Redacción El País
Hacer reír no es solo un don natural, sino también un arte que se puede aprender y perfeccionar. Así lo explican humoristas de distintas trayectorias, como el estadounidense Adam Christing y el argentino Roberto Moldavsky, quienes coinciden en que detrás de cada carcajada hay algo más profundo que una simple broma: hay conexión, sorpresa y, sobre todo, humanidad.
Desde la psicología, el acto de hacer reír al otro tiene beneficios comprobados: fortalece los vínculos afectivos, genera confianza y actúa como un puente emocional entre las personas. Reír juntos libera endorfinas, reduce el estrés y crea una sensación de cercanía y complicidad. En las relaciones de pareja, de amistad o incluso laborales, el humor compartido ayuda a resolver tensiones y mejora la comunicación.
Para Christing, comediante y autor con experiencia como mago, escritor y maestro de ceremonias, la risa nace de cinco claves esenciales: humildad, sorpresa, dolor compartido, contrastes y repetición. En primer lugar, en su página web destaca que el humor más poderoso proviene de la humildad: reírse de uno mismo, sin caer en la autocrítica excesiva, permite acercarse al otro y mostrar vulnerabilidad.
El segundo elemento es lo inesperado. Las risas surgen, en gran medida, de la sorpresa. Un giro imprevisto, una frase fuera de lugar o una reacción inesperada pueden generar un efecto instantáneo de comicidad. La exageración del dolor también es un recurso clásico: convertir los pequeños fracasos o molestias cotidianas en historias compartidas.
Christing agrega una cuarta clave: las combinaciones extrañas. La comedia suele florecer del contraste, de juntar lo que normalmente no va junto —un serio con un despreocupado, un alto con un bajo, un joven con un mayor— para mostrar que las diferencias pueden ser fuente de humor. Por último, está la repetición: el famoso “running gag” o chiste recurrente. Volver sobre una broma que ya funcionó genera una complicidad especial con el público, que anticipa la risa antes de que llegue.
Roberto Moldavsky, uno de los humoristas más populares de Argentina, comparte en una entrevista una visión similar, aunque desde su experiencia más instintiva. “Siempre hice reír. No sé bien cómo se hace eso, pero lo tengo adentro y me nutro de gente que me hace reír”, confiesa. Sin embargo, reconoce que el humor también se aprende, sobre todo cuando se empieza a comprender qué provoca la risa en los demás.
Para Moldavsky, las dos herramientas esenciales son la sorpresa y la identificación. Reírse de situaciones que todos atravesamos —llegar tarde, hacer dieta, esperar resultados médicos— genera un espejo cómico en el que el otro se ve reflejado.
Tanto para Christing como para Moldavsky, el secreto del humor no está solo en contar chistes, sino en entender a las personas. Hacer reír implica escuchar, observar y encontrar en lo cotidiano aquello que nos une. Porque, como dice Christing, reír juntos es una forma de recordar que todos estamos en lo mismo: intentando vivir, tropezando, aprendiendo... y disfrutando una buena carcajada en el camino.