Redacción El País
Durante años, la alimentación poco saludable y el sedentarismo fueron señalados como los principales culpables del colesterol altocolesterol alto. Sin embargo, un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos) acaba de confirmar que hay un tercer factor, igual de determinante: la predisposición genética.
Según el estudio, publicado en la revista Science, ciertas variaciones en el gen que regula el receptor de lipoproteína de baja densidad (LDL) —conocido como colesterol “malo”— pueden aumentar el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, incluso en personas con hábitos saludables.
El investigador Frederick Roth, quien lideró el trabajo, explicó que algunas mutaciones genéticas alteran la forma en que el organismo elimina el exceso de colesterol LDL de la sangre, lo que puede derivar en la acumulación de placas en las arterias y, con el tiempo, en un mayor riesgo de infarto o accidente cerebrovascular.
Un mapa para anticipar el riesgo
El grupo de Pittsburgh desarrolló un recurso pionero que permite clasificar las variaciones genéticas vinculadas con el colesterol alto y medir su impacto sobre la salud cardiovascular. En total, analizaron más de 17.000 modificaciones del gen del receptor de LDL, evaluando cómo cada una afecta la estructura y función de la proteína encargada de eliminar el colesterol de la sangre.
El resultado fue una herramienta precisa que ofrece a los médicos la posibilidad de evaluar el riesgo genético individual y diseñar estrategias de prevención personalizadas. Este avance se enmarca en la Atlas of Variant Effects Alliance, una iniciativa internacional que reúne a más de 500 científicos de 50 países para estudiar cómo las variaciones genéticas influyen en distintas enfermedades.
Lo que cambia con este hallazgo
Hasta ahora, los análisis genéticos podían detectar mutaciones, pero no era sencillo interpretar su impacto clínico. Gracias a esta nueva base de datos, los especialistas podrán identificar desde temprano a quienes tienen una predisposición hereditaria al colesterol alto, incluso si sus niveles actuales son normales.
“Así como ocurrió con los genes BRCA1 y BRCA2 en el cáncer de mama, este conocimiento permitirá actuar antes de que aparezcan los primeros signos de enfermedad”, señalaron los autores del estudio.
Más allá de la dieta y el ejercicio
Si bien mantener una alimentación equilibrada, actividad física regular y chequeos periódicos sigue siendo esencial para cuidar el corazón, este hallazgo refuerza la idea de que la genética también pesa —y mucho— en la salud cardiovascular.
En Uruguay, los especialistas coinciden en la importancia de realizar controles de colesterol desde edades tempranas, sobre todo en personas con antecedentes familiares de infartos o niveles altos de colesterol. La detección precoz, acompañada de hábitos saludables, puede marcar la diferencia entre un tratamiento preventivo y una emergencia cardíaca.
En base a El Tiempo/GDA
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