La fruta tropical rica en vitamina C que aporta un mineral vinculado con la función tiroidea

El ananá combina vitamina C, yodo, agua, hidratos de carbono y bromelina. Qué aporta cada uno de estos componentes y por qué no debe considerarse un tratamiento para la tiroides.

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Foto: Unsplash.

Dulce, fresco y con ese particular equilibrio entre acidez y sabor tropical, el ananá es una fruta habitual en la alimentación. Su perfil nutricional reúne vitaminas, minerales y otros compuestos que cumplen distintas funciones en el organismo.

Entre sus principales aportes se encuentra la vitamina C, un nutriente que ayuda a proteger las células frente al daño oxidativo y participa en diferentes procesos del organismo. Por eso, incorporar frutas que aporten esta vitamina puede contribuir a cubrir las necesidades nutricionales dentro de una alimentación variada.

El yodo y su vínculo con la tiroides

El ananá también contiene yodo, un mineral relacionado con el metabolismo energético y con la producción de hormonas tiroideas. Estas hormonas cumplen funciones esenciales en el organismo y son producidas por la glándula tiroides.

Sin embargo, hay una precisión importante: la cantidad de yodo presente en las frutas es baja. Por eso, la piña no debe considerarse un alimento capaz de tratar, prevenir o regular por sí solo una alteración de la tiroides.

Su aporte de yodo forma parte, en todo caso, del conjunto de nutrientes que pueden incorporarse a través de una alimentación equilibrada.

La composición de la piña incluye además alrededor de un 11% de hidratos de carbono cuando la fruta alcanza una maduración adecuada. Estos nutrientes aportan energía al organismo, mientras que su elevado contenido de agua contribuye a que sea una opción fresca para sumar fruta a las comidas.

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Foto: Commons.

Bromelina y otros componentes del ananá

Más allá de las vitaminas y los minerales, la piña contiene ácidos cítrico y málico, vinculados con su característico sabor ácido. También se destaca la bromelina, una enzima con acción proteolítica, es decir, que puede descomponer proteínas en los aminoácidos que las forman.

La maduración también influye en las características de la fruta. De acuerdo con información de la Fundación Española de la Nutrición, durante las últimas semanas de maduración aumentan el contenido de azúcar y determinados principios activos. Cuando la fruta se recolecta demasiado pronto puede presentar un sabor más ácido y un perfil nutricional menos favorable.

Por eso, un ananá fresco y maduro puede incorporarse sin inconvenientes a una alimentación variada. La combinación de vitamina C, hidratos de carbono, agua, ácidos orgánicos y bromelina le otorga un perfil nutricional diverso.

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Trozos de ananá.
Foto: Freepik.

¿Es mejor fresca o en conserva?

La forma en que se consume también puede modificar algunas de sus características. La piña en conserva mantiene parte de sus vitaminas y minerales, pero puede perder una proporción importante de bromelina durante el procesamiento, ya que esta enzima se degrada con facilidad.

Además, algunas presentaciones incluyen almíbar, una preparación azucarada que incrementa su contenido calórico respecto de la fruta natural.

Por eso, cuando se busca aprovechar las características propias de la fruta, la versión fresca y madura constituye una alternativa más directa.

Aunque la piña contiene nutrientes relacionados con distintas funciones del organismo, ningún alimento por sí solo determina el funcionamiento de la glándula tiroides. Ante una alteración tiroidea, la alimentación debe contemplar distintas fuentes de nutrientes y adaptarse a las necesidades de cada persona.

Así, el valor del ananá no está en considerarla una solución para los problemas de tiroides, sino en la variedad de nutrientes que aporta. Consumida fresca y dentro de una alimentación equilibrada, puede ser una opción sencilla para sumar fruta, vitamina C y otros componentes a la dieta cotidiana.

En base a El Tiempo/GDA

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