Que a una persona le gusten mucho los perros puede decir más de lo que parece. Si bien convivir con una mascota es algo habitual en millones de hogares alrededor del mundo, para muchas personas el vínculo con su perro va mucho más allá de la compañía: las mascotas son consideradas parte de la familia y ocupan un lugar importante en la vida cotidiana. Pero, ¿qué dice la psicología sobre las personas que aman a los perros?
La psicóloga y adiestradora canina Vanessa Carral decidió estudiar ese vínculo emocional entre las personas y sus mascotas. En una investigación publicada en Society & Animals Journal, analizó las razones detrás de ese sentimiento y sostuvo que la relación con los animales puede responder a una búsqueda de amor incondicional.
Según la especialista, los perros ofrecen precisamente una de las características más valoradas por quienes establecen un fuerte vínculo con ellos: la incondicionalidad. Las mascotas permanecen junto a sus dueños independientemente de las circunstancias, ya sea que estén atravesando un momento de tristeza, enojo, éxito o fracaso.
Por eso, amar a un perro no significa ser antisocial, como muchas veces se cree. Por el contrario, se trata de un comportamiento completamente normal que puede estar asociado a distintos rasgos de personalidad y a los beneficios emocionales que genera la convivencia con un animal.
Entre esos beneficios se encuentra la posibilidad de sentirse acompañado, necesitado y amado, algo que puede contribuir a reducir la sensación de soledad. La presencia cotidiana de una mascota también puede favorecer un vínculo afectivo estable y brindar compañía en diferentes momentos de la vida.
¿Cómo son las personas que aman a los perros?
La relación entre la personalidad y la preferencia por determinados animales también fue analizada por investigadores de la Universidad de Florida, la Universidad Carroll y la Universidad Marquette.
El estudio encontró que las personas que aman a los perros suelen presentar características asociadas con una personalidad extrovertida y sociable. Tienden a disfrutar de la interacción con otras personas, mostrar calidez y expresar sus emociones con mayor facilidad.
Además, los investigadores observaron otros rasgos que aparecen con frecuencia entre los amantes de los perros. Entre ellos se encuentran una mayor conciencia de las normas sociales, el pragmatismo y cierta tendencia a mantener el orden en la vida cotidiana. También aparecen características como la paciencia, la tolerancia, el afecto y la sensibilidad, además de una mayor inclinación hacia las actividades al aire libre.
Cuando el amor por los perros deja de ser saludable
Vanessa Carral Portilla es licenciada en Psicología por la UNED de Madrid y máster en Psicología General Sanitaria. En 2009 fundó junto con su socia Doctor Animal, una entidad especializada en Intervenciones Asistidas con Animales.
Desde su experiencia, la especialista considera que el amor por los animales puede ser muy saludable siempre que se mantenga dentro de límites adecuados y positivos. El problema aparece cuando ese vínculo adquiere características que afectan el bienestar de la persona o de la propia mascota.
En esos casos, advierte, ya no se estaría hablando simplemente de amor. Cuando el vínculo se transforma en una conducta patológica u obsesiva, puede convertirse en una obsesión por las mascotas y requerir una mirada diferente desde la psicología.
En definitiva, tener un fuerte vínculo con un perro no es necesariamente una señal de aislamiento o de dificultad para relacionarse. Para muchas personas, la convivencia con una mascota representa una fuente de compañía, afecto y bienestar emocional, además de un vínculo basado en la confianza y el amor incondicional.