El comienzo del día marca la transición del organismo desde el descanso hacia la actividad. Durante ese proceso también participa el aparato digestivo, cuya motilidad y microbiota están relacionadas con los ritmos diarios.
Según Silvia Gómez, experta en microbiota, incorporar algunos hábitos sencillos durante las primeras horas de la mañana puede ayudar a establecer una rutina digestiva más regular.
Un vaso de agua al despertar
Después de varias horas sin ingerir líquidos, comenzar la mañana con un vaso de agua contribuye a recuperar parte de la hidratación y puede acompañar la puesta en marcha del sistema digestivo.
“Tomar un vaso de agua al despertar es parte de una buena rutina digestiva porque activa reflejos en el cuerpo”, explica Gómez.
Entre ellos está el reflejo gastrocólico, un mecanismo fisiológico por el cual la llegada de contenido al estómago puede favorecer los movimientos del colon. Esto puede contribuir al tránsito intestinal, aunque beber agua no significa necesariamente que se produzca una evacuación inmediata.
Movimiento durante unos minutos
Al agua puede sumarse el movimiento. Caminar, estirar o simplemente levantarse y desplazarse por la casa permite dejar atrás la inactividad de las horas de sueño.
“Entre 5 y 10 minutos de movimiento suave, como caminar o estirar, despierta el sistema nervioso entérico. Tu intestino se activa con el movimiento”, señala la especialista.
Una alimentación con fibra
El desayuno también puede convertirse en otra señal dentro de la rutina para quienes acostumbran a comer durante las primeras horas del día.
Más que recomendar una preparación específica, Gómez destaca la importancia de combinar alimentos que aporten fibra, agua y algo de grasa.
Entre las fuentes de fibra mencionadas están las frutas, los cereales integrales, los frutos secos y las semillas. Este nutriente puede favorecer una alimentación beneficiosa para la microbiota. Sin embargo, aumentar su consumo de manera brusca y sin suficiente líquido puede provocar molestias digestivas.
Un comienzo del día con calma
La actividad digestiva no depende únicamente de la alimentación. Las prisas y el estrés también pueden influir en el funcionamiento del aparato digestivo.
“Evitar el caos matutino, como el estrés o las prisas, frenan la motilidad. Tu intestino necesita calma para funcionar”, afirma Gómez.
Por eso, unos minutos de respiración lenta y profunda pueden formar parte de la rutina. Según la experta, este ejercicio estimula el nervio vago, relacionado con la comunicación entre el sistema nervioso y el aparato digestivo.
La importancia de mantener una rutina
La propuesta no consiste en encontrar un único hábito capaz de transformar la salud intestinal, sino en reunir pequeñas acciones que puedan repetirse con regularidad.
“Tu intestino ama la rutina: despertar, moverse o desayunar cada día a su hora”, resume Gómez.
Mantener horarios relativamente estables también puede ayudar al organismo a reconocer sus propias señales y favorecer una rutina intestinal más previsible.
Así, el primer tramo de la mañana puede convertirse en un momento para acompañar el funcionamiento digestivo. El agua, el movimiento, la alimentación, el descanso y el manejo del estrés forman parte de este conjunto de hábitos.
En base a El Tiempo/GDA