Redacción El País
Bajar unas escaleras suele ser un gesto automático dentro de la rutina diaria. Sin embargo, cuando ese movimiento empieza a requerir mayor concentración, genera inseguridad o se vuelve torpe sin una causa clara, podría tratarse de una señal temprana de alerta médica. Especialistas en salud advierten que ciertas dificultades al subir o descender escalones podrían estar vinculadas con los primeros indicios de demencia o deterioro cognitivo.
Durante décadas, esta enfermedad se asoció casi exclusivamente con la pérdida de memoria. No obstante, organizaciones y centros médicos internacionales coinciden en que los trastornos cognitivos pueden manifestarse de formas menos evidentes, incluso antes de que aparezcan los olvidos frecuentes o los cambios de conducta más reconocidos.
Cuando el cuerpo empieza a advertir
Uno de esos signos poco conocidos se refleja en la forma de caminar, especialmente al enfrentar desniveles como las escaleras. Expertos indican que algunas personas comienzan a tener problemas para levantar correctamente los pies, lo que produce una marcha arrastrada y aumenta el riesgo de caídas.
Este cambio no siempre se relaciona con la debilidad muscular. En muchos casos, tiene su origen en alteraciones neurológicas que afectan la capacidad del cerebro para procesar información visual y espacial. Cuando falla el cálculo de la altura de los escalones o la distancia entre ellos, la persona duda, se detiene o avanza con temor.
La situación suele confundirse con cansancio, envejecimiento normal o molestias articulares propias del clima. Por ese motivo, puede pasar inadvertida durante meses, mientras el deterioro cerebral continúa progresando de forma silenciosa.
Lo que observan los expertos
Instituciones como la Clínica Mayo señalan que las habilidades visuoespaciales, responsables de interpretar profundidad y ubicación de los objetos, pueden verse afectadas en etapas iniciales de la demencia. Cuando estas funciones fallan, actividades cotidianas como usar escaleras se vuelven complejas.
El Centro de Referencia Estatal de Atención a Personas con Alzheimer, en España, explica que subir y bajar escalones exige una coordinación motora precisa. La pérdida de esa sincronía puede provocar que la persona deslice los pies en lugar de levantarlos, generando la llamada marcha arrastrada.
Investigaciones recientes desarrolladas por Mass General Brigham, afiliado a la Universidad de Harvard, reforzaron esta observación. Estudios publicados a finales de 2025 identificaron que los cambios en la forma de caminar, como la lentitud frente a obstáculos, pueden aparecer varios años antes de los fallos graves de memoria, convirtiéndose en un posible marcador temprano del deterioro cognitivo.
En la misma línea, la Alzheimer’s Association incluye la dificultad para realizar tareas habituales entre las principales señales de advertencia. Cuando una persona que antes se movía con naturalidad ahora necesita analizar cada paso o pierde seguridad al final de una escalera, el cambio merece una evaluación clínica.
¿Qué hacer ante esta señal?
Los especialistas recomiendan que, si esta dificultad se presenta junto con otros cambios cognitivos o conductuales, se solicite una valoración médica formal. Un diagnóstico temprano permite descartar otras enfermedades y, en caso necesario, iniciar un acompañamiento adecuado.
Mientras tanto, adaptar el entorno doméstico puede reducir el riesgo de accidentes. Organizaciones dedicadas al cuidado de personas con demencia aconsejan mejorar la iluminación, reforzar los pasamanos, marcar los bordes de los escalones y retirar alfombras o superficies desgastadas.
Más allá del temor que suele generar la palabra demencia, los expertos subrayan que reconocer estas señales no busca alarmar, sino proteger. A veces, un tropiezo repetido o una pausa inesperada al bajar las escaleras no es simple torpeza, sino la manera en que el cuerpo comienza a pedir atención.