El peligro oculto en la esponja de la ducha y la razón por la que conviene bañarse solo con las manos

Acumulan moho y bacterias por la humedad: los dermatólogos explican por qué el lavado manual protege mejor la barrera cutánea.

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Hombre en la ducha.
Foto: Freepik.

La esponja de baño es uno de los accesorios de higiene personal que muchas personas dejan durante semanas o incluso meses dentro de la ducha. Sin embargo, el uso frecuente, combinado con la humedad, puede convertirla en un lugar propicio para la acumulación y proliferación de bacterias, hongos y otros microorganismos.

De acuerdo con especialistas de Cleveland Clinic, las esponjas conocidas como loofah o lufa tienen una estructura porosa, con pequeños espacios en los que pueden quedar atrapadas células muertas de la piel, microorganismos y restos de jabón.

Cuando estos residuos permanecen en un ambiente húmedo, pueden favorecer la multiplicación de bacterias y algunos hongos. Por eso, mantener una adecuada limpieza de la esponja de baño y reemplazarla con cierta frecuencia son medidas importantes para reducir la acumulación de microorganismos y cuidar la salud de la piel.

¿Cada cuánto tiempo hay que cambiar la esponja de baño?

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Foto: Commons.

El tiempo de reemplazo depende principalmente del material de la esponja.

  • Esponja natural o de lufa: se recomienda reemplazarla aproximadamente cada tres o cuatro semanas.
  • Esponja sintética de plástico: puede utilizarse durante hasta dos meses, siempre que se encuentre en buenas condiciones y reciba los cuidados adecuados.

De todos modos, el tiempo transcurrido no es el único indicador. Si la esponja presenta moho, manchas o un olor desagradable o a humedad, es recomendable desecharla, aunque todavía no haya llegado el momento previsto para cambiarla.

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Con la edad, la dermis se vuelve más fina y sensible. Los especialistas recomiendan duchas cada dos días para mantener la hidratación natural y reducir irritaciones en adultos mayores.

¿Cómo limpiar y mantener en buenas condiciones la esponja?

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Foto: Commons.

Para reducir la acumulación de bacterias y otros microorganismos, los especialistas recomiendan adoptar algunos hábitos sencillos después de cada ducha:

  • Enjuagarla después de cada uso. Es importante eliminar los restos de jabón y células muertas de la piel. Para hacerlo, se puede pasar la esponja por agua caliente y presionarla varias veces para retirar los residuos.
  • Dejarla secar completamente. Después de utilizarla, conviene escurrirla y colocarla en un lugar seco y bien ventilado. Evitar que permanezca constantemente dentro de la ducha puede facilitar que pierda la humedad.
  • Limpiarla al menos una vez por semana. El método de limpieza dependerá del material de la esponja y de las recomendaciones específicas del fabricante.
  • No frotar la piel con demasiada fuerza. El objetivo de la ducha es limpiar la piel, no irritarla. Una limpieza excesivamente agresiva puede provocar irritación y daño en la barrera cutánea.

¿Es necesario utilizar una esponja para bañarse?

Para muchas personas, utilizar solamente las manos para lavar el cuerpo puede ser suficiente. De hecho, la Academia Americana de Dermatología recomienda evitar las loofahs, esponjas exfoliantes y otros accesorios en determinadas personas, especialmente aquellas que tienen psoriasis, ya que pueden irritar la piel.

Esto es particularmente importante porque una esponja de baño no solo puede acumular microorganismos: también puede producir una exfoliación excesiva cuando se utiliza con demasiada intensidad.

Por eso, además de prestar atención a la higiene del accesorio, los dermatólogos recomiendan adoptar otros hábitos para proteger la salud de la piel: evitar el agua demasiado caliente, limitar el tiempo bajo la ducha y elegir limpiadores suaves, especialmente cuando la piel es sensible o tiende a resecarse.

En personas con piel particularmente sensible o psoriasis, la Academia Estadounidense de Dermatología aconseja realizar duchas de alrededor de cinco minutos y aplicar después una crema hidratante sin fragancia para ayudar a mantener la hidratación de la piel.

En definitiva, más que prolongar indefinidamente la vida útil de la esponja de baño, es importante mantenerla limpia, permitir que se seque por completo y reemplazarla cuando presente signos de deterioro. Y, en personas con piel sensible, irritada o psoriasis, incluso puede ser preferible prescindir de este accesorio y optar por una limpieza suave con las manos.

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