El cansancio persistente, los cambios de peso, las alteraciones en el estado de ánimo o cierta dificultad para concentrarse pueden parecer consecuencias del estrés, la edad o el ritmo de vida. Sin embargo, también pueden estar relacionados con el hipotiroidismo, una alteración de la función de la glándula tiroides que continúa presentando altos niveles de subdiagnóstico en Latinoamérica.
El tema fue uno de los principales ejes del encuentro científico Prime Care 3.0, realizado el 17 y 18 de julio en Medellín, Colombia, con la participación de más de 120 profesionales de la salud de Centroamérica y el Caribe. La actividad, organizada por la farmacéutica Procaps, abordó las dificultades para identificar la enfermedad a tiempo y los desafíos que plantea su tratamiento a largo plazo.
El hipotiroidismo se produce cuando la glándula tiroides no genera una cantidad suficiente de hormonas tiroideas. Su aparición puede ser progresiva, por lo que sus manifestaciones no siempre son reconocidas como señales de una enfermedad.
Entre los síntomas que pueden presentarse se encuentran la fatiga, las modificaciones en el peso corporal, los cambios en el estado de ánimo y algunas alteraciones cognitivas. Al no aparecer necesariamente todos al mismo tiempo ni con la misma intensidad, es posible que la persona los atribuya a otras causas y consulte cuando el problema ya lleva tiempo instalado.
Según los datos compartidos durante Prime Care 3.0, alrededor del 10 % de los adultos a nivel mundial vive con hipotiroidismo, mientras que en Latinoamérica la cifra se ubica cerca del 11 %. La enfermedad afecta especialmente a mujeres y adultos mayores.
Por eso, los especialistas señalaron que el desafío no termina con conseguir un diagnóstico. Una vez identificada la alteración, comienza otro proceso: mantener la función tiroidea bajo control mediante un tratamiento que, en muchos casos, debe sostenerse durante toda la vida.
La levotiroxina constituye el tratamiento de primera línea para el hipotiroidismo. Sin embargo, su efectividad depende, entre otros factores, de que el organismo pueda absorberla adecuadamente.
Los especialistas explicaron durante el encuentro que distintas condiciones digestivas, algunos medicamentos y determinados alimentos pueden interferir con esa absorción. Por este motivo, la dosis no necesariamente es igual para todos los pacientes y requiere controles periódicos que permitan evaluar la respuesta y realizar modificaciones cuando sean necesarias.
La adherencia también representa un desafío. Al tratarse de una enfermedad crónica, mantener durante años las pautas indicadas puede resultar difícil para algunos pacientes, especialmente cuando los síntomas no son evidentes o la persona comienza a sentirse mejor.
Más allá de las opciones farmacológicas, los especialistas insistieron en que el manejo del hipotiroidismo debe ser integral. El objetivo no es solamente indicar un medicamento, sino comprobar periódicamente que el tratamiento esté cumpliendo su función.
Entre las recomendaciones mencionadas durante el encuentro, con base en las pautas de la Asociación Americana de Endocrinología Clínica (AACE), se encuentran mantener una alimentación que aporte nutrientes como yodo, selenio y zinc, realizar actividad física de manera regular y controlar periódicamente los niveles de la hormona estimulante de la tiroides (TSH).
Así, el abordaje del hipotiroidismo plantea un desafío que comienza con reconocer síntomas que pueden parecer cotidianos y continúa con un tratamiento que requiere constancia, individualización y seguimiento médico.
Con base en El Tiempo/GDA