Controlar la diabetes tipo 2, mantener la presión arterial bajo control y dejar de fumar durante la mediana edad podría retrasar hasta 13 años la aparición de la demencia. Esa es una de las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista Neurology Open Access, que analizó durante más de dos décadas la evolución de más de 12.400 adultos y estudió cómo determinados factores de riesgo modificables pueden influir en la salud cerebral a lo largo de los años.
La investigación encontró que las personas que alrededor de los 56 años presentaban diabetes tipo 2, hipertensión arterial y tabaquismo tenían más del doble de probabilidades de desarrollar demencia y más de cinco veces más riesgo de morir prematuramente por otras causas que aquellas que no presentaban ninguno de estos factores.
El trabajo fue liderado por el doctor Josef Coresh, director fundador del Instituto de Envejecimiento Óptimo de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York (NYU). El investigador señaló que traducir el impacto de estos factores de riesgo para la demencia en años de vida saludable podría ser una herramienta más efectiva para impulsar cambios en los pacientes.
La idea, explicó, resulta relativamente sencilla de transmitir: saber cuántos años de vida saludable y salud cerebral podrían preservarse puede resultar más convincente que conocer únicamente un porcentaje de riesgo.
La diferencia puede llegar a casi 13 años
Para realizar el análisis, los investigadores utilizaron información del estudio Atherosclerosis Risk in Communities (ARIC), una investigación que comenzó a finales de la década de 1980 y que sigue la evolución de cerca de 15.800 adultos estadounidenses.
Los resultados mostraron una diferencia significativa en el tiempo que las personas permanecieron libres de demencia. Quienes no presentaban ninguno de los tres factores de riesgo —diabetes tipo 2, hipertensión y tabaquismo— permanecieron sin desarrollar la enfermedad durante unos 30,1 años.
En cambio, quienes convivían con los tres factores permanecieron libres de demencia durante aproximadamente 17,5 años. La diferencia, de casi 13 años, pone de manifiesto el posible impacto que el control de determinados factores de salud durante la mediana edad puede tener sobre el riesgo de deterioro cognitivo.
El estudio no demuestra una relación de causa y efecto
Los autores advierten que los resultados muestran una asociación entre estos factores y el riesgo de demencia, pero no permiten afirmar que la diabetes, la hipertensión o el tabaquismo sean, por sí mismos, la causa directa de la enfermedad.
Además, la presión arterial, la diabetes, el tabaquismo y otros indicadores de salud fueron evaluados una sola vez al comienzo del estudio. Los participantes, en cambio, fueron seguidos durante una mediana de 26 años, período en el que su estado de salud y sus hábitos pudieron modificarse.
Por esta razón, la neuróloga Sanjula Singh, profesora de la Facultad de Medicina de Harvard y ajena a la investigación, señaló que los resultados deben entenderse como una estimación a nivel poblacional y no como una predicción individual sobre quién desarrollará demencia.
¿Cómo reducir el riesgo de demencia?
Una parte importante de los factores de riesgo de demencia puede modificarse mediante cambios sostenidos en el estilo de vida y un adecuado seguimiento de la salud.
Entre las principales recomendaciones se encuentran:
- Controlar la presión arterial y la diabetes mediante controles médicos periódicos.
- Dejar de fumar.
- Mantener una alimentación saludable, preferentemente basada en alimentos de origen vegetal y baja en grasas, como la dieta DASH.
- Realizar actividad física regularmente.
- Dormir lo suficiente y mantener una buena calidad del sueño.
- Reducir el estrés.
- Mantener un peso saludable.
Según los expertos, alrededor del 45 % de los casos de demencia están relacionados con factores de riesgo modificables. Por eso, incorporar hábitos saludables desde la mediana edad podría desempeñar un papel importante en la prevención del deterioro cognitivo y el cuidado de la salud cerebral.
¿Por qué la diabetes, la hipertensión y el tabaquismo afectan al cerebro?
Los investigadores explican que la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2 y el tabaquismo pueden producir daños progresivos en los vasos sanguíneos, incluidos aquellos que llevan sangre al cerebro.
Este deterioro puede reducir el aporte de oxígeno y nutrientes al tejido cerebral y aumentar el riesgo de accidentes cerebrovasculares y enfermedades de pequeños vasos. A largo plazo, estos procesos pueden contribuir al deterioro cognitivo y favorecer la aparición de demencia.
Los resultados, sin embargo, no significan que modificar un único hábito sea suficiente para prevenir la enfermedad. La evidencia apunta a que la salud cerebral se construye a lo largo de los años y que la combinación de diferentes medidas —desde controlar la presión arterial y la diabetes hasta abandonar el tabaco, hacer ejercicio y mantener una alimentación saludable— puede contribuir a reducir el riesgo.
En definitiva, nunca es demasiado tarde para empezar a modificar los factores de riesgo de demencia. Las decisiones adoptadas durante la mediana edad pueden tener consecuencias importantes sobre la salud cerebral y el envejecimiento.