Este hábito simple mejora tu felicidad, baja el estrés y también potencia tu rendimiento en el trabajo

Mantener el orden en el hogar tiene un impacto directo en la salud mental, el bienestar general y hasta en la productividad. La ciencia lo confirma.

Ordenar.jpg
Mujer ordena su casa.
Foto: Freepik.

Redacción El País
Alcanzar el bienestar, esa sensación de equilibrio que tanto buscamos, no depende de fórmulas mágicas ni promesas vacías. Aunque muchos intenten vender recetas infalibles para alcanzar la felicidad, lo cierto es que la ciencia demuestra que no hay un único camino. Lo que sí existen son hábitos sencillos que pueden mejorar nuestro estado de ánimo y, por ende, nuestra calidad de vida. Uno de ellos comienza por algo tan cotidiano como mantener el orden en casa.

Orden en el hogar: más que una cuestión estética

La conexión entre un ambiente ordenado y un estado emocional más equilibrado no es nueva, pero en los últimos años ha cobrado fuerza con respaldo científico. Un estudio impulsado por el Consejo General de la Psicología, la Psicofundación e IKEA —bajo el nombre “Hogares con Psicología”— dejó en claro que el orden en casa tiene una relación directa con el bienestar personal.

Según este trabajo, basta con gestos básicos como hacer la cama, ordenar la cocina o guardar lo que usamos a diario para generar un efecto positivo en nuestra mente. No se trata de una exigencia perfeccionista, sino de un hábito que, sostenido en el tiempo, actúa como un ancla emocional.

Un dato interesante: el 21 % de las personas siente frustración cuando no encuentra un lugar específico para guardar sus cosas. Esto revela que el desorden no es solo visual: impacta de lleno en nuestras emociones.

Una mente ordenada se apoya en un entorno ordenado

La psicóloga Danielle Roeske plantea que el entorno físico puede funcionar como contención emocional. Cuando el exterior está en orden, nos sentimos más capaces de manejar lo que pasa en nuestro mundo interno. En cambio, el desorden se asocia con sensaciones de agobio, postergación crónica (eso que llamamos “procrastinación”) y una menor calidad de vida.

A esto se suma lo que plantea la especialista Catherine Roster: el caos doméstico puede minar la autoestima, hacernos sentir inseguros en nuestro propio hogar y deteriorar el disfrute de los espacios que deberían reconfortarnos.

Ordenar.jpg
No hay que intentar hacer toda la casa de una vez.
Foto: Freepik.

Más orden, menos estrés y más productividad

Pero la cosa no termina ahí. Vivir en un entorno caótico también se refleja en el cuerpo: investigaciones muestran que las personas que habitan espacios desordenados presentan niveles más altos de cortisol, la hormona del estrés. Es decir, el desorden cotidiano no solo abruma mentalmente, sino que también afecta físicamente.

Por el contrario, quienes logran mantener cierto control sobre su ambiente suelen sentirse más seguros, relajados y con mayor claridad mental. Este estado favorece la productividad, tanto en tareas del hogar como en el ámbito laboral, incluso si trabajamos desde casa.

Pequeños cambios, grandes resultados

No hace falta hacer una limpieza profunda cada semana ni obsesionarse con tener todo impecable. La clave está en incorporar el orden como parte de la rutina diaria, de forma amable y realista. Hacer la cama, dejar la cocina recogida o asignar un lugar para cada objeto pueden parecer detalles menores, pero tienen un impacto directo en cómo nos sentimos.

En definitiva, no se trata solo de tener la casa linda: se trata de cuidar el espacio que habitamos para que también cuide de nosotros. El orden, más que una imposición, puede ser un acto cotidiano de bienestar.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar