Redacción El País
El infarto de miocardio dejó de ser una dolencia exclusiva de la gente mayor. En los últimos años, diversos trabajos y consultas a cardiólogos muestran un aumento sostenido de eventos coronarios entre adultos de 20 a 50 años. Lo que hasta hace pocas décadas se veía como un problema de los mayores hoy aparece con frecuencia en pacientes jóvenes con hábitos poco saludables.
Los especialistas alertan que la conjunción de obesidad, vida sedentaria, dietas ricas en ultraprocesados, tabaquismo y estrés está adelantando el daño vascular. A ese cóctel se le suman las posibles secuelas cardiovasculares que puede dejar la infección por SARS-CoV-2, con inflamación y un mayor riesgo de coagulación que, en algunos casos, precipita eventos agudos incluso meses después de la infección.
Casos que llamaron la atención pública
Diversos episodios ocurridos en deportistas y jóvenes en actividad física sacudieron a la opinión pública y a la comunidad médica. Aunque los contextos difieren —desde un triatlón hasta entrenamientos de alto rendimiento—, estos casos dejan en claro que la ausencia de antecedentes no garantiza inmunidad frente a un paro cardíaco.
Médicos consultados señalan que la imagen del “corazón invulnerable” en la juventud es peligrosa: la enfermedad coronaria se desarrolla a lo largo de años y sus detonantes pueden aparecer desde edades tempranas si no se toman medidas.
Factores que explican el cambio
Los cardiólogos atribuyen el incremento de infartos en población joven a la acumulación precoz de factores de riesgo: obesidad infantil y juvenil, diabetes mal controlada, hipertensión no diagnosticada y colesterol elevado. La popularización de alimentos ultraprocesados, la vida cada vez más sedentaria y la privación de sueño contribuyen a un escenario donde las arterias comienzan a “envejecer” demasiado pronto.
Además, el consumo de tabaco, alcohol y ciertas drogas recreativas —como la cocaína— eleva el riesgo de arritmias, vasoespasmo coronario y trombosis. La pandemia por covid-19 añadió otra capa: evidencias científicas señalan que el virus puede lesionar el músculo cardíaco o desencadenar procesos inflamatorios que aumentan la probabilidad de eventos en meses posteriores.
Las mujeres: más riesgo de subdiagnóstico
Otra preocupación es que las mujeres jóvenes vienen registrando un aumento en eventos cardíacos y, en muchos casos, reciben un diagnóstico tardío. Estudios muestran que sus síntomas —que a veces son atípicos— suelen subestimarse, lo que demora la atención y empeora el pronóstico.
Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en mujeres a nivel global, por lo que poner foco en la detección temprana es fundamental.
Prevención desde temprano: ocho pilares para cuidarse
La buena noticia es que la mayoría de los infartos son prevenibles. Las principales recomendaciones de las sociedades científicas incluyen: llevar una alimentación equilibrada, realizar actividad física regular, no fumar, descansar adecuadamente y controlar los parámetros clave —peso, presión arterial, glucemia y colesterol— mediante chequeos periódicos.
Los especialistas promueven adoptar hábitos desde la juventud: detectar factores de riesgo, tratarlos y sostener cambios en el estilo de vida. Cumplir con estas medidas reduce la carga sobre las arterias y disminuye netamente la probabilidad de sufrir un evento cardíaco en el futuro.
¿Qué hacer si aparecen signos de alarma?
Dolor o presión en el pecho, molestias que irradian al cuello o al brazo izquierdo, dificultad para respirar, mareos o desmayos son señales que no deben pasarse por alto. Ante cualquier síntoma de este tipo, cada minuto cuenta: acudir a un servicio de urgencias y activar los protocolos correspondientes puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
En base a El Tiempo/GDA
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