La vitamina D cumple un rol decisivo en la salud ósea y en el correcto funcionamiento del sistema inmunológico. Diversas investigaciones internacionales señalan que mantener niveles adecuados de esta vitamina reduce el riesgo de desarrollar enfermedades vinculadas a la fragilidad de los huesos y a alteraciones inmunes. En un país como Uruguay, donde en invierno disminuye la exposición solar, el tema cobra especial relevancia.
Organismos como los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y la Organización Mundial de la Salud coinciden en que la deficiencia de vitamina D se asocia con mayor probabilidad de padecer trastornos óseos y determinadas enfermedades autoinmunes. Si bien no es una solución mágica, su impacto en la prevención está respaldado con evidencia sólida, especialmente en lo que refiere al tejido óseo.
Enfermedades óseas y sistema inmune
Entre las patologías más claramente vinculadas al déficit de vitamina D se encuentran el raquitismo, la osteomalacia y la osteoporosis. El primero afecta a niños en etapa de crecimiento y puede provocar deformaciones y debilidad en los huesos. La osteomalacia implica un reblandecimiento óseo en adultos, mientras que la osteoporosis reduce la densidad mineral y aumenta el riesgo de fracturas, especialmente en personas mayores.
La razón es sencilla: sin suficiente vitamina D, el organismo no absorbe correctamente el calcio, elemento clave para mantener la estructura ósea. Según la Mayo Clinic, la relación entre vitamina D y salud de los huesos es una de las más estudiadas y consistentes dentro de la literatura médica.
Además, distintos estudios exploran su papel en la prevención de enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide y la diabetes tipo 1. También se investiga su posible efecto protector frente a infecciones respiratorias, enfermedades cardiovasculares e incluso algunos tipos de cáncer, como el colorrectal. En estos casos, la evidencia aún está en desarrollo, pero los resultados preliminares son prometedores.
Cómo obtener vitamina D de forma segura
La principal fuente de vitamina D es la exposición solar. Cuando la piel recibe luz ultravioleta, el cuerpo sintetiza esta vitamina de manera natural. Bastan entre 10 y 30 minutos varias veces por semana —según tipo de piel, estación del año y ubicación geográfica— para estimular su producción. Los especialistas recomiendan evitar las horas de radiación más intensa para reducir el riesgo de daño cutáneo.
La alimentación también contribuye, aunque en menor medida. Pescados grasos como salmón, sardina y atún, yema de huevo, hígado y lácteos fortificados aportan vitamina D, especialmente en su forma D3, que se absorbe mejor que la D2 de origen vegetal.
En determinados casos, puede indicarse suplementación, siempre bajo control médico. Personas mayores de 65 años, quienes tienen obesidad o piel más oscura presentan mayor riesgo de déficit de vitamina D, según la Mayo Clinic. Antes de iniciar cualquier suplemento, se aconseja realizar un análisis de sangre para medir los niveles de 25(OH)D y ajustar la dosis de forma personalizada.
Mantener valores adecuados de vitamina D no solo favorece huesos más fuertes, sino que también puede fortalecer las defensas y contribuir al bienestar general. Como en tantos aspectos de la salud, la clave está en el equilibrio y en el seguimiento profesional oportuno.
En base a El Tiempo/GDA
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