Redacción El País
Los abrazos no solo reconfortan en lo emocional: también tienen efectos concretos sobre la salud mental y física. Investigaciones en psicología y neurociencia coinciden en que el contacto afectivo cumple un rol clave en la regulación del estrés y en la sensación de bienestar general.
Un estudio realizado por psicólogos estadounidenses y publicado en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health señala que gestos como los abrazos funcionan como señales de seguridad social, capaces de modular los sistemas neuroendocrinos asociados al estrés. Según los investigadores, el afecto físico contribuye a reducir la activación basal del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, uno de los principales responsables de la respuesta fisiológica al estrés.
Estas conclusiones se apoyan en teorías contemporáneas como la Generalized Unsafety Theory of Stress y la Social Baseline Theory, que sostienen que la presencia de vínculos cercanos y contacto afectivo permite al organismo operar en un estado de menor alerta permanente, disminuyendo la carga fisiológica que genera el estrés cotidiano.
El valor evolutivo del contacto físico
El psicólogo evolutivo Robin Dunbar, autor de El cerebro social, explica que el contacto físico es una de las formas más antiguas de crear y sostener vínculos. Los seres humanos no son los únicos que abrazan: conductas similares se observan también en primates, donde el contacto cumple una función social fundamental.
Según Dunbar, el contacto físico activa un sistema neuronal especializado presente en la piel, sensible a caricias suaves y lentas. Este tipo de estimulación desencadena la liberación de endorfinas en el cerebro, sustancias asociadas con la calma, la relajación y el bienestar emocional. Ese mecanismo ayuda a fortalecer los lazos sociales y a generar una sensación de seguridad compartida.
Aunque el efecto placentero de un abrazo es algo que muchas personas reconocen de forma intuitiva, sus beneficios van más allá de lo emocional. El neurocientífico social Michael Banissy, autor de When We Touch, señala que el contacto físico puede influir positivamente en la salud y en la forma en que el cuerpo responde a situaciones de tensión.
¿Cuánto debe durar un abrazo para que sea beneficioso?
La ciencia también se ha preguntado cuánto tiempo debe durar un abrazo para que tenga un impacto positivo. Un estudio publicado en 2023 en la revista Behavioral Medicine analizó la respuesta fisiológica de personas sometidas a situaciones de estrés luego de recibir contacto afectivo previo.
En el experimento, un grupo de participantes pasó varios minutos tomándose de las manos y luego compartió un abrazo de 20 segundos con su pareja antes de enfrentar una situación estresante. Los resultados mostraron que quienes habían recibido contacto físico presentaron menores aumentos de presión arterial y frecuencia cardíaca en comparación con quienes no tuvieron ese contacto.
Otras investigaciones lideradas por Banissy analizaron la percepción de placer y cercanía emocional en abrazos de distinta duración. Los resultados indicaron que los abrazos muy breves suelen percibirse como menos satisfactorios, mientras que los excesivamente largos pueden generar incomodidad. El rango óptimo, según los especialistas, parece ubicarse entre cinco y diez segundos, tiempo suficiente para generar conexión emocional sin invadir el espacio personal.
En un contexto marcado por el estrés y la sobreestimulación, los abrazos aparecen como un gesto simple, accesible y profundamente humano, capaz de aportar beneficios reales tanto al cuerpo como a la mente.
En base a El Tiempo/GDA
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