Los miedos más comunes de la perimenopausia y cómo cambia el placer después de los 40

El deseo no se jubila: cómo aprender a escuchar el propio cuerpo para tener una sexualidad saludable durante una etapa llena de cambios, según experta.

Autoestima
Mujer observándose en el espejo.
Foto: Freepik.

¿Y si el mayor miedo de la perimenopausia no fueran los cambios del cuerpo, sino creer que el placer empieza a apagarse después de los 40? Hace unas semanas, mientras recorríamos el Museo de la Vulva con un grupo de visitantes, una mujer de unos 48 años se acercó, con cierta timidez, a preguntar en voz baja si era normal no sentir las “mismas ganas que antes”. “Siento que mi cuerpo cambió y tengo miedo de que mi sexualidad haya terminado”, dijo.

No era la primera vez que escuchaba esa pregunta. De hecho, es una de las consultas más frecuentes en consultorio y a través de las redes sociales.

Esta consulta aparece más frecuentemente en la perimenopausia, entre los 40 y los 45 años —no sucede de un día para el otro y cada mujer vive esta etapa de una manera diferente. Se trata de una transición en la que la menstruación comienza a ser irregular y el cuerpo experimenta una serie de cambios. Se habla de menopausia cuando pasaron, por lo menos, 12 meses consecutivos sin menstruación.

Los cambios más frecuentes en la perimenopausia

Durante esta etapa pueden aparecer sofocos, cambios en el sueño, ansiedad, sequedad vaginal y la sensación generalizada de que el cuerpo ya no responde igual. Detrás de esos síntomas, muchas veces se esconde un miedo mucho más profundo: ¿Qué pasa si también cambia mi deseo? Puede ser, y no es grave porque el placer no desaparece después de los 40, solo cambia la forma de escucharlo.

Durante años nos enseñaron a pensar la sexualidad desde la perspectiva de la penetración, desde la frecuencia y la respuesta rápida del cuerpo. Pero esta etapa puede convertirse en una oportunidad para volver a conocernos y para darle más espacio al juego previo o incorporar un lubricante si la sequedad aparece. También, es un buen momento para dedicar mayor atención a la masturbación y descubrir qué estímulos son los que ahora resultan más placenteros.

Y, en todas las etapas, pero con especial atención ahora, es un gran momento para hablar con la pareja y dejar de buscar ser aquella misma mujer que fuiste hace diez o veinte años.

Pareja de adultos mayores
Pareja de adultos mayores.
Foto: Freepik.

Con el paso de los años, también puede disminuir la sensibilidad de la vulva y del clítoris, por lo que muchas mujeres encuentran beneficios al incorporar juguetes sexuales que aporten una estimulación más focalizada. Los succionadores de clítoris estimulan de manera específica el principal órgano del placer femenino y puede utilizarse a solas o en pareja. Muchas de las mujeres que acompaño me cuentan que, al incorporarlos, volvieron a conectar con el placer, recuperaron la confianza y redescubrieron una sexualidad que creían haber perdido.

También puede ser una excelente oportunidad para consultar con una ginecóloga o una sexóloga. Muchas veces normalizamos molestias o cambios que tienen tratamiento, o simplemente necesitamos información para comprender qué está sucediendo en nuestro cuerpo. Entender esta etapa nos permite vivirla con menos miedo y más herramientas para seguir disfrutando de una sexualidad plena.

Ginecólogo con una reproducción del aparato reproductor femenino
Ginecólogo con una reproducción del aparato reproductor femenino
Foto: Freepik

Cada vez más mujeres aprenden a vivir la sexualidad con menos miedos y mandatos, y comienzan a preguntarse qué es lo que realmente desean, qué les provoca placer y cómo quieren disfrutar de su intimidad. Quizás ese sea el mayor cambio después de los 40: el placer deja de ser una respuesta automática para convertirse en una elección consciente. Porque el deseo no se jubila. Solo cambia de idioma.

En Argentina, invitamos a recorrer la historia del cuerpo femenino desde la pubertad hasta la postmenopausia en el espacio del Museo de la Vulva, para seguir visibilizando y divulgando que, nuestros cambios hormonales, forman parte de un proceso natural y que conocerlos nos ayuda a vivir nuestra sexualidad con mayor libertad y sin culpa. Es un antes y un después.

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