Redacción El País
El dolor de rodillas es una de las principales causas de consulta médica entre los adultos, especialmente a partir de la mediana edad.
Es responsable de millones de visitas a consultorios cada año y suele marcar el inicio de una pérdida progresiva de movilidad.
Las causas son diversas: desde el desgaste natural del cartílago por artrosis hasta lesiones meniscales o tendinitis derivadas del sobreuso.
Aunque el reposo y los analgésicos ayudan en los episodios leves, el verdadero desafío sigue siendo encontrar un tratamiento eficaz que recupere la función sin depender necesariamente de una cirugía. En ese contexto, un nuevo estudio científico ofrece datos que pueden resultar determinantes.
La evidencia del movimiento
Investigadores del Hospital General de Massachusetts (Mass General Brigham) y otras instituciones estadounidenses realizaron un seguimiento durante un año a 879 pacientes con artrosis y desgarros de menisco, como parte del ensayo clínico ‘TeMPO’. El objetivo era identificar qué tipo de intervención ayuda más a aliviar el dolor y mejorar la movilidad.
Los participantes se dividieron en tres grupos: uno realizó ejercicios en casa; otro combinó esos ejercicios con fisioterapia convencional; y el tercero los combinó con fisioterapia simulada. En todos los casos, el programa incluía estiramientos y ejercicios de fortalecimiento de cuádriceps, glúteos y abdomen, varias veces por semana.
Tras tres meses, no se observaron diferencias significativas entre los grupos. Sin embargo, a los seis y doce meses, quienes contaron con acompañamiento de un fisioterapeuta —real o simulado— reportaron una leve mejoría adicional.
Los resultados, publicados en el ‘New England Journal of Medicine’, sugieren que la presencia del terapeuta, más que la técnica en sí, podría influir en la percepción del dolor. La interacción humana, la motivación y el apoyo profesional parecen desempeñar un papel que va más allá del ejercicio físico.
Más allá de las cifras
El doctor Jeffrey Katz, director clínico del Centro de Ortopedia y Artritis del Hospital Brigham and Women’s, señaló que todos los grupos mostraron avances significativos. “Los participantes reportaron dolor moderadamente intenso al inicio del estudio y mucho más leve un año después”, explicó.
El hallazgo refuerza una idea fundamental: la constancia en el movimiento puede ser tan eficaz como la intervención clínica. El cuerpo responde al ejercicio regular, siempre que se realice de forma segura y adaptada a cada persona.
Qué hacer ante el dolor
Aunque el dolor de rodilla no siempre requiere atención urgente, es importante mantener vigilancia. Si aparecen deformidad, inflamación repentina o dificultad para apoyar la pierna, se recomienda consultar al médico.
En los casos leves, los especialistas aconsejan aplicar el método RICE (reposo, hielo, compresión y elevación): colocar hielo durante 15 minutos varias veces al día, usar vendaje elástico y mantener la pierna elevada. El uso moderado de antiinflamatorios también puede aliviar el malestar, siempre bajo supervisión médica.
Pasadas las primeras 48 horas, los ejercicios suaves y de bajo impacto, como el tai chi o las sentadillas ligeras, pueden ayudar a recuperar la movilidad. La clave está en moverse, pero con cuidado.
Cuerpo y mente en movimiento
Aunque el estudio se llevó a cabo en Estados Unidos, sus conclusiones trascienden fronteras: la recuperación no depende solo del tratamiento físico, sino también del acompañamiento y la disciplina.
La ciencia confirma que el cuerpo mejora cuando se mueve, y que el vínculo entre paciente y terapeuta puede tener un efecto terapéutico real. En una población que envejece y donde las articulaciones sufren más que antes, el mensaje es claro: mantenerse activo no es solo una recomendación médica, sino una forma de cuidar la vida en movimiento.
En base a El Tiempo/GDA
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