Un estudio en nueve millones de personas reveló cuál es la profesión que más protege al cerebro del Alzheimer

La clave científica detrás del hallazgo radica en la constante demanda de navegación espacial en tiempo real, un entrenamiento diario que fortalece el hipocampo y contribuye a la reserva cognitiva.

Conductor de aplicación listo para empezar viaje.
Conductor de aplicación listo para empezar viaje.
Foto: Ignacio Sánchez.

The Conversation
Los taxistas y conductores de ambulancias tienen menos probabilidades que los trabajadores de casi cualquier otra profesión de morir de Alzheimer. Ese fue el sorprendente resultado de un estudio de 2024 que examinó los certificados de defunción de casi 9 millones de personas en Estados Unidos. El hallazgo me llamó la atención de inmediato porque estas dos profesiones dependen de la misma herramienta que mi trabajo: los mapas.

Pasé más de dos décadas mirando mapas. No mapas de papel colgados en la pared, sino versiones digitales con múltiples capas: áreas inundables superpuestas a radios censales, puntos críticos de accidentes de tránsito comparados con la geometría de las vías, y datos satelitales de precipitación distribuidos por cuencas hidrográficas. Gran parte de mi trabajo como ingeniero civil y ambiental se realiza a través de Sistemas de Información Geográfica (SIG o GIS), por su sigla en inglés. Los ingenieros como yo mantenemos simultáneamente diversas relaciones espaciales en la mente, razonando sobre dónde están las cosas en relación unas con otras en escalas que van desde una cuadra hasta una cuenca hidrográfica entera.

Siempre imaginé que ese razonamiento espacial entre capas de mapas era solo una exigencia profesional. Pero el estudio sobre taxistas y conductores de ambulancias me hizo pensar si todo ese trabajo mental no estaría trayendo algún beneficio para el cerebro.

El cerebro de los taxistas

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Taxista.
Foto: Pxhere.

Entre los 9 millones de certificados de defunción analizados por los investigadores, correspondientes al período de enero de 2020 a diciembre de 2022, los taxistas y conductores de ambulancias presentaron el menor riesgo de morir de Alzheimer entre 443 ocupaciones evaluadas. Luego de ajustes por edad, sexo, raza, etnia y nivel educativo, aproximadamente 1 de cada 100 de estos profesionales murió a causa de la enfermedad, frente a aproximadamente 1 de cada 60 personas en la población general.

Ese patrón no se observó en otras profesiones vinculadas a la conducción de vehículos. Los investigadores concluyeron que el factor protector no era conducir en sí mismo, sino la navegación continua en tiempo real: el trabajo constante de ubicarse en el espacio, seguir un destino y actualizar un mapa mental a medida que las condiciones cambian.
Los profesionales que dependen de rutas fijas o predeterminadas, como conductores de ómnibus y pilotos de avión, no parecían presentar la misma ventaja.

Los investigadores creen que la asociación entre ocupaciones que exigen navegación intensa y menor riesgo de Alzheimer está relacionada con el hipocampo, la región del cerebro responsable de la memoria y la navegación espacial. Se trata de una de las primeras áreas cerebrales afectadas por la enfermedad: las dificultades de orientación y navegación espacial están entre los signos más tempranos del Alzheimer, a veces apareciendo antes de las pérdidas de memoria más evidentes.

En un estudio clásico publicado en 2000, neurocientíficos compararon el cerebro de taxistas licenciados de Londres con el de personas que no trabajaban como conductores de taxis. Los resultados proporcionaron las primeras evidencias obtenidas por neuroimagen de que regiones del cerebro adulto pueden sufrir cambios mensurables bajo la demanda constante de navegación. Para obtener la licencia, los taxistas londinenses necesitan memorizar más de 25 mil calles en un radio de unos 10 kilómetros a partir de Charing Cross, un desafío conocido como The Knowledge ("El Conocimiento"), cuya preparación lleva de tres a cuatro años.

Los investigadores descubrieron que los taxistas presentaban un mayor volumen de sustancia gris en el hipocampo posterior, área cerebral asociada al almacenamiento de mapas espaciales a gran escala. Ese volumen estaba relacionado con la experiencia: cuanto más tiempo llevaba la persona trabajando como taxista, mayor era esa región del cerebro.
El cambio era resultado de la práctica, y no de una característica innata. Aunque las personas naturalmente buenas en navegación puedan sentirse atraídas por este tipo de profesión, el trabajo en sí también ejerce influencia sobre el cerebro.

Juntos, estos dos estudios sostienen una hipótesis consistente: las actividades que ejercitan intensamente el hipocampo pueden remodelarlo, y esa remodelación tal vez ayude a proteger contra una de las enfermedades más temidas del envejecimiento.

Dónde entran los especialistas en mapas

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Foto: Negative Space.

Los cartógrafos, urbanistas y analistas geoespaciales pasan sus días de trabajo involucrados en razonamiento espacial continuo. Un especialista en sistemas de información geográfica puede, por ejemplo, superponer datos poblacionales a mapas de áreas inundables para identificar quién está en riesgo, o utilizar imágenes satelitales para mapear la cobertura del suelo después de un incendio forestal. Los investigadores manejan simultáneamente varias capas de datos, sistemas de coordenadas y escalas diferentes.
Pero, ¿el razonamiento espacial realizado frente a una pantalla activa el hipocampo de la misma forma que la navegación en una ciudad real?

Mientras que un taxista navega desde la perspectiva de quien está dentro del entorno, a nivel de la calle, los profesionales que usan GIS visualizan el espacio desde arriba, en forma de mapas —lo que los científicos cognitivos llaman razonamiento alocéntrico. A pesar de eso, estas dos perspectivas se superponen en el cerebro: el hipocampo también construye mapas mentales a partir de puntos de vista externos, y no solo desde la posición del propio navegante.

Las investigaciones sobre mapas cognitivos apuntan en la misma dirección que el estudio de los taxistas. En 2023, científicos aplicaron un modelo de aprendizaje automático a datos de más de 22.500 personas y lograron predecir, con un 84% de precisión, qué códigos postales presentaban tasas más altas de Alzheimer basándose en la complejidad espacial del entorno.

Las personas que vivían en lugares espacialmente complejos —como áreas con redes viales densas, muchas intersecciones, diferentes puntos de interés, hitos urbanos y múltiples opciones de recorrido— presentaban menor probabilidad de desarrollar la enfermedad. Un estudio posterior asoció la complejidad geoespacial del entorno con un mayor volumen de las regiones cerebrales vinculadas a la navegación espacial. Los investigadores plantearon la hipótesis de que construir mapas cognitivos de manera rutinaria ejercita justamente los circuitos neurales atacados primero por el Alzheimer. El uso frecuente de estos sistemas cognitivos podría ayudar a retardar los síntomas de la enfermedad.

Sin embargo, estos estudios analizaron el lugar donde las personas viven, y no el trabajo que desempeñan. Todavía no se sabe si el razonamiento espacial realizado a través de una pantalla activa los mismos circuitos cerebrales involucrados en la navegación en entornos reales.

Protegiendo el cerebro

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Imagen: Goodfon.

Las implicancias de esta posible relación entre razonamiento espacial y protección cerebral van mucho más allá de los cartógrafos y los taxistas.
Diversos estudios ya identificaron una asociación entre profesiones intelectualmente complejas y un declive cognitivo más lento, además de un menor riesgo de demencia, incluso después de considerar factores como el nivel educativo.

El concepto de reserva cognitiva, que describe la capacidad del cerebro de seguir funcionando a pesar de la presencia de una enfermedad, ayuda a explicar por qué dos personas con un grado similar de alteraciones cerebrales pueden presentar niveles muy diferentes de deterioro cognitivo.

Si el pensamiento espacial exigente realmente ayuda a proteger el cerebro, entonces la forma en que las sociedades organizan la educación, la formación profesional e incluso la jubilación pasa a ser también una cuestión de salud cerebral.

La buena noticia es que el razonamiento espacial puede entrenarse, y las oportunidades para ese entrenamiento ya son ampliamente accesibles. La enseñanza de geoprocesamiento, sistemas de información geográfica y sensores remotos está presente en carreras de geografía, ingeniería, salud pública y ciencias ambientales en diversas partes del mundo.

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