Redacción El País
El dolor de espalda suele aparecer de manera inesperada y transformar gestos simples —como agacharse o levantarse de la cama— en una verdadera dificultad.
Los especialistas indican que más del 80 % de las personas lo experimentarán al menos una vez, generalmente por la tensión muscular, el desgaste de los discos o la sobrecarga que se concentra en la zona lumbar, la parte de la columna que más peso soporta.
Este tipo de molestia es frecuente entre los 25 y los 55 años, una etapa atravesada por largas horas sentado, poco movimiento y rutinas exigentes. El sedentarismo, el exceso de peso o los trabajos físicamente demandantes aumentan el riesgo, y haber sufrido un episodio previo eleva las probabilidades de que vuelva a repetirse.
El calor como primer aliado
Entre las recomendaciones médicas más simples y accesibles aparece la aplicación de calor local en casos de contractura. Paños tibios, almohadillas térmicas o sacos de semillas ayudan a relajar los músculos, mejorar la circulación y reducir la rigidez, lo que facilita recuperar movilidad.
No obstante, los especialistas aclaran que el calor no es adecuado en todos los casos. Si hay inflamación, es preferible aplicar frío durante los primeros dos o tres días. En ambos escenarios, basta con sesiones de 15 a 30 minutos, evitando un uso prolongado que pueda irritar la piel.
Moverse, en lugar de quedarse quieto
Durante años se aconsejó reposo absoluto, pero hoy los expertos coinciden en que, si no existen señales de gravedad, mantenerse activo favorece la recuperación. Caminar con calma, cambiar de postura y evitar permanecer mucho tiempo sentado ayudan a preservar la flexibilidad y la fuerza.
Eso sí, en los primeros días conviene evitar levantar peso, movimientos bruscos o esfuerzos intensos para no agravar el dolor.
Pequeños hábitos que protegen la columna
La salud de la espalda también depende de decisiones cotidianas: sentarse con los pies bien apoyados, usar una silla con buen respaldo lumbar, dormir en un colchón firme y adoptar posturas que reduzcan la presión en la zona baja. Dormir de lado o boca arriba, con apoyo en las piernas, puede marcar la diferencia.
Mantener un peso adecuado, no fumar y reducir el estrés también contribuyen a disminuir la carga sobre la columna y sus discos.
Fortalecer para prevenir
La Clínica Mayo recomienda ejercicios simples en casa para fortalecer el abdomen y estabilizar la columna, como llevar las rodillas al pecho, elevar suavemente las caderas o realizar estiramientos suaves. Actividades como caminar, nadar o andar en bicicleta también ayudan a largo plazo.
El dolor de espalda no tiene por qué volverse permanente. A veces, el primer paso es un hábito diario tan sencillo como aplicar calor con criterio, moverse un poco más y cuidar el cuerpo en los gestos de todos los días.
En base a El Tiempo/GDA
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