Cuando hablamos de conseguir el bienestar en la madurez, una de las rutas avaladas por los especialistas propone combinar el combate a la rutina con la aceptación activa.
Por un lado, tenemos el motor de la estimulación mental y, por el otro, la paz de la estabilidad emocional.
Al utilizar estas dos herramientas en conjunto, sus efectos se potencian, actuando como un escudo frente al deterioro cognitivo y el aislamiento.
Motor cognitivo.
El cerebro humano posee plasticidad neuronal. Se trata de la capacidad de crear nuevas conexiones neuronales a cualquier edad, pero esta habilidad necesita la novedad, a manera de combustible esencial.
Si repetimos los mismos patrones día tras día, el cerebro entra en un modo de piloto automático. Las redes neuronales que no usamos se debilitan cuando no enfrentamos desafíos, pero si incorporamos pequeñas variaciones y rompemos la monotonía obligamos a nuestra mente a adaptarse.
Buscar experiencias nuevas, ya sea un juego de lógica diferente, un libro de un género desconocido o una receta nueva, activa nuestras capacidades de planificación, toma de decisiones y flexibilidad mental. Romper la rutina impacta sobre nuestra motivación y curiosidad, y nos saca de la apatía.
Ancla emocional.
La aceptación activa significa reconocer la realidad de la etapa presente con lucidez y sin pelearnos con ella, para decidir cómo podemos vivir mejor dentro de ese marco. A veces esta idea genera rechazo porque se confunde con resignación, bajar los brazos o asumir una actitud pasiva. Pero es todo lo contrario. Envejecer implica lidiar con ciertos cambios inevitables tales como pérdidas de personas queridas, modificaciones en el ritmo físico o adaptaciones en la velocidad de memoria. Si nos resistimos con enojo a estos cambios derrochamos una cantidad enorme de energía emocional en la frustración.
La aceptación activa elimina el estrés derivado de pensar que todo debería ser como antes. Al soltar la expectativa de rendir o vivir exactamente igual que a los 40 o 50 años, reducimos la ansiedad y abrimos espacio para el disfrute real de nuestras capacidades en el presente.
La sinergia.
Cuando la ruptura con la rutina y la aceptación activa operan en simultáneo, generamos una estrategia integral de bienestar.
La aceptación activa define el territorio mientras el combate a la rutina lo explora. La aceptación nos permite decir: “Mis rodillas ya no me permiten salir a correr”, y la ruptura de la rutina añade: “pero puedo unirme a un grupo de caminata para combinar el ejercicio físico con una instancia social”.
Si intentamos romper la rutina sin aceptación, podemos caer en el error de exigirnos tareas imposibles que solamente nos generarán frustración. Y en otro sentido, si practicamos la aceptación sin romper la rutina, corremos el riesgo de que nos gane el inmovilismo y el aburrimiento.
El rol del cerebro.
Cuando buscamos la novedad, desactivamos el piloto automático, salimos de nuestra zona de confort y se activan algunas habilidades cognitivas que resultan fundamentales. Es importante tener en cuenta también que la aceptación activa —aunque es un proceso emocional— también requiere un esfuerzo cognitivo consciente y maduro para reestructurar la forma en que percibimos nuestra realidad.
Algunas de las destrezas a ejercitar:
• Flexibilidad cognitiva para adaptar nuestra conducta y pensamiento a situaciones cambiantes, novedosas o inesperadas. Es la herramienta que nos permite pasar de un patrón conocido a uno nuevo.
• Planificación y toma de decisiones, responsables de nuestra capacidad para intentar una receta nueva, aprender un juego o cambiar un trayecto trazando una estrategia, previendo resultados y eligiendo la mejor opción en cada caso.
• Atención focalizada y sostenida para gestionar la exigencia de concentración que nos propone un evento novedoso, encontrando intencionalmente aquellos recursos cognitivos necesarios para procesar los nuevos estímulos.
• Memoria de trabajo para manipular información en tiempo real mientras realizamos una tarea novedosa.
• Regulación emocional y control inhibitorio para pausar el impulso inicial de negación frente a cambios o nuevas propuestas y gestionar la emoción para que no nuble el pensamiento.
• Reatribución cognitiva para evaluar una situación y cambiar la perspectiva o el significado que le otorgamos.
• Metacognición para reflexionar sobre nuestros propios pensamientos y reacciones, monitoreando aquellas situaciones en las que nos resistimos en vano a la realidad.
Consejos prácticos.
Te dejo tres consejos prácticos para bajar esta información a la acción: aplica variaciones a tu rutina, reencuadra las limitaciones con alternativas realistas y ejercita tu mente sin la presión de alcanzar el éxito a la primera.
• Elige una actividad que ya realices de forma automática (desayunar, hacer tu caminata diaria o escuchar tu música favorita) e introduce una variación deliberada, pero realista. Estarás aplicando la aceptación activa al mantener la estructura de tu rutina necesaria, pero vas a encender el motor cognitivo al procesar estímulos nuevos.
• Ante un cambio físico o el declive de una habilidad cognitiva, si sientes frustración, escríbelo en un cuaderno dividiéndolo en dos partes exactas: detallando la realidad sin juzgarla y proponiendo una alternativa que te permita sentir que recuperas el control.
• Dedica un momento a la semana a interactuar con un objeto, un juego de mesa de ingenio o una lectura que te resulte completamente ajena y que requiera tu atención plena, sin la presión de tener que dominarlo a la perfección. Estimula directamente la flexibilidad cognitiva y la atención focalizada al romper el piloto automático.
Para tener en cuenta.
El bienestar en la madurez requiere de paz emocional combinada con chispas de vitalidad. El resultado es un cerebro ágil, curioso y conectado con el presente, lo que puede resumirse como un cerebro saludable.
Nuestras capacidades cognitivas bien ejercitadas y trabajando en equipo aseguran un presente de autonomía y nuevos proyectos, sin importar a qué edad tomemos la decisión de abrazar estos hábitos.
Desafíos:
1. Encuentra las palabras que responden a las siguientes pistas. Todas comienzan con la combinación PRi y tienen ocho letras.
· Primigenio.
· Untado.
· Alteza.
· Superioridad.
· Novedad.
2. Encuentra cinco nombres de varón escondidos en este texto. Pueden estar compuestos por palabras contiguas o partes de ellas.
“Deberías amortiguar tu rotundo discurso. Dices arcaicas frases, pero el mundo sabe la verdad y todos escuchan el sonoro clamor: es mejor generar armonía.”
3. A - A – C – E – i – L - M
Utiliza estas letras para formar dos palabras de siete letras.
Respuestas:
1. Primario. Pringado. Príncipe. Primacía. Primicia.
2. Arturo. César. Abel. Nelson. Jorge.
3. Acémila. Camelia.