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El arte del té: rituales de Oriente que nos ayudan a bajar un cambio y construir vínculos sanos

En China y Japón, preparar el té es una forma de conectar con uno mismo y lo que uno está haciendo, así como dar lo mejor para sus invitados.

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Gongfu Cha
Gongfu Cha.
Foto: Osmanthus Tea Project.

Llegar a casa, descalzarse, tomar un té. Invitar amigos, conversar entre risas, agasajarlos con una infusión calentita. Hay algo en esta bebida milenaria que da lugar a momentos de bienestar, y las culturas orientales, como la china y la japonesa, lo saben muy bien. Para ellos, tomar el té es una experiencia honorable y por eso la celebran con métodos y ceremonias específicas.

Primera parada: China.

En China, una técnica muy extendida es el Gongfu Cha, que se traduce como hacer el té con habilidad y destreza. “Implica dedicarse a lo que uno está haciendo, entenderlo, seguir los pasos”, expuso María Victoria Fernández, sommelier de té y directora de Osmanthus Tea Project junto a Madelón Payssé.

Según Fernández, esté método nació en la dinastía Qing en China (1644-1911), y se aplica en múltiples ceremonias a lo largo de todo el territorio chino. “A diferencia de lo que a veces se entiende en Occidente, no es que el Gongfu sea una ceremonia en sí, sino que es una técnica para hacer el té”, explicó.

Un aspecto clave del Gongfu Cha son los elementos, entre los que se encuentran la tetera, el gaiwan (una taza con tapa) y el cha hai o gong dao bei (que se traduce como ‘mar de té’ o ‘jarrita de la justicia’). “Las teteras que se usan tienen de 90 a 200 mililitros como mucho, que es más o menos la cantidad que lleva una taza de té en Occidente”, comentó la sommelier. Otra diferencia importante tiene que ver con la cantidad de hebras de té por ración de agua: “En Occidente, la relación es un gramo de hebras cada 100 mililitros de agua, pero en Gongfu pueden ponerse hastaocho gramos cada 100 mililitros, según el tipo de té”.

Además de utilizar teteras chiquitas y una mayor cantidad de hebras, este método se caracteriza por las infusiones cortas y seguidas. “Puede hacerse una primera infusión de cinco o diez segundos, luego otra de 15, y ahí está la habilidad del maestro de té para jugar con los tiempos, la temperatura y las cantidades”, dijo Fernández.

Tales decisiones dependen, a su vez, del tipo de té. En Gongfu Cha hay seis variedades: verde, amarillo, blanco, wulong —conocido como ‘té azul’ en Occidente—, rojo y negro. “En realidad, lo que acá llamamos té rojo es el té negro chino, y lo que llamamos té negro es su té rojo”, advirtió la sommelier. Y explicó: “La confusión viene de los ingleses que, cuando empezaron a producir la hebra, la denominaron ‘black tea’, pero en realidad usaban el método del té rojo chino”. En Osmanthus Tea Project van hacia las raíces y respetan las traducciones originales, en tanto entienden que “ya había otro té negro, que es el Hei Cha, aunque acá vamos al súper y lo encontramos como ‘té rojo Pu’er’”.

Segunda parada: Japón.

Mientras en China la práctica de Gongfu Cha se aplica en diversas ceremonias según cada provincia, en Japón sí existe una ceremonia de té de carácter nacional. Se llama Chanoyu (‘agua caliente para el té’) y también se conoce como chado o sado (‘el camino del té’). Hideki Asari, embajador de Japón en Uruguay, señaló que esta práctica fue creada hace unos 500 años, profundamente influenciada por el budismo zen. Según contó, comenzó siendo una actividad exclusiva, propia de los monasterios y las clases más altas de la sociedad, pero poco a poco fue difundiéndose entre las masas.

Ceremonia de Té.jpg
Embajador Hideki Asari en una ceremonia de té con integrantes del grupo de ceremonia del té de la Embajada del Japón.
Foto: Cortesía Embajada de Japón.

Se utiliza té matcha (té verde en polvo), que es rico en antioxidantes, vitaminas A, B2, C, D, E, potasio, proteínas, calcio, hierro y clorofila, indicó Asari.

“Una ceremonia de té completa —chaji— dura 4 horas o más y se divide en dos etapas”, expuso. En la primera parte, denominada shoza, se sirve una comida ligera, se prende el carbón para calentar el agua y se sirve el dulce. Luego, hay una pausa intermedia. La segunda etapa, llamada goza, es la principal; allí se sirve el té espeso, se agrega carbón para calentar el agua y por último se sirve el té liviano o claro.

El pasado 23 de setiembre, la Embajada de Japón en Uruguay organizó una ceremonia de té en el marco del Festival de Japón. “En las demostraciones, el proceso suele reducirse a la segunda etapa”, aclaró Asari. Además, mencionó que siempre se sirven dulces antes de beber el té para destacar el sabor del matcha.

Para María Victoria Rodríguez, sommelier de té, directora de Reencontraté Boutique de Té y embajadora de El Club del Té en Uruguay, esta ceremonia, “además de ser una forma muy particular de servir esta infusión, realiza un culto al arte del té”. Y agregó: “Es una invitación a olvidar los objetos materiales y mundanos, purificar el alma y alcanzar un estado de armonía espiritual con el universo”.

Sin duda, la ceremonia es un arte. “El anfitrión prepara el té bajo estrictas normas de etiqueta del Chanoyu, que parecen complicadas a primera vista, pero están calculadas para conseguir la mayor economía posible en todos los movimientos”, sostuvo el embajador. Tales movimientos son suaves y rítmicos, lo que transmite calma y concentración.

Finalmente, Asari explicó que todos los utensilios se limpian en un acto de purificación simbólica y el té se prepara individualmente para cada invitado: se sirven dos cucharaditas de matcha en un chawan (cuenco especial), se agrega el agua caliente y se bate con un chasen (batidor de bambú).

Los mensajes del té.

¿Por qué estas culturas honran el té y no lo toman y ya? Según Fernández, tiene que ver con conectar con el momento presente y lo que uno está haciendo: “Es una práctica para uno mismo y se usan los cinco sentidos; se escucha el agua cayendo, se huele el aroma del té, se mira el color de las hebras. Es una meditación en movimiento”, afirmó.

Además, invita a sentir gratitud: “Se trata de honrar a las mujeres que cosecharon temprano en la mañana, al productor que estuvo casi sin dormir… El procesado del té es mucho más complejo de lo que imaginamos y aún hay partes en China donde se hace de forma artesanal”.

Por su parte, Asari señaló que el espíritu de la ceremonia japonesa contiene cuatro principios: armonía, respeto, pureza y tranquilidad. “Esa enseñanza no se refiere solamente al té, sino también a la interacción entre el anfitrión y el invitado”, subrayó. Para él, la ceremonia se disfruta aún más al interiorizar el sentimiento de ‘Ichigo Ichie’, que significa ‘un encuentro, una oportunidad’. “El mensaje es: cada encuentro es único y valioso, disfrute y sea feliz con las cosas simples”.

Finalmente, Rodríguez sostuvo: “Aprender de estas culturas, en un mundo que nos lleva a exigirnos más y más, nos permite reencontrarnos con el té, bajar el ritmo y hallar un ritual propio, saludable para cuerpo, mente y alma”.

Transmitir valores a través del té.

La jarrita de la justicia es uno de los elementos que hacen al Gongfu Cha, y su nombre guarda un significado valioso. “Es una jarrita de vidrio o cerámica súper importante porque separa el licor del té de las hojas y evita que sigan infundiéndose en el agua caliente”, señaló Fernández. De esta manera, se logra un té uniforme y se sirve lo mismo a todos los invitados.

“Engloba el concepto chino de igualdad y equidad”, sostuvo la sommelier. En este sentido, añadió: “A veces, cuando preparamos el té al estilo occidental, éste se oscurece a medida que servimos las tasas porque la hebra sigue en contacto con el agua y cada vez hay menos contenido en la tetera, entonces no todos reciben el té con la misma intensidad. Con la jarrita de la justicia, eso no pasa”.

La ceremonia japonesa, Chanoyu, también promueve valores positivos. “Es considerada como una disciplina espiritual para refinar nuestro ser, respetar a otros y purificar el alma mediante su unión con la naturaleza”, expresó el embajador Asari. Y concluyó: “Hay muchos practicantes que toman el “camino del té” como un medio valioso para obtener el dominio de la vida. Este “camino” no tiene fin, por lo que la mejora continúa a través de la práctica”.

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