No es solo la dieta: cuatro factores invisibles que te hacen ganar peso aunque comas sano

Estrés, falta de sueño y pantallas: la combinación que está "rompiendo" nuestro metabolismo más que cualquier alimento.

Obesidade
Sobrepeso.
Foto: Sofia von Humboldt/Commons.

Chico Delgado - O Globo (GDA)
Vivimos en una época en la que nunca se ha hablado tanto sobre la salud, la alimentación, el ejercicio físico y el bienestar. Aun así, los índices de exceso de peso siguen creciendo en todo el mundo, como si no se estuviera haciendo nada al respecto. Especialistas y organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud están preocupados.

El Día Mundial de la Obesidad surgió como un recordatorio de un problema que hace tiempo que trascendió la esfera individual, alcanzando lo colectivo. Lo común es que la discusión sobre este tema empiece y termine en el plato: cuánto se come, cómo se come, qué se come. Lo que ya se entiende, observando de cerca la rutina de las personas, es que rara vez la obesidad es solo sobre la comida.

La obesidad no es reflejo de una comida aislada, sino del estilo de vida contemporáneo. Por eso, incluso con la información disponible, el problema sigue aumentando.

El sedentarismo es el primer factor, y el más silencioso. Nuestro cuerpo fue hecho y diseñado para el movimiento. Durante miles de años, las caminatas largas, el transporte de pesos, las subidas y bajadas en terrenos irregulares formaban parte de la rutina humana. Lo que vemos hoy en día son personas sentadas la mayor parte del tiempo, ya sea en el trabajo, en el transporte o frente a pantallas.

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Imagen: Freepik.

Otro factor es el estrés crónico. Con tantos estímulos y esa sensación de urgencia de las rutinas, el cuerpo se mantiene en estado de alerta permanente. Un escenario así interfiere de forma directa en las hormonas del apetito, en la acumulación de grasa y en la conducta alimentaria.

Ante una vida tan ajetreada, pero con poco movimiento, el sueño es a menudo descuidado. Dormir mal o dormir poco altera mecanismos metabólicos y esto hace que la sensación de hambre aumente a lo largo del día. Cuando el descanso es insuficiente, el organismo grita pidiendo más energía.

El impacto de las pantallas también entra en este paquete. La computadora portátil, el teléfono móvil, la televisión y la tableta ocuparon lugares que antes pertenecían al movimiento. La actividad física fue gradualmente sustituida por tiempo quieto, sedentario. Esto no solo afecta al gasto energético, sino que afecta al ritmo biológico, a la calidad de las relaciones sociales y, principalmente, al sueño.

Todos estos factores sumados se reflejan como resultado en el cuerpo. El aumento de peso es una de las consecuencias visibles del estilo de vida de quien se ha alejado del funcionamiento natural del organismo.

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Balanza.
Foto: Pexels.

La alimentación, en todo esto, tiene mucha importancia, pero no se puede reducir la obesidad a una simple cuestión de fuerza de voluntad frente a un plato. La pregunta ideal que hay que hacerse, y la más honesta, no es "qué estamos comiendo", sino "cómo estamos viviendo".

El cuerpo humano es el mismo que el de hace miles de años, lo que ha cambiado es nuestro entorno, y entender esa diferencia es un primer paso para enfrentar desafíos de salud mucho mayores. Con ello, también cambia la forma en que se aborda el problema, sin señalar con el dedo ni simplificar la cuestión a elecciones individuales. La realidad es que vivimos en un entorno que, a menudo, favorece lo opuesto a una vida saludable.

Nuestras ciudades están cada vez más orientadas al transporte motorizado, al acceso fácil a los alimentos ultraprocesados y a una presencia constante de los estímulos digitales.

Cuidar la salud dentro de este contexto exige un nivel extremadamente alto de conciencia e intención. Nuestras elecciones diarias pueden parecer pequeñas y simples, pero impactan profundamente cuando se repiten constantemente a lo largo del tiempo, como caminar más, reducir el sedentarismo, dormir mejor y reservar momentos para moverse.

La mayor reflexión detrás del aumento del índice de obesidad no es, en realidad, lo que se pone en el plato, sino el tipo de vida que se ha ido construyendo. El entorno nos empuja hacia la inactividad. Entonces, recuperar el movimiento deja de ser una elección superficial y estética, y se convierte en una decisión fundamental para la salud.

Personas haciendo ejercicio en cuatro apoyos
Personas haciendo ejercicio en cuatro apoyos
Imagen creada por Chat GPT

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