más tiempo en el organismo y aumentando potencialmente el riesgo de desarrollar distintas complicaciones.
El mito del consumo moderado
Durante años, numerosos estudios parecían indicar que las personas que consumían alcohol de manera moderada presentaban mejores indicadores de salud que quienes bebían en exceso. Sin embargo, análisis más recientes revisaron esos resultados teniendo en cuenta factores que podían influir en las conclusiones.
Al corregir esas variables, los investigadores encontraron que el riesgo de sufrir problemas de salud aumenta a medida que se incrementa la cantidad de alcohol consumida.
Los expertos coinciden en que no todas las cantidades generan el mismo impacto, pero remarcan que reducir el consumo puede traducirse en beneficios concretos para la salud. Andrea Weber, psiquiatra y especialista en adicciones de la Universidad de Iowa, destacó que disminuir la ingesta es una medida sencilla que puede contribuir a reducir el riesgo de diversas enfermedades crónicas.
Por ese motivo, los investigadores sostienen que cualquier reducción en la frecuencia o en la cantidad de bebidas alcohólicas consumidas representa una ventaja para el organismo. Además de disminuir la probabilidad de desarrollar enfermedades a largo plazo, esta decisión puede favorecer la recuperación y el funcionamiento de distintos órganos.
En base a El Tiempo/GDA