Las lentejas ocupan un lugar destacado dentro de una alimentación equilibrada gracias a su aporte de proteínas vegetales, fibra y minerales como hierro, zinc y magnesio.
Además de proporcionar saciedad, contribuyen a la salud intestinal y forman parte de la dieta de poblaciones reconocidas por su longevidad.
La nutricionista especializada en Inflamación y Wellness Sol Vázquez señala que las legumbres fueron la base de la alimentación de algunas de las poblaciones más longevas del mundo y sostiene que quienes vivieron más años las consumían a diario.
La Organización de las Naciones Unidas también destaca el valor nutricional de las legumbres. Según el organismo, constituyen una fuente importante de proteínas, especialmente en regiones donde la carne y los lácteos son menos accesibles. Además, son alimentos bajos en grasa y ricos en fibra, características que pueden contribuir a reducir el colesterol y ayudar al control de la glucosa en sangre.
Las lentejas formaban parte de la alimentación cotidiana de los antiguos egipcios, griegos y romanos, que las utilizaban como una fuente de energía para afrontar las actividades diarias. Los historiadores creen que esta leguminosa es originaria de Asia Occidental y actualmente se consume en todo el mundo en preparaciones como guisos, ensaladas y pastas.
Entre sus beneficios, la revista Harvard Health Publishing menciona que favorecen la saciedad, retrasan la absorción de los carbohidratos, ayudan a reducir los niveles de colesterol y la presión arterial y contribuyen a la salud digestiva y cardiovascular. También representan una importante fuente de hierro de origen vegetal, con un aporte aproximado de entre 7 y 8 miligramos por cada 100 gramos.
Para aprovechar mejor sus nutrientes, Vázquez recomienda remojarlas entre ocho y doce horas antes de cocinarlas, cambiar el agua del remojo varias veces y utilizar agua limpia para la cocción. En personas con anemia aconseja acompañarlas con alimentos ricos en vitamina C para favorecer la absorción del hierro.
La especialista también señala que las lentejas enlatadas pueden ser una alternativa práctica, aunque recomienda enjuagarlas para reducir el exceso de sodio. Además, sugiere cocinarlas sin sal y, en personas con digestión sensible o en niños, optar por las lentejas rojas, que suelen ser más fáciles de digerir.
En base a La Nación/GDA