Cómo diferenciar un dolor muscular de uno articular y cuáles son las señales para consultar al médico

La ubicación del dolor, la forma en que se manifiesta y los síntomas que lo acompañan pueden orientar sobre su origen. Sin embargo, los especialistas advierten que no reemplazan un diagnóstico médico.

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Hombre con dolor en las articulaciones.
Foto: Freepik.

Un dolor de espalda después de cargar peso, una molestia en la rodilla al subir escaleras o un hormigueo que recorre una pierna pueden parecer problemas similares, pero no siempre tienen el mismo origen.

Músculos, articulaciones, tendones, ligamentos, huesos y nervios trabajan de forma coordinada, por lo que identificar qué estructura está afectada no siempre resulta sencillo.

Aunque la ubicación del dolor, la sensación que produce y los movimientos que lo desencadenan pueden ofrecer algunas pistas, los especialistas recuerdan que estas características no son suficientes para establecer un diagnóstico.

El dolor muscular suele estar relacionado con la actividad física intensa, las sobrecargas, los movimientos repetitivos, las malas posturas o las lesiones. Generalmente se concentra en un músculo y puede manifestarse como tensión, rigidez o dolor al utilizarlo. También puede haber sensibilidad al tocar la zona, espasmos o contracturas. En los casos leves, la molestia suele disminuir progresivamente y mejorar con reposo, estiramientos o fisioterapia.

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Foto: Commons.

El dolor articular, en cambio, aparece en la zona donde se unen dos huesos y puede acompañarse de inflamación, rigidez, calor, enrojecimiento o dificultad para mover la articulación. En algunas enfermedades, como la osteoartritis, el dolor suele aumentar con el uso de la articulación, mientras que la rigidez al despertar generalmente dura menos de 30 minutos.

Otras estructuras también pueden ser el origen de la molestia. El dolor relacionado con un tendón suele aparecer al realizar actividad física o cargar peso, mientras que un dolor profundo y persistente después de un golpe puede hacer necesario descartar una lesión ósea.

El dolor de origen nervioso presenta características diferentes. Puede sentirse como ardor, quemazón, descargas eléctricas, hormigueo o sensación de agujas. Además, suele extenderse siguiendo el recorrido de un nervio hacia un brazo o una pierna y puede acompañarse de pérdida de sensibilidad, entumecimiento o disminución de la fuerza.

Una hernia de disco, por ejemplo, puede provocar dolor en la columna y, al mismo tiempo, irritar una raíz nerviosa, generando molestias que se irradian hacia una extremidad. También existe el dolor originado en los discos de la columna, que suele localizarse en la espalda o extenderse hacia los glúteos y empeorar al permanecer mucho tiempo sentado, de pie o al inclinarse.

Los especialistas advierten que una misma lesión puede comprometer varias estructuras al mismo tiempo, por lo que diferenciar el origen del dolor únicamente por sus características puede llevar a conclusiones erróneas.

Mujer con dolor en las articulaciones
Mujer con dolor en las articulaciones.
Foto: Freepik

Por eso, recomiendan consultar con un profesional cuando el dolor persiste durante varios días o semanas sin mejorar, aparece de forma repentina, es muy intenso o limita las actividades cotidianas. También es importante buscar atención médica si impide caminar o mover una extremidad, surge después de un accidente, se acompaña de fiebre, inflamación importante, deformidad, pérdida de fuerza o pérdida de sensibilidad.

Además, existen señales que requieren atención inmediata, como la dificultad para respirar, la pérdida del control de esfínteres o la debilidad repentina en brazos o piernas.

Reconocer las características del dolor puede ayudar a orientar su origen, pero no sustituye la evaluación de un especialista, quien podrá determinar qué estructura está afectada y cuál es el tratamiento más adecuado.

En base a El Tiempo/GDA

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