“Después llamo al doctor”: por qué solemos postergar cosas que sabemos que nos hacen bien

El fenómeno psicológico que explica por qué dejamos la consulta médica u odontológica para la semana que viene, y por qué nos cuesta tanto actuar si la recompensa no es inmediata.

Dolor de muelas
Hombre con dolor de muelas.
Foto: Magnific.

Casi todos hemos dicho alguna vez “la semana que viene lo hago”. El problema no suele ser la falta de tiempo: la ciencia del comportamiento muestra que el cerebro está diseñado para priorizar lo urgente sobre lo importante. Y eso explica por qué una consulta odontológica puede pasar meses —o años— esperando en la lista de pendientes.

Imaginemos una mañana cualquiera. Entran correos nuevos, suena el teléfono, hay una reunión que preparar, el auto necesita combustible, un hijo se siente mal. La agenda empieza a llenarse antes de las nueve de la mañana. En ese contexto, ¿qué lugar ocupa una consulta odontológica que no duele, no molesta y puede esperar “unos días más”?

Ese es, exactamente, el problema. Nuestro cerebro evolucionó para responder primero a lo urgente, no necesariamente a lo importante. Los psicólogos llaman a este fenómeno descuento temporal: tendemos a darle mucho más valor a las recompensas inmediatas que a los beneficios que veremos dentro de semanas o meses. Por eso, posponemos decisiones que, racionalmente, sabemos que nos hacen bien.

Lo que no duele parece no existir

La mayoría de las enfermedades bucales no empiezan con una urgencia. Las caries pequeñas rara vez duelen, la enfermedad periodontal puede avanzar durante años sin generar molestias importantes, la pérdida de hueso ocurre lentamente, y el desgaste de los dientes suele pasar inadvertido hasta que ya es evidente.

Paradójicamente, el mejor momento para actuar suele ser cuando sentimos que no pasa nada. Pero ahí aparece otra trampa del cerebro: si no hay dolor, interpreta que tampoco hay riesgo. Entonces, siempre habrá algo más importante para resolver primero.

Durante mucho tiempo se pensó que las personas no iban al odontólogo porque tenían miedo. Ese miedo existe y merece ser tomado en serio, pero no explica todos los casos. En realidad, hoy solemos evitar una incomodidad muy pequeña, aunque eso aumente las probabilidades de enfrentar una mucho mayor mañana.

Es el mismo mecanismo por el que dejamos de hacer ejercicio, demoramos un chequeo médico o seguimos aplazando una conversación difícil. Decidimos no hacerlo... todavía. Y ese “todavía” puede durar años sin que nos demos cuenta.

Sin embargo, hay algo curioso que se repite una y otra vez. Después de hacer aquello que veníamos postergando, solemos preguntarnos por qué esperamos tanto. Nos pasa después de rendir un examen, ordenar un problema económico, tener una conversación pendiente, y también, claro, ir a una consulta odontológica. Porque la realidad casi nunca resulta tan difícil como la historia que construimos en nuestra cabeza mientras la evitamos.

Consulta odontológica
Mujer en una consulta odontológica.
Foto: Magnific.

Odontología que entiende el comportamiento humano

La odontología moderna no consiste solamente en reparar dientes; la parte clave implica comprender a las personas. Es entender que quien llega al consultorio no trae únicamente una boca: trae experiencias anteriores, tiempos apretados, ansiedad, deseos, culpa por haber esperado demasiado. Esa persona trae una historia.

Por eso, una buena consulta no empieza con un torno, sino con una conversación. Con alguien que escucha antes de tratar, explica antes de intervenir y entiende que generar confianza también forma parte fundamental del tratamiento.

Unos días después de haber cancelado la consulta por tercera vez, Martín finalmente llamó. No porque le doliera una muela; simplemente porque se cansó de seguir posponiéndolo. Al terminar el control, dijo algo que los odontólogos escuchan con frecuencia: “Pensé que iba a ser mucho peor”.

Quizás esa frase explique mejor que cualquier estudio cómo funciona la mente. La incertidumbre suele ser más pesada que la realidad. Y, muchas veces, lo difícil de un tratamiento no es sentarse en el consultorio: es hacer la llamada que prometíamos hace meses. Tal vez por eso cuidar la salud no siempre consiste en tomar grandes decisiones. A veces empieza con algo pequeño: marcar un número, elegir un día, y dejar de decir, una vez más, “después llamo”.

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