Hay algo que el teléfono consigue hacer incluso cuando no lo estamos mirando: competir por nuestra atención. Cada notificación, cada mensaje y cada contenido que aparece en pantalla forma parte de un entorno diseñado para conseguir que volvamos una y otra vez. Para el psicólogo social Jonathan Haidt, esa dinámica está teniendo consecuencias que van mucho más allá del tiempo que pasamos frente a una pantalla.
Haidt, profesor de la Universidad de Nueva York y autor de The Anxious Generation, estudia cómo el entorno, las relaciones y las nuevas tecnologías influyen en el comportamiento y el bienestar. En una conferencia para BBVA Aprendemos Juntos, puso el foco especialmente en niños y adolescentes y planteó una preocupación: la vida de las nuevas generaciones se está desplazando cada vez más hacia entornos digitales, mientras algunas experiencias fundamentales de la infancia —el juego libre, la interacción cara a cara y la autonomía en el mundo real— pierden espacio. Pero hay un elemento que, para Haidt, atraviesa todos esos cambios: la atención.
“Tu atención es lo más valioso que tenés”, afirmó durante la conferencia. Para explicar por qué, recurrió a una comparación con el funcionamiento de las grandes plataformas digitales. “Lo sé porque Meta tiene un valor de 1,4 billones de dólares. ¿De dónde sacan ese dinero? Absorbiendo nuestra atención y vendiéndosela a anunciantes”, señaló.
La lógica es sencilla: cuanto más tiempo permanece una persona dentro de una plataforma, más oportunidades existen para mostrarle contenidos y publicidad. El problema, según Haidt, es que ese modelo de negocio entra en tensión con nuestra capacidad para decidir voluntariamente dónde ponemos la atención.
Por eso propuso un ejercicio concreto a quienes lo escuchaban: pensar en una aplicación del teléfono que utilizan demasiado y que desearían mirar menos. Su recomendación fue eliminarla o, si no es posible, esconderla para que acceder a ella requiera un esfuerzo adicional.
La idea detrás del gesto es recuperar una pequeña cuota de control. Si una aplicación está diseñada para que resulte muy fácil abrirla cada vez que aparece un momento de aburrimiento, espera o incomodidad, introducir una dificultad puede romper el automatismo.
Para Haidt, las consecuencias de esta pérdida de control se hacen visibles también fuera de las pantallas. Durante la conferencia señaló que los jóvenes pueden llegar a mirar el teléfono mientras otra persona está hablando, tener dificultades para concentrarse o intentar hacer varias cosas simultáneamente.
“Todos nos esforzamos mucho por mejorar la educación”, sostuvo Haidt, pero advirtió que, según su lectura de los datos de Estados Unidos, décadas de avances educativos se habrían perdido hasta regresar a niveles similares a los de 1970. El psicólogo conecta esa situación con la dificultad creciente para sostener la atención. Si aprender requiere permanecer durante un tiempo suficientemente prolongado frente a un problema, un texto o una explicación, una atención permanentemente interrumpida puede convertirse en un obstáculo.
Las preocupaciones de Haidt no se limitan a la atención. En The Anxious Generation, publicado en 2024, sostiene que la infancia contemporánea atravesó una transformación profunda: mientras el juego y la interacción presencial fueron perdiendo espacio, los teléfonos inteligentes y las redes sociales ocuparon cada vez más lugar. El psicólogo defiende por eso algunas medidas concretas: escuelas sin teléfonos, más oportunidades para el juego libre y mayor autonomía de los niños en el mundo real.
La propuesta no consiste simplemente en quitar dispositivos. Se trata de recuperar experiencias que las pantallas no pueden reemplazar: negociar con otros niños, aburrirse, resolver conflictos, explorar, asumir pequeños riesgos y aprender a desenvolverse sin la supervisión constante de un adulto. Para Haidt, esas experiencias también forman parte del desarrollo de la autonomía.
Detrás de la discusión sobre pantallas, redes sociales e inteligencia artificial hay una pregunta más profunda: ¿Quién decide qué hacemos con nuestra atención? Para Haidt, la respuesta importa porque la atención no solo determina qué vemos en una pantalla. También determina qué aprendemos, qué relaciones construimos, qué problemas somos capaces de resolver y en qué decidimos invertir nuestro tiempo.
“Si no tenés el control de tu atención, no podrás hacer gran cosa en esta vida”, concluyó.