Durante mucho tiempo, hablar de juguetes sexuales fue hablar exclusivamente de placer, erotismo o diversión. Sin embargo, después de años trabajando en educación sexual y acompañando a personas que llegan con dudas, dificultades, miedos o cambios, aprendí que muchos de estos dispositivos pueden funcionar como una herramienta complementaria dentro de la salud sexual.
Si bien es cierto que muchas personas llegan simplemente para explorar su placer (y está perfecto), hay otras que vienen derivadas por profesionales, y que tuvieron que atravesar enfermedades, cirugías, dificultades de erección, dolores en la menopausia, problemas de suelo pélvico o largos períodos de desconexión con su cuerpo.
Entonces, entendí que no son solo juguetes. Hablamos de recuperar una función particular, volver a sentir o recuperar confianza en un cuerpo que después de una enfermedad, cirugía o dificultad sexual comenzó a sentirse ajeno.
Esto no significa que un juguete sexual reemplace una consulta médica, sexológica, psicológica o kinésica. Tampoco que exista un dispositivo capaz de curar por sí solo una disfunción sexual. Pero es importante destacar que los juguetes sexuales, cuando son utilizados con una indicación adecuada y dentro de un abordaje integral, pueden colaborar en el marco de un proceso terapéutico.
Volver a confiar en el cuerpo
Uno de los casos que más recuerdo es el de una mujer joven que había atravesado un cáncer de cuello uterino y posteriormente una cirugía ginecológica importante. Después del tratamiento, pasó aproximadamente un año sin tener intimidad, ni con una pareja ni consigo misma. Cuando quiso retomar su vida sexual, aparecieron dolores, miedos y una gran dificultad en la penetración. El cuerpo había empezado a asociar esa experiencia con una amenaza.
Dentro del acompañamiento profesional comenzó a trabajar progresivamente con dilatadores vaginales de diferentes tamaños y lubricación adecuada. No se trataba simplemente de “lograr una penetración”. El verdadero objetivo era volver a construir seguridad corporal, disminuir el miedo y recuperar gradualmente sensaciones que habían quedado atravesadas por una experiencia médica muy difícil. Con tiempo, acompañamiento y progresión pudo volver a disfrutar de su sexualidad sin dolor.
Los dilatadores vaginales pueden utilizarse en casos donde la penetración provoca dolor o hay dificultad, como también pueden formar parte de un proceso de rehabilitación luego de tratamientos ginecológicos u oncológicos. Pero nunca se recomiendan ser utilizados con uso terapéutico sin la adecuada consulta profesional. Porque detrás de una dificultad sexual puede existir dolor físico, miedo, ansiedad, experiencias traumáticas o cambios en la percepción del propio cuerpo.
Aprender a sentir también puede ser terapéutico
Frente a las consultas que indican que con la llegada de la maternidad se sienten “desconectadas” del placer y del cuerpo o que con la menopausia sienten “mucho menos”, los vibradores son una buena alternativa. También para aquellas mujeres que manifiestan que nunca sintieron un orgasmo. En esos casos, un vibrador puede convertirse en una herramienta de exploración sensorial.
La vibración genital ofrece una estimulación intensa y constante que, en algunas personas, facilita el reconocimiento de sensaciones, la excitación y la respuesta. Lo más interesante es el recorrido que proporciona antes, durante y en los segundos posteriores al orgasmo.
La curiosidad por el propio cuerpo es vital para ampliar los horizontes del placer. Explorar sin exigencia, descubrir qué intensidad resulta más agradable, identificar dónde aparece una sensación placentera. Y, sobre todo, dejar de vivir la sexualidad como una evaluación que hay que aprobar.
Cuando la dificultad eréctil no es solamente física
Un hombre de unos 40 años atravesado por estrés laboral llegó a consulta con una dificultad puntual: no podía mantener la erección. Cuando esto ocurre, muchas veces también comienza el problema de la anticipación y el miedo de que vuelva a ocurrir, generando más ansiedad y dificultad.
Probamos con una bomba de vacío como herramienta complementaria a un tratamiento psicológico, donde trabajó en factores emocionales relacionados con el estrés y la ansiedad de desempeño. El dispositivo permitió recuperar una respuesta física y, al mismo tiempo, disminuir progresivamente la presión alrededor del encuentro sexual.
Las bombas de vacío generan presión negativa alrededor del pene, favoreciendo la llegada de sangre y permitiendo conseguir una erección. Actualmente, forman parte de las alternativas utilizadas para determinados casos de disfunción eréctil. Como mencioné antes, la herramienta puede ayudar a resolver una parte del problema. Si la dificultad está atravesada por estrés, ansiedad, factores hormonales, vasculares, medicamentos o conflictos vinculares, también necesita una evaluación profesional.
Suelo pélvico: no todas las personas necesitan fortalecer
Muchas mujeres llegan preguntando sobre las llamadas bolas Kegel para fortalecer el suelo pélvico. Si bien no todos los suelos pélvicos necesitan fortalecimiento, luego de la evaluación correspondiente acompañé casos donde determinados pesos y ejercicios funcionaban muy bien como parte de una rehabilitación.
Pero también existen personas con exceso de tensión muscular o hipertonía, para quienes realizar contracciones indiscriminadamente podría no ser lo adecuado. Por eso siempre insisto en la derivación. Cuando un juguete o dispositivo comienza a utilizarse con un objetivo terapéutico, deja de importar solamente cuál es “el mejor producto”. Lo importante es entender qué necesita ese cuerpo.
Sexualidad y discapacidad: la autonomía también importa
Los juguetes a control remoto, con aplicaciones o sistemas que permiten manejarlos sin sostenerlos permanentemente, abrieron posibilidades interesantes para personas con movilidad reducida o discapacidades. En estos casos, no hablamos únicamente de placer, sino también de autonomía y de poder explorar el propio cuerpo sin depender necesariamente de otra persona.
Lo anterior forma parte de algo mucho más amplio: el derecho a una sexualidad accesible. Durante mucho tiempo, las personas con discapacidad fueron prácticamente excluidas de las conversaciones sobre deseo y placer, como si la sexualidad desapareciera frente a una limitación física. Hoy sabemos que la salud sexual debe contemplar todos los cuerpos.
Qué dice la ciencia sobre los dispositivos sexuales
La investigación científica sobre dispositivos sexuales ha aumentado durante los últimos años, aunque no todos cuentan con el mismo nivel de evidencia. Existen estudios sobre vibración genital y función sexual, sobre dispositivos de vacío para la disfunción eréctil y sobre utilización de dilatadores dentro de determinados procesos de rehabilitación.
En otros productos todavía necesitamos investigaciones de mayor calidad y seguimiento a largo plazo. Por eso, es importante evitar los extremos: un juguete sexual no responde únicamente al uso recreativo, pero tampoco debe ser el encargado de brindar una solución médica para cualquier dificultad. La clave está en la indicación adecuada, la información y el acompañamiento profesional cuando corresponde.