¿Qué querés ser cuando ya no te necesiten? De Bill Gates a Freud: IA, salud mental y futuro laboral

En medio del auge de la inteligencia artificial, no solo están en juego puestos de trabajo y sueldos, sino también identidades, certezas y futuros posibles.

Mujer enfrentada a un robot o representación de la inteligencia artificial.
Mujer enfrentada a un robot o representación de la inteligencia artificial.
Foto: Magnific/IA.

“No estudies sistemas, ya no te necesitamos”, dijo Mario Pergolini. Hoy cualquiera le pide a una inteligencia artificial que arme una aplicación. Hace cuatro años, el mismo Pergolini recomendaba estudiar sistemas. La carrera dura cinco.

Bill Gates escribió en 2023 que la IA le producía la misma emoción que la computadora personal e internet. La semana pasada publicó un ensayo de casi seis mil palabras donde anuncia que la transición será uno de los períodos más turbulentos de la historia humana. En el video que lo acompaña fue más lejos: “No hay ni siquiera un plan para tener un plan”. Así de rápido va esto.

Según el Digital Economy Lab de Stanford, el empleo de los jóvenes de 22 a 25 años en las ocupaciones más expuestas a la IA está un 19% por debajo de lo esperable. Hace un año la brecha era del 15%. Las empresas conservan a los que ya tenían y dejan de tomar nuevos.

La revolución industrial tardó generaciones en mover a la gente del campo a la fábrica. Esta, según Gates, hará lo suyo en una década. Las máquinas anteriores reemplazaban músculo y rutina, y el refugio de los desplazados era el trabajo con la cabeza. La de ahora viene por el trabajo con la cabeza.

En Uruguay, según PwC, el 55% de los CEO espera necesitar menos empleados júnior en tres años. Advice midió que en 2025 la demanda cayó 27% en call centers y 25% en diseño de software. Una encuesta de Equipos encontró que el 49% de los uruguayos nunca usó IA. Los directorios ya planifican con algo que la mitad del país no probó.

Inteligencia artificial
Personas trabajan con inteligencia artificial.
Foto: Magnific.

Si la IA resuelve más rápido y más barato lo que hacía un júnior, desaparece el escalón entre el estudiante y el profesional. Se pide experiencia para el primer empleo y se destruye el único lugar donde se conseguía.

La propuesta más comentada del ensayo de Gates es un impuesto a los robots y a los tokens de IA. Hoy, contratar a una persona paga cargas sociales y comprar un robot se deduce como inversión. La más rara es otra. Gates propone empleos reservados para humanos, trabajos que la IA podría hacer y que como sociedad decidimos dejarle a la gente. El nombre hace pensar en una reserva natural, y una reserva se declara cuando lo que vive adentro ya no sobrevive fuera. El humano como especie protegida. Antes de ChatGPT hubiera sonado a ciencia ficción.

Todo esto se discute como empleo, pero el trabajo es más que un sueldo. La segunda pregunta que le hacemos a alguien después del nombre es a qué se dedica. En El malestar en la cultura (1930), Freud sostenía que ninguna otra técnica de vida ata al individuo a la realidad con tanta fuerza como el trabajo. Cuando este cambia de forma, se mueve el lugar desde el que uno se nombra.

Hay algo más que el trabajo da y no figura en ninguna encuesta: un futuro. Cuando falta, queda el hueco de lo posible. El filósofo Kierkegaard lo llamó “el vértigo de la libertad”, el momento en que uno se asoma a lo que podría ser y no encuentra piso. La ansiedad vive de ese vacío. Lo llena de listas y escenarios para no tener que sentirlo.

Capacitación en inteligencia artificial (IA)
Capacitación en inteligencia artificial.
Foto: Canva.

Hasta no hace mucho un empleo duraba toda la vida. Se entraba a los 20 a una empresa, al Estado o a una fábrica y se salía jubilado. Gris y todo, dibujaba un horizonte. Uno sabía qué pasaría mañana, y ese saber tapaba la angustia y la necesidad de controlar. Si la flexibilización laboral volvió incierto el puesto de trabajo y ya nada es a largo plazo, entonces la IA vuelve incierto al trabajo como concepto.

Los que pasamos los 30 vimos a nuestros padres sacrificarse —la palabra es de ellos— toda la vida. Hoy la jubilación no les alcanza. También vimos a algunos, pese al compromiso, quedar en la calle. Se cayó la promesa que venía atada al contrato, ese “mañana estará mejor” que ya nadie se anima a firmar.

De chicos nos preguntaban qué queríamos ser de grandes y contestábamos con un oficio, como si ser y hacer fueran lo mismo. Gates dice que no hay un plan para tener un plan, y habla de gobiernos. A escala de cada uno tampoco lo hay. Lo llevará mejor el que tenga alguna respuesta a quién es cuando lo que hace deje de nombrarlo, y espalda para un mañana que no firma nada. Conviene contestar antes de que la pregunta la haga el mercado: ese día, ya tendrá las respuestas a la venta.

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