La idea de “desintoxicar” el organismo se convirtió en una de las promesas más repetidas de la industria del bienestar. Dietas detox basadas exclusivamente en frutas y verduras, jugos, ayunos, infusiones, suplementos y productos que prometen “limpiar el hígado” o eliminar toxinas son presentadas como soluciones rápidas para bajar de peso, sentirse más liviano o compensar los excesos alimentarios.
Sin embargo, desde la nutriología clínica, la explicación es bastante más compleja. El organismo humano ya dispone de mecanismos fisiológicos para transformar, neutralizar y eliminar sustancias que no necesita o que pueden resultar perjudiciales.
“En nuestra fisiología existen mecanismos reales de transformación y eliminación de toxinas, sustancias ajenas y productos metabólicos”, explica la nutrióloga certificada Maricarmen Oses. Según la especialista, distintos órganos y sistemas conforman un mecanismo de eliminación que funciona de manera permanente, no solamente cuando una persona decide seguir una dieta especial.
Por eso, sostiene que no existe evidencia científica que indique que una persona sana necesite realizar periódicamente dietas detox, ayunos, consumir jugos o tomar suplementos para “limpiar” su organismo.
Por qué las dietas detox se hicieron tan populares
La popularidad de estos métodos tiene múltiples explicaciones. Según Oses, el auge de las dietas detox responde a una combinación de factores biológicos, emocionales, psicológicos y socioculturales, a los que se suma el interés comercial de la industria del bienestar.
Uno de los principales atractivos de estas propuestas es que ofrecen respuestas simples para problemas complejos. Cansancio, fatiga, distensión abdominal, aumento de peso o estreñimiento pueden interpretarse como señales de una supuesta acumulación de toxinas.
La solución que se propone suele ser igualmente sencilla: unos días de restricción alimentaria, jugos detox, ayuno o determinados suplementos. En Latinoamérica, agrega la especialista, este fenómeno también se relaciona con la cultura de las dietas, la presión estética y la circulación de contenidos sobre nutrición, belleza y bienestar en las redes sociales. La búsqueda de métodos rápidos para adelgazar o aliviar molestias digestivas contribuye a que estas propuestas encuentren un público dispuesto a probarlas.
Uno de los factores que puede reforzar la creencia de que las dietas detox funcionan es la pérdida rápida de peso que algunas personas experimentan al comenzar estos protocolos. Pero una disminución de la cifra que muestra la balanza no significa que el organismo haya eliminado toxinas ni que se haya perdido una cantidad equivalente de grasa corporal.
Cuando se reduce de manera drástica la ingesta de alimentos y, especialmente, el consumo de carbohidratos y sodio, pueden disminuir rápidamente el contenido gastrointestinal, las reservas de glucógeno y el agua asociada a ellas. El resultado puede ser una reducción rápida del peso y una sensación subjetiva de “desinflamación” o ligereza. Sin embargo, buena parte de estos cambios puede revertirse cuando se retoma la alimentación habitual.
Las revisiones científicas disponibles, señala Oses, han encontrado poca evidencia clínica de calidad para respaldar las dietas detox como método para eliminar toxinas o conseguir un control de peso sostenido.
Otro de los problemas de estas propuestas es el uso generalizado de la palabra “toxina”. Desde el punto de vista científico, no se trata de una única categoría de sustancias. El organismo puede entrar en contacto con xenobióticos, metabolitos, medicamentos, alcohol, contaminantes ambientales, metales pesados y productos bacterianos, entre otros compuestos. Cada uno tiene características diferentes y requiere distintos mecanismos metabólicos y vías de eliminación.
Por eso, afirmar que un té, jugo, laxante, polvo de vegetales, alga marina, carbón activado, zeolita o suplemento “elimina toxinas” resulta impreciso si no se especifica qué sustancia se pretende eliminar, en qué concentración, mediante qué mecanismo y cómo se demuestra científicamente su eliminación.
Algo similar ocurre con determinados alimentos a los que se atribuyen propiedades “detox”, como la alcachofa. Algunos componentes de los alimentos pueden influir sobre los sistemas antioxidantes, determinadas enzimas, la microbiota o los mecanismos de señalización celular, pero eso no significa que consumir un alimento concreto o un jugo permita “limpiar el hígado”.
También es incorrecto asumir que sudar, orinar o evacuar más significa necesariamente eliminar más toxinas. La eliminación de sustancias específicas depende de mecanismos metabólicos y de excreción regulados. Provocar diarrea o aumentar indiscriminadamente la producción de orina puede, en cambio, alterar el equilibrio de agua y minerales del organismo.