El denominado síndrome de Fortunata es un patrón psicológico que puede presentarse tanto en hombres como en mujeres y que se caracteriza por desarrollar una intensa dependencia emocional hacia personas que ya están casadas, comprometidas o mantienen una relación de pareja.
El eje de este fenómeno no es el triángulo amoroso en sí, sino la dinámica psíquica que lleva a algunas personas a amar desde la ausencia y la imposibilidad. “Fortunata no solo ama a un hombre casado; también sostiene una espera y una ilusión romántica mientras permanece invisibilizada”, explica la especialista.
Para la profesional, uno de los factores que alimenta este tipo de vínculos es la fascinación por ocupar el rol de amante. En ese lugar, el vínculo queda asociado al deseo, la fantasía y la idealización, lejos de las responsabilidades y la rutina de una relación estable.
Desde la psicología, se considera que muchas veces estos vínculos no responden únicamente al amor, sino a la búsqueda de validación emocional, reconocimiento o un sentido de exclusividad simbólica.
En este sentido, el reconocido médico Gabor Maté sostiene una idea clave: las personas no suelen repetir aquello que fue placentero, sino aquello que les resulta familiar, aunque haya sido doloroso.
Patrones psicológicos detrás del síndrome de Fortunata
- Vínculos familiares disfuncionales
El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, describía este fenómeno con la frase: “repetir en lugar de recordar”.
Según los especialistas, muchas elecciones amorosas en la adultez representan una reedición de experiencias infantiles marcadas por un amor intermitente, condicionado o inaccesible.
El interés por personas emocionalmente indisponibles puede remitir, de manera inconsciente, a figuras parentales ausentes o poco disponibles afectivamente.
La psicóloga Carina Mitrani señala que, en muchos casos, la persona repite patrones de una infancia en la que no se sintió suficientemente amada por su madre o su padre.
- Autoestima y autoimagen deterioradas
La baja autoestima es otro de los factores que suele aparecer detrás de este patrón.
“La autoestima real implica sentirse merecedor de un lugar pleno en el deseo del otro. Si la persona cree que debe competir o esperar para ser elegida, queda atrapada en el deseo ajeno”, explica Almiroty.
Según Mitrani, la figura del amante busca constantemente comprobar que continúa siendo objeto de deseo y necesita validación permanente. En muchos casos existe un sentimiento de indignidad o la creencia de no merecer una relación más sana y visible.
- Ilusión de control
Otra característica frecuente es la sensación de tener el control del vínculo. El amante puede llegar a creer que es la persona verdaderamente amada y que la pareja oficial vive en el engaño o la ingenuidad. Esta fantasía se sostiene en la esperanza de que, tarde o temprano, la otra persona termine su relación y oficialice el vínculo.
- Competencia afectiva
La necesidad de competir por el amor también suele tener raíces tempranas. Muchas personas buscan, de forma inconsciente, ganar el afecto que sintieron inaccesible durante la infancia, reproduciendo dinámicas en las que debían disputar la atención de sus padres o competir con hermanos. En estos casos, el objetivo principal deja de ser la persona deseada y pasa a ser la necesidad de conquistar aquello que parece imposible.
- Victimización
La psicóloga Carina Mitrani sostiene que el papel de víctima puede generar una forma de recompensa emocional.
La queja constante y el sufrimiento amoroso pueden producir un tipo de satisfacción inconsciente, manteniendo a la persona atrapada en relaciones que la hacen sufrir. Aunque desde afuera parezca únicamente dolor, muchas veces existe un componente de placer oculto que dificulta romper el vínculo.
- Atracción por lo prohibido
Esto también desempeña un papel importante. El psicoanalista Jacques Lacan planteaba que el deseo suele intensificarse cuando el objeto deseado pertenece a otro. Desde la neurociencia, se sabe que las situaciones prohibidas o inciertas pueden aumentar la liberación de neurotransmisores vinculados con la excitación y la recompensa, potenciando la intensidad emocional del vínculo.
¿Se puede superar el síndrome de Fortunata?
Los especialistas coinciden en que el primer paso consiste en evitar los juicios morales y preguntarse qué necesidad emocional se está intentando satisfacer a través de ese tipo de relaciones.
La terapia psicológica puede ayudar a:
- Identificar los patrones que se repiten.
- Comprender el origen de la dependencia emocional.
- Reconocer las necesidades afectivas insatisfechas.
- Construir formas más saludables de vincularse.
“Hacer consciente la estructura es el primer paso para salir de ella”, afirma Almiroty. Por su parte, Mitrani considera que muchas personas solo logran cambiar estas dinámicas después de atravesar una profunda crisis emocional que las lleva a pedir ayuda profesional y a revisar los patrones de desamor, victimización y dependencia afectiva que permanecen arraigados en su historia personal.
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