La actividad física ocupa un lugar central entre las recomendaciones para prevenir y controlar la hipertensión. Sin embargo, la ciencia muestra que algunos tipos de entrenamiento ofrecen mejores resultados que otros a la hora de reducir la presión arterial.
Esa es la principal conclusión de una revisión sistemática y metaanálisis publicada en la revista British Journal of Sports Medicine, que reunió la evidencia de 31 ensayos clínicos realizados con 1.345 adultos con hipertensión. El trabajo comparó distintas modalidades de ejercicio y evaluó su impacto sobre la presión arterial durante un período de 24 horas.
Los resultados ubicaron al entrenamiento combinado, al entrenamiento por intervalos de alta intensidad (HIIT) y al ejercicio aeróbico continuo entre las estrategias más eficaces para disminuir la presión arterial. De todos modos, los autores remarcan que los beneficios aparecen cuando la actividad física se mantiene de forma regular durante varias semanas y no como consecuencia de una práctica ocasional.
El entrenamiento combinado encabezó los resultados
Entre todas las modalidades analizadas, el entrenamiento combinado fue el que mostró el mayor beneficio. Esta propuesta reúne ejercicios aeróbicos con trabajos de fortalecimiento muscular, una combinación que favorece el funcionamiento del sistema cardiovascular y contribuye a disminuir la presión arterial.
El estudio también destacó el desempeño del entrenamiento por intervalos de alta intensidad (HIIT), que alterna períodos cortos de esfuerzo intenso con pausas de recuperación. Los investigadores señalan que esta modalidad puede ser efectiva para personas con hipertensión, aunque recomiendan que su práctica sea supervisada por profesionales.
Caminar también sigue siendo una buena opción
El análisis confirmó, además, la eficacia del ejercicio aeróbico continuo. Caminar a paso ligero, correr, andar en bicicleta o nadar son actividades que ayudan a controlar la presión arterial y presentan la ventaja de ser accesibles para la mayoría de las personas, lo que facilita incorporarlas como un hábito sostenido.
Los ejercicios mente-cuerpo, como el yoga y el tai chi, también mostraron efectos favorables dentro del conjunto de estudios analizados.
La regularidad pesa más que la intensidad
Más allá de la modalidad elegida, los investigadores coinciden en que el factor determinante para obtener resultados es la constancia. La práctica habitual de actividad física mejora la elasticidad de las arterias, favorece la circulación sanguínea, reduce la inflamación y contribuye al correcto funcionamiento del sistema nervioso.
El metaanálisis concluye que el ejercicio alcanza su mayor impacto cuando forma parte de una estrategia integral para controlar la hipertensión. En ese contexto, mantener hábitos saludables, seguir el tratamiento indicado por el equipo de salud y realizar actividad física de forma sostenida son medidas que se complementan para mejorar el control de la presión arterial.
En base a El Tiempo/GDA