Hay personas que dicen "gracias" casi automáticamente. Agradecen cuando alguien les sostiene una puerta, les alcanza un objeto o les hace un pequeño favor. Aunque muchas veces ese comportamiento se atribuye simplemente a la buena educación, la psicología sostiene que la gratitud frecuente también refleja características de la personalidad y puede estar asociada con un mayor bienestar emocional.
En las últimas décadas, la gratitud se convirtió en uno de los temas más estudiados por la psicología positiva. Más que una fórmula de cortesía, los especialistas la consideran una fortaleza personal que ayuda a valorar tanto los gestos de los demás como los aspectos positivos de la vida cotidiana.
La palabra "gratitud" proviene del latín gratus, que significa "agradable" o "placentero", una etimología que refleja el vínculo entre agradecer y experimentar emociones positivas. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, la gratitud va mucho más allá de pronunciar esa palabra. Implica reconocer de forma genuina el esfuerzo, la ayuda o la generosidad de otras personas y valorar aquello que se recibe.
Según la psicología positiva, quienes desarrollan este hábito suelen concentrarse menos en lo que les falta y más en aquello que ya tienen, ya sean vínculos, oportunidades o experiencias positivas.
Los especialistas señalan que practicar la gratitud de manera habitual suele relacionarse con determinadas fortalezas psicológicas. Entre ellas destacan:
- Una actitud más optimista frente a las dificultades.
- Mayor resiliencia para afrontar momentos complejos.
- Humildad y capacidad para reconocer el aporte de los demás.
- Relaciones sociales más cálidas y basadas en la empatía y la reciprocidad.
Diversas investigaciones respaldan estos beneficios: uno de los estudios más conocidos fue realizado por los psicólogos Robert Emmons, de la Universidad de California en Davis, y Michael McCullough, de la Universidad de Miami. Sus investigaciones mostraron que quienes practicaban ejercicios de gratitud de forma regular informaban un mayor bienestar general, menos molestias físicas y un mejor desempeño en sus actividades diarias.
Otros trabajos también encontraron asociaciones entre la gratitud y distintos indicadores de salud mental. Por ejemplo, una investigación realizada con personas que padecían enfermedades neuromusculares observó que quienes expresaban gratitud con mayor frecuencia se despertaban sintiéndose más descansados, optimistas y conectados con otras personas.
A su vez, estudios desarrollados en China encontraron que niveles elevados de gratitud se relacionaban con una mejor calidad del sueño y con menores síntomas de ansiedad y depresión. En una línea similar, investigadores de la Universidad George Mason analizaron a veteranos de la guerra de Vietnam y observaron que aquellos con mayores niveles de gratitud presentaban menos síntomas de estrés postraumático y una mayor capacidad de resiliencia.
Algunas investigaciones realizadas por el Centro de Investigación de Conciencia de la Atención Integral de la UCLA sugieren que experimentar gratitud puede favorecer cambios positivos en el funcionamiento del sistema nervioso.
Aunque todavía se necesitan más estudios para comprender todos los mecanismos involucrados, la evidencia disponible indica que cultivar este hábito no solo mejora la forma en que las personas se relacionan con los demás, sino que también puede contribuir al bienestar psicológico y emocional.
Con base en La Nación/GDA