Investigadoras del Barcelona Supercomputing Center desarrollaron el primer atlas sobre la evolución del sistema reproductor femenino durante la menopausia, a partir del análisis de genes, tejidos y muestras sanguíneas. El estudio, publicado en Nature Aging, encontró que los órganos reproductivos no envejecen de manera simultánea y que esta etapa reorganiza esos procesos biológicos.
La investigación analizó más de 1.000 imágenes de tejidos, la expresión de miles de genes en 659 muestras de 304 mujeres y datos de plasma sanguíneo de 21.441 mujeres. Para ello se utilizaron herramientas de inteligencia artificial y la capacidad de supercomputación del MareNostrum 5.
El trabajo permitió reconstruir la trayectoria de envejecimiento en siete órganos reproductivos: útero, ovario, vagina, cérvix, mama, trompas de Falopio y tejidos internos asociados. A través de técnicas de aprendizaje profundo, las investigadoras identificaron cambios estructurales en los tejidos y procesos moleculares vinculados al envejecimiento en cada uno de ellos. “Hemos observado que los órganos no envejecen al mismo ritmo y que la menopausia se encarga de reorganizar este proceso”, explicó la directora del estudio, Marta Melé.
Los resultados muestran patrones diferenciados. El ovario y la vagina presentan un proceso progresivo de envejecimiento que comienza años antes de la menopausia, mientras que el útero concentra modificaciones más abruptas en torno a esta etapa. Además, se detectaron diferencias dentro de un mismo órgano: en el útero, por ejemplo, la mucosa y el músculo uterino responden de manera distinta a estos cambios.
El análisis también identificó señales moleculares relacionadas con el envejecimiento que pueden medirse en sangre. Según Melé, estos biomarcadores permitirían monitorizar “de forma no invasiva” el estado de los órganos reproductivos y anticipar riesgos asociados a la menopausia, entre ellos el prolapso del suelo pélvico, que puede afectar hasta al 40% de las mujeres. Esta condición consiste en el descenso de órganos como la vejiga, el útero o el recto hacia la vagina debido al debilitamiento muscular.
Entre los próximos objetivos del equipo está evaluar si estos biomarcadores pueden contribuir a detectar de forma temprana enfermedades cuyo riesgo aumenta con la menopausia, como la diabetes y patologías neurodegenerativas. No obstante, Melé advirtió que la aplicación clínica de estos hallazgos aún requiere más investigación. “Conocer el proceso de la menopausia es el primer paso, pero todo esto tardará en llegar a la clínica”, señaló.
Las autoras indicaron además que la menopausia ha tenido una presencia limitada en la investigación biomédica y en la práctica clínica, a pesar de impactar a una parte significativa de la población. Según datos citados en el estudio, en 2021 las mujeres mayores de 50 años representaban el 26% de la población mundial.
En este contexto, la investigadora del BSC Natàlia Pujol explicó que el objetivo del trabajo no es modificar la edad de la menopausia, sino abordar sus efectos y “prevenir lo que se deriva de este proceso natural para mejorar la calidad de vida de las mujeres”.
En base a EFE
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