Ni grandes promesas ni citas lujosas: los 12 hábitos sencillos que protegen a un matrimonio del divorcio

Hábitos para cuidar una relación de pareja y fortalecer el vínculo según una experta: cómo evitar crisis de pareja y mejorar la comunicación con pequeños gestos diarios según terapeuta.

Pareja flores
Pareja enamorada se mira.
Foto: Freepik.

Una relación de pareja no se sostiene solamente con grandes declaraciones de amor ni con momentos especiales. Buena parte de la conexión se construye en escenas mucho más pequeñas: cómo se saluda al otro al llegar a casa, qué ocurre después de una discusión, cómo se reparten las tareas o si existe un espacio para hablar de lo que cada uno necesita.

Para Melissa Divaris Thompson, terapeuta matrimonial y familiar, esos comportamientos cotidianos pueden ayudar a fortalecer una relación. En una entrevista publicada por The Telegraph, compartió una serie de recomendaciones que apuntan menos a buscar una pareja perfecta que a prestar atención a la manera en que dos personas se vinculan todos los días.

No se trata de seguir una lista de reglas ni de garantizar que una relación nunca atraviese una crisis. Son, más bien, pequeñas prácticas que pueden favorecer la cercanía y evitar que la rutina, el cansancio o los conflictos terminen ocupando todo el espacio.

  1. No convertir los saludos en un trámite. Llegar a casa y pasar de largo, salir sin despedirse o intercambiar un “hola” mientras se mira el celular puede convertir momentos cotidianos en simples automatismos. Prestar atención al otro, mirarlo, darle un beso o un abrazo son gestos pequeños, pero pueden funcionar como una forma de reconocer su presencia y mantener cierta conexión a lo largo del día.
  2. Crear pequeños rituales de afecto. Un mensaje durante la jornada, una caricia al pasar, un abrazo antes de dormir o una costumbre compartida pueden convertirse en rituales propios de la pareja. No necesitan ser gestos grandes. Su valor está precisamente en la repetición: recuerdan que, incluso en medio de las obligaciones, existe un espacio reservado para el vínculo.
  3. Saber reparar después de una discusión. Discutir no necesariamente significa que una relación esté en problemas. Lo importante también es qué ocurre después. Reconocer un error, pedir disculpas, acercarse nuevamente o retomar una conversación cuando las emociones bajaron puede ayudar a reconstruir la conexión después de un conflicto.
  4. No usar la separación como amenaza. Hablar de divorcio o separación en medio de una pelea puede aumentar la inseguridad y hacer que el conflicto deje de centrarse en el problema concreto. Resolver un conflicto no significa negar que las relaciones pueden atravesar dificultades, sino evitar utilizar el futuro de la pareja como una herramienta para ganar una discusión.
  5. Prestar atención al tono. Los gritos, los insultos y los ataques personales pueden hacer que una conversación sobre un problema termine convirtiéndose en otro problema. Hablar con firmeza no implica necesariamente hacerlo de manera agresiva. Un tono respetuoso permite expresar enojo, frustración o desacuerdo sin convertir al otro en el enemigo.
  6. No perder la amistad. Una pareja necesita algo más que romance. También necesita momentos de disfrute compartido. Conversar sobre temas que no sean las obligaciones de la casa, reírse juntos, hacer planes o simplemente disfrutar de la compañía del otro ayuda a conservar una dimensión de amistad y complicidad que puede quedar relegada cuando la rutina se vuelve demasiado intensa.
  7. Preguntarse cómo está la relación. Preguntarse de vez en cuando cómo se sienten, si hay algo que necesitan cambiar o si existe alguna preocupación que no se está conversando puede ayudar a detectar dificultades antes de que se acumulen.
  8. Enfrentar los problemas del mismo lado. Cuando aparece una dificultad, es fácil que dos personas que forman una pareja terminen enfrentándose entre sí.
  9. Antes de aconsejar, preguntar qué necesita el otro. Una pregunta tan sencilla como “¿querés que te escuche o querés que pensemos una solución?” puede evitar malentendidos y ayudar a entender qué espera el otro de esa conversación.
  10. Repartir las responsabilidades cotidianas. La organización de una casa implica mucho más que lavar los platos o sacar la basura. También incluye recordar turnos, hacer compras, organizar horarios, cuidar a los hijos y estar pendiente de las necesidades de la familia. Cuando esa carga recae de manera sostenida sobre una sola persona, puede generar cansancio y resentimiento.
  11. Mantener el contacto físico. Tomarse de la mano, abrazarse, acariciarse o buscar momentos de intimidad puede ayudar a mantener una conexión que fácilmente queda relegada cuando el cansancio y las obligaciones ocupan la mayor parte del día.
  12. Cuidar la forma incluso cuando hay desacuerdo. Elegir las palabras, evitar humillar al otro y expresar una molestia sin convertirla en un ataque personal puede cambiar por completo el desarrollo de una conversación difícil.
Pareja feliz en primavera
Pareja feliz en primavera.
Foto: Magnific.

Estos hábitos no garantizan que una pareja nunca tenga problemas ni pueden hacer que un matrimonio sea “inmune” al divorcio. Las relaciones atraviesan circunstancias, cambios y conflictos que no pueden resolverse siguiendo una lista de recomendaciones. Pero sí pueden servir para prestar atención a algo que muchas veces queda en segundo plano: la relación también se construye en los pequeños momentos.

Un saludo atento, una conversación pendiente, una disculpa después de una pelea, una tarea compartida o un abrazo pueden parecer gestos mínimos cuando se los observa de manera aislada. Repetidos a lo largo del tiempo, forman parte de la manera en que dos personas se cuidan, se escuchan y permanecen conectadas.

Con base en El Tiempo/GDA

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